El papa Benedicto XVI afirmó que es “vital” para la persona “tener raíces y bases sólidas”, al contrario de lo que afirma el pensamiento actual, y por ello invitó a los jóvenes a “ahondar en las raíces” y a buscar “puntos estables” que sostengan su vida. Es el mensaje que entregó a los jóvenes que participarán en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. En este mensaje, Benedicto XVI invita a los jóvenes a resistir al pensamiento actual relativista, a no dejar de aspirar a “una vida más grande”, y a buscar en definitiva a Dios mismo.
“La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social”, a pesar de que “el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio”, señala Benedicto XVI. El Papa comenta a los jóvenes que existe “una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza”.
La corriente de un mundo sin Dios
Por ello les invita a “volver a las raíces”. “Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros”, dice el Papa. “El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento”, reflexiona Benedicto XVI.
Por ello anima a los jóvenes a reclamar “el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto”. “¿Cuáles son nuestras raíces? -se pregunta-. Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad”. Sin embargo, invita a los jóvenes a ir “más allá”: “Echar raíces significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad”.
En el contexto actual, afirma Benedicto XVI, “hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él”. Sin embargo, advierte, “la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un ´infierno´, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza”.
“En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva”. Así, les pone en guardia: “Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral”.
“Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe. Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna”. El papa Benedicto XVI concluye el mensaje invitándoles a “dar testimonio de la fe en la era de la globalización”. “Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza”, finaliza el Papa.
Stephen Hawking, en el ojo de la polémica
Su mensaje a los jóvenes es una respuesta, sin citarlo, al científico británico Stephen Hawking quien afirma en su nuevo libro que Dios no existe, y que el big bang que creó el mundo es ni más ni menos que el resultado de la ley de la gravedad. La proclamación de ateísmo de Hawking, de 68 años fue anunciada tan sólo dos semanas antes de la llegada al Reino Unido del papa Benedicto XVI en una visita pastoral rodeada de una enorme polémica.
Por su parte, líderes religiosos anglicanos, católicos, musulmanes y judíos han unido sus fuerzas para criticar a Hawking, cuya negación del papel divino en el origen del mundo hace más daño todavía por tratarse de una revisión de su anterior posición, formulada en Una breve historia del mundo,que consideraba compatibles la visión religiosa y científica.
"Creer en Dios no consiste en cómo taponar un agujero y explicar cómo unas cosas se relacionan con otras en el universo, sino que es la creencia de que hay un agente inteligente y vivo de cuya actividad depende en última instancia todo lo que existe", ha declarado el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, al diario The Times.
En The Grand Design, que ha coescrito con el físico estadounidense Leonard Mlodinow, Hawking aseguró que una nueva serie de teorías torna superfluo pensar en la existencia de un creador del Universo, según el avance que publicó The Times. Hawking, que ganó reconocimiento mundial con su libro de 1988 Una breve historia del tiempo, un relato de los orígenes del Universo, es reputado por su obra sobre los agujeros negros, la cosmología y la gravedad cuántica.
Desde 1974, el científico ha trabajado para ligar las dos piedras angulares de la física moderna: la Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein, relacionada con la gravedad y los fenómenos a gran escala, y la Teoría Cuántica, que cubre las partículas subatómicas. Hawking, que sólo puede hablar a través de un sintetizador de voz conectado a una computadora, tiene una distrofia neuromuscular que ha avanzado en los últimos años y lo ha dejado prácticamente paralizado.
El científico comenzó a sufrir la enfermedad cuando tenía poco más de 20 años pero logró convertirse en una de las autoridades científicas mundiales, y también ha tenido participaciones estelares en Star Trek y en las series animadas Futurama y The Simpsons.