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EL SELLO DE VICENTE RIBAS

Puig de Missa, una colina universal en la isla de Ibiza



Un importante conjunto arquitectónico, en una pequeña colina de Santa Eulalia del Rio, concentra símbolos que la dotan de un especial sentido espiritual. Su párroco, Vicente Ribas, acaba de ser nombrado obispo de Ibiza.



Agustín Alberti / Actualizado 15 octubre 2021

Un diminuto núcleo urbano, en una pequeña colina de un pueblo, Santa Eulalia del Rio, de una de las más pequeñas islas baleares, Ibiza, concentra símbolos que la dotan de un especial sentido espiritual.

He paseado, en solitario algunas veces y degustado con analítica calma, la atracción de una colina, para mis sentidos única, que domina la ibicenca bahía de Santa Eulalia. Por límite el horizonte marítimo del Mediterráneo. Por cúpula ese cielo azul, con algo de cobalto, que frecuentemente sumerge Ibiza en una luz mágica. Es el Puig de Missa que acerca, de forma suave pero firme al que con paciencia contempla su belleza, a la iniciación de sus misterios.



Entorno natural, composición, arquitectura, luz, símbolos religiosos y civiles y un aire de crecimiento orgánico típico de los hábitats que crecen con vida propia al unísono de la vida humana y constituyen ese sistema del Puig de Missa que atrae al espíritu a la búsqueda de su sentido.
 
Las abstractas y a veces abstrusas teorías de análisis de sistemas indican la necesidad de analizar individualmente cada elemento integrante de los mismos y sus relaciones internas. Luego debería venir algún gurú, hábil manipulador de algoritmos, que nos ofreciera una explicación convincente de lo que pasa en el sistema. El por qué pasa es ya asunto algo más metafísico.



El que fue rabino principal de Gran Bretaña, Jonathan Sacks, en su libro La Gran Alianza. Dios y Ciencia en la Búsqueda de Sentido afirmó que el sentido de un sistema solo puede hallarse situándose fuera del mismo. Prácticamente lo mismo, de forma matemática, lo había expresado antes Kurt Gödel en sus teoremas de incompletitud.

No hace falta apoyarse en teorías matemáticas para desentrañar el sentido del sistema formado en el Puig de Missa, preferible es la actitud más humana de Sacks. Y lo que me han mostrado del Puig mis paseos en solitario con mi máquina de fotos es la espiritualidad que se respira en ese lugar.



Una espiritualidad profundamente encarnada en la historia de esa colina de solo 52 metros de altura sobre el nivel del Mediterráneo. Un calvario de cruces encaladas va rodeando el camino en espiral que conduce desde la base del Puig hasta la iglesia que corona el montículo, que según nos informa Xescu Prats en su www.ibiza5sentidos.es data, en su primera construcción de 1302, 67 años después de la recuperación por los cristianos de la Yebisah (Ibiza) ocupada por los musulmanes.

Diferentes etapas de la historia produjeron hasta una estructura defensiva contra las razias de los piratas magrebíes y turcos. De nuevo la iglesia como centro de reunión no solo para orar y celebrar el sacramento de la eucaristía sino como lugar de acogida y defensa cuando el peligro acechaba en épocas más inseguras.



Una construcción adyacente a la iglesia, con pozo, columnas y cubierta típicas de la arquitectura ibicenca y de varias de sus iglesias, servía para reunión de la población que, desperdigada por las pequeñas fincas agrícolas del entorno, se reunían después de asistir a misa para, como se diría ahora, socializar y tratar de asuntos de interés común.

La mayoría de las construcciones que rodean la iglesia comenzaron a edificarse en 1785 cuando, según Prats, fue establecida como parroquia de Santa Eularia des Riu por el primer obispo de Ibiza.

Hoy, doscientos treinta y dos años después, don Vicente Ribas Prats, hasta ahora párroco de Santa Eulalia, ha sido nombrado por el Papa Francisco, el pasado día 13 de octubre, obispo de Ibiza. El párroco don Vicente Ribas, hoy ya obispo, es un claro ejemplo de esa espiritualidad universal que flota en el ambiente del Puig de Missa.



Siempre cuidó con especial atención a aquellos parroquianos, que durante el verano provenientes de muy diversos lugares del mundo asisten a la misa dominical en la iglesia parroquial de Santa Eulalia, con la iniciativa de invitar a voluntarios asistentes a que leyeran el evangelio del día en sus idiomas nativos. Excelente ocasión para que desde sus nuevas responsabilidades eclesiales promueva esa amable y generosa iniciativa hacia los que van a descansar a la isla.

La espiritualidad que respira el Puig de Missa la entendió y contribuyó a ella también el pintor Laureano Barrau. Menos conocido que Ramón Casas o Joaquín Sorolla, pero a mi entender de similar categoría artística, sus cuadros reflejan de forma soberbia la luz mediterránea y se exponen varios en museos del mundo. Vivió bastantes años en una casa payesa situada en lo más alto de la colina, frente a la escalinata que conduce a la iglesia. Su viuda la donó como herencia a la parroquia junto con la colección de obras de Barrau que contenía.



Después de varios años de convertirse esa casa payesa en un pequeño pero interesantísimo museo, su obra se puede contemplar hoy en un local del centro de Santa Eulalia del Rio. Barrau, quiso ser enterrado en el cementerio existente junto a la iglesia del Puig de Missa, donde comparte eterno descanso con los restos mortales de personas provenientes de diferentes religiones y lugares del mundo. Gentes que como olas que se deshacen en la playa, vinieron a Santa Eulalia a fundirse con la arena de su playa o en busca de otra luz.