En tres días vertiginosos hemos asistido a un paso decisivo para reconstruir el sistema financiero español, una preocupación del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo. Todo el viento que llegó a La Moncloa desde la costa este de Estados Unidos -críticas severas pero exactas de analistas- auguraba la necesidad de un golpe de autoridad definitivo.
Historia aparte en este desenlace es el de la personalidad de Rodrigo Rato, expatrón del FMI. El presidente del Gobierno, y su mano derecha, Luis de Guindos, establecieron cortafuegos en torno a Bankia. Sabían que el foco de los problemas estaba localizado, y que llegaba el momento de la pugna entre cuatro protagonistas claves del sector financiero español: Emilio Botín, Francisco González, Isidro Fainé y Rodrigo Rato. La solución de Rajoy y Guindos apuntó al pacto de Fainé y Rato que el expresidente de Bankia no aceptó.
Todo se precipitó cuando Rajoy comprobó en directo en su encuentroi con Mario Draghi en Barcelona que la reforma financiera definitiva era una necesidad inaplazable en el cuarto pilar del euro que es España (junto a Alemania, Francia e Italia). La retirada de Rato -impuesta al final- y el aterrizaje de José Ignacio Goirigolzarri -un excelente gestor, muy meticuloso- desencadenó los acontecimientos. Goirigolzarri puso en pie la petición inmediata al Estado de la conversión en capital de las participaciones preferentes que su matriz, BFA (Banco Financiero y de Ahorros), recibió en la primera fase de la reestructuración. Este paso, en la tarde del miércoles, fue decisivo.
Indudablemente, esta última parte del camino se hizo al filo del precipicio. Abre la puerta -como se notó en la apertura del Ibex en la mañana de este jueves- de una progresiva (y muy esperada) normalización del sector. Y permitirá una mejora del flujo crediticio (que no va a ser inmediata ni sencilla). Pero despejará al fin las dudas hacia la banca española y esto sólo ha podido ser con la decisión de abrir el melón de Bankia de una vez; un paso sobre el que Deloitte arrojó luz en la valoración de Bankia en los libros de BFA.
Luis de Guindos informará a la oposición de este paso trascendental. El ministro de Economía, que trabaja codo a codo con Rajoy y cuenta con todo su apoyo -siendo uno de los tres independientes del Gobierno- ha planteado además el retorno al consenso para los nombramientos de gobernador y subgobernador del Banco de España.
No es cuestión de volver al argumentario manido de la maldita herencia. Pero todo fue una cadena de errores graves, despropósitos políticos y falta de competencia del Banco de España. Fue un error la fusión política de Caja Madrid y Bancaja, peor aún su salida a Bolsa, e igualmente criticable que esta decisión final sobre Bankia se haya ido aplazando en un escenario de gran desconfianza sobre la salud de la banca española. Si hay críticas justificadas a los políticos, el Banco de España quedó en entredicho. Recuperar su prestigio y solvencia es tarea inmediata. Triste y duro final de la Bankia de Rato -como contó Hechos de Hoy- pero acierto de Rajoy al acometer la solución final de una crisis que ha tardado dos años en cerrarse de forma definitiva.