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LA VIDA REAL

Sin prisa, pero sin pausa, seguiremos soñando



A Frank Rainieri, el empresario dominicano que creó uno de los destinos turísticos más admirados del mundo, le preguntaron cómo había hecho realidad el sueño de Punta Cana. "Sin prisa, pero sin pausa", respondió.



Camilo Venegas / Actualizado 23 marzo 2021

A Frank Rainieri, el empresario dominicano que creó en una desolada costa uno de los destinos turísticos más admirados del mundo, le preguntaron cómo había hecho realidad el sueño de Punta Cana. "Sin prisa, pero sin pausa", respondió.

Hace 4 años que llegamos a la Loma de Thoreau
Sin apuro, pero sin descanso, hicimos el núcleo de la cabaña principal (a la que le pusimos Colibrí), luego el guest house (que nombramos Arriero), después levantamos el techo de la cabaña principal para hacerle una tercera planta, construimos el ala izquierda (comedor y cocina) y ahora el ala izquierda (habitación principal y estudio). 

Lo hemos disfrutado mucho, pero hemos trabajado como mulos. Cada pared, cada puerta y cada ventana tienen una historia para nosotros. Hemos soñado, aterrizado, discutido, peleado y celebrado muchísimas veces. También hemos hecho, deshecho y vuelto a hacer. 

Muchas cosas han cambiado de lugar en todo este tiempo, salvo los árboles. Porque desde el principio nos impusimos la condición de que nunca, bajo ninguna circunstancia, talaríamos uno. Y ahora, que llegamos a la última etapa de la cabaña principal, estamos felices de haber podido adaptar todos los espacios entre los árboles. 

A veces Diana habla con ellos. Trata al palo amarillo (un júcaro que le fascina), a las pendas, los ocujes y a los pinos más altos como lo que son, seres vivos que conviven con nosotros en este pequeño espacio de la increíble naturaleza dominicana. 

Aunque muchas veces me creo estar en el Escambray de mi infancia, al final tengo que darle las gracias a este país y a su gente por permitirnos lograr lo que en el nuestro hubiera sido imposible. Hace poco un amigo nos advirtió que nosotros, por lo que expresábamos en las redes sociales, ya no podíamos poner un pie en Cuba.

Que te nieguen el derecho de volver al país donde naciste, duele muchísimo y produce una incurable rabia. Pero no nos sentimos desterrados en la Loma de Thoreau. Aquí he criado hijos, he sembrado muchísimos árboles, he escrito un par de libros y he levantado una casa (algo de lo que, francamente, no me creía capaz).

Sin prisa, pero sin pausa, seguiremos soñando. No conocemos una mejor manera de vivir la vida real.