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GOLPE DE HACHA

El oficial y el espía, el excepcional descenso a los infiernos de Roman Polanski



Polanski regresa al cine de época y lo hace por la puerta grande. El punto fuerte de la cinta es Jean Dujardin, que cambia de registro de forma brutal y ofrece una excelente interpretación.



Rick Blaine / Actualizado 4 enero 2020

El oficial y el espía, el nuevo trabajo de Roman Polanski trata sobre el conocido caso Dreyfus. Se centra en finales del siglo XIX, cuando el antisemitismo profundamente instaurado en la sociedad francesa condujo a la condena injusta del oficial de artillería francés Alfred Dreyfus por traición. 



En la Francia de 1894, el capitán Alfred Dreyfus, de origen judío-alsaciano, fue acusado de espionaje por un tribunal militar antisemita. Una manipulación judicial que conmocionó a la sociedad europea de la época. Ha sido llevada al cine de forma previa por Géorges Méliès (1899), Richard Oswald (1930), William Dieterle (1937), José Ferrer (1958), Jean Vigne (1965) e Yves Boisset (1995).

Ahora, Roman Polanski describe hasta sus últimas consecuencias las manipulaciones de un poder que acusó falsamente de traición a Alfred Dreyfus. La película cubre estos sucesos y los intentos posteriores del gobierno de encubrir las malas artes empleadas.

La investigación del militar de la nueva versión es una dramatización sólida, informativa y tiene gran veracidad. El título original de la película J’Accuse, es una referencia a la carta abierta de Émile Zola en la que el escritor, que aparece en la película, acusó al gobierno francés de antisemitismo con nombres y apellidos, creando un auténtico seísmo en la opinión pública francesa.

La película cuenta con dos puntos claves. El primero, y el más evidente, Jean Dujardin. Lleva a cabo una excepcional evolución, Un cambio de registro tan brutal de un actor que soporta el peso del film histórico él solo con unas expresiones certeras, unas frases cortantes y un tono seco.

Estas emociones, o la ausencia de ellas más bien, es el segundo punto fuerte de la cinta. La película es fría y seca porque el ejército lo es a su vez. El diálogo final entre Picquart y Dreyfus, sin apenas una despedida cordial, resume a la perfección esta decisión artística.