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MIGRACIÓN

El muro fronterizo: desde Monte Cristi a Pedernales



Haitianos emigran a República Dominicana, y dominicanos a Estados Unidos. A diferencia de muchos centroamericanos que cruzan la frontera terrestre de forma irregular, los dominicanos tienen alta tasa de legalidad en EEUU.



Rosario Espinal / Actualizado 10 marzo 2021

Aún se construya un muro fronterizo, los haitianos seguirán en RD

Todo país tiene derecho a establecer controles fronterizos, la República Dominicana también. Todo país tiene el deber de establecer cruces de frontera eficaces, la República Dominicana también.

La historia de la migración es tan antigua como la humanidad. Los seres humanos siempre han fluido desde donde están peor hacia donde piensan que estarán mejor, y esa migración genera con frecuencia resistencias y disputas.

Muchos haitianos emigran a la República Dominicana, y muchos dominicanos emigran a los Estados Unidos.

A diferencia de muchos mexicanos o centroamericanos que han cruzado la frontera terrestre de manera irregular, los dominicanos tienen alta tasa de legalidad en los Estados Unidos porque:

1) después de la ocupación militar de 1965, el consulado aumentó el número de visas de residencia a los dominicanos como forma de reducir las tensiones políticas en el país

2) la Ley de Migración de los Estados Unidos vigente desde 1965 favorece la reunificación familiar, por lo cual, los residentes legales y ciudadanos pueden pedir a sus familiares cercanos, y

3) en las décadas de 1960, 1970 y 1980, los dominicanos indocumentados en Estados Unidos pudieron casarse con otros dominicanos con estatus legal, con puertorriqueños o cubanos.

La historia de la migración haitiana a la República Dominicana, por el contrario, registra una alta tasa de ilegalidad porque la República Dominicana escogió ese modelo migratorio para sus vecinos.

En la Era de Trujillo, los haitianos eran traídos al país como braceros por el propio Gobierno dominicano, en acuerdos con el de Haití (otra dictadura) para trabajar en los ingenios azucareros. Muchos de esos haitianos se quedaron la vida entera en los bateyes, donde procrearon hijos, y sus hijos nietos, etc., y muchos de ellos nunca obtuvieron documentación.

Por su parte, la Constitución de 2010 y la Sentencia TC 168-13 de 2013 se encargaron de cerrar toda posibilidad de que los descendientes de inmigrantes indocumentados tengan la posibilidad de ser dominicanos.

El modelo de importación de braceros continuó hasta principios de la década de 1980 y con la caída de la dictadura de Duvalier en 1986, la migración haitiana hacia la República Dominicana siguió su agitado curso sin regulación. No porque no hubiera un muro en la frontera, sino porque los empresarios en la agricultura (no solo azucareros) y la construcción encontraron en la mano de obra haitiana un baratillo.

De hecho, en la República Dominicana, la tasa de ocupación de los haitianos es mayor que la de dominicanos porque muchos empleadores los prefieren, ya sea porque no encuentran dominicanos para realizar los trabajos más duros bajo el sol, o porque pueden explotarlos más.

Por su parte, en la frontera, los militares y oficiales de migración encontraron su negocio corrupto con el tráfico ilegal de haitianos.

La mayoría de los dominicanos no quiere a los haitianos en territorio dominicano: son pobres, son negros, tienen un idioma y cultura diferente, y ocuparon una vez el lado dominicano.

Por eso, muchos dominicanos se expresan a favor de la construcción de un muro. Luis Abinader ha ofrecido ahora una verja perimetral en segmentos de la frontera. Usa un recurso populista que trae aplausos en medio de una crisis sanitaria y económica que dificulta gobernar.

Pero ojo: aún se construya un muro desde Monte Cristi a Pedernales, los haitianos seguirán en la República Dominicana porque muchos empresarios y el Gobierno los emplean, y porque los oficiales de frontera cobran peaje para que lleguen.

Sin documentación, los haitianos son súperexplotados, y ellos lo aceptan porque son muy pobres y su país está destrozado.

El Presidente usa un recurso populista que trae aplausos en medio de una crisis sanitaria y económica.
 



*) Artículo originalmente publicado en el periódico Hoy de República Dominicana.

Rosario Espinal es socióloga y politóloga.