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CUÁNTA DESTRUCCIÓN

Paisajes de Cuba después de una devastadora tormenta



Con dos estremecedores documentales sobre la Cuba actual, Cuban Food Stories y Campesino, me pasó lo mismo, me costó trabajo adaptarme a la idea de que eso que se veía era el país donde nací y viví durante 33 años. ​​​​​​​



Camilo Venegas / Actualizado 18 octubre 2020

En uno de los edificios gubernamentales de La Habana se mantuvo parpadeando, durante décadas, un cartel lumínico. “Revolución es construir”, rezaba. Pero la historia acabó siendo muy distinta de la consigna. Desde 1959 hasta hoy, Cuba y los cubanos han tenido que soportar un proceso de depauperación humillante.

Esa incesante destrucción, que arrasó con los signos vitales de la sociedad y generó una crisis social y moral cuyos daños aún son incalculables, también acabó con oficios, saberes, tradiciones, costumbres y sabores. La nación, como la industria azucarera, prácticamente ha sido desmantelada.

Acabo de ver, en Amazon Video, dos estremecedores documentales sobre la Cuba actual: Cuban Food Stories (Asori Soto, 2018) y Campesino (Mia Tate, 2018). En ambos me pasó lo mismo, me costó mucho trabajo adaptarme a la idea de que eso que se veía en la pantalla era el país donde nací y viví durante 33 años.

La gente, esa manera inconfundible de ser y de mirar que tiene el cubano, acabaron convenciéndome de la autenticidad del paisaje. La película de Soto es un poético viaje en busca de las comidas perdidas, de esos platos y sabores cubanos que han logrado salvarse de la horrorosa supervivencia.

Mia Tate, por su lado, le sigue los pasos a Carl Oelerich, un fotógrafo amateur que trabaja como maletero en el aeropuerto de Salt Lake City y que, durante 15 años, ha documentado los cambios en las tradiciones y costumbres de los campesinos de Viñales, en Pinar del Río.

Aunque el viaje gastronómico de Asori es mucho más largo que el de Mia, ambos acaban dando vueltas en círculos alrededor de una cotidianidad viciosa. Incluso los entrevistados que aún son capaces de decir alguna frase optimista, lo hacen desde una tristeza estremecedora.

“¡Cuánta destrucción!”, me dijo Diana cuando acabamos de ver los documentales. Entonces recordé el cartel que parpadeaba en uno de los edificios gubernamentales de La Habana.

61 años de revolución han convertido a Cuba en eso, en el penoso paisaje que dejan a su paso las tormentas más devastadoras.