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PODIO ESPAÑOL

Jon Rahm (-22) gana a lo grande el Mutuactivos Open de España



Rafa Cabrera Bello (-17) fue segundo y Samuel Del Val (-15) tercero. A este trío de ases se une, en un top 10 de color español, Adri Arnaus (-15), cuarto empatado, y Sergio García (-7).



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 6 octubre 2019

El Club de Campo Villa de Madrid sonaba a día de fiesta. Ya lo había dicho días antes Jon Rahm: ¡la fiesta continúa! El aspecto de las personas fuera de las cuerdas era fantástico: grupos de matrimonios, jóvenes, seniors con ganas aún de aprender, jugones de club y familias enteras.

Si quieren, no estaban las emociones de la víspera cuando los zarpazos de Jon Rahm en los últimos hoyos rasgaron hasta el coma las fantasías de victoria que albergaban los corazones de sus oponentes.



Quizás los resultados no iban a ser los de la víspera, por la sublimación de una diferencia de cinco golpes entre el líder y sus perseguidores, pero había producido dos efectos: de una parte, el beneficio de ver jugar a Rahm sin presión: estrategia de liberación. De otra, que la lucha se había trasladado pronto a escalar puestos el resto de jugadores: estrategia de oportunidad.

Y, por tanto, más allá de los resultados, hemos podido observar algunos rasgos de especial fortaleza de la condición humana.

Primero, Sergio García, resiliencia. El de Castellón había cosechado en los tres días previos resultados de -2 en cada jornada. Pobre bagaje para lo que estaban logrando otros. Ayer hablé de juego triste. Pues bien, este domingo con el bogey del hoyo 3 todo apuntaba a funeral de tercera. Y sin embargo Sergio tiene profesionalidad para salir de pozos.

Hizo eagle al 4; volvió a caer en bogey en el 5. Y ahí acabo la espesura: reaccionó e hizo dos birdies antes de salir de los primeros nueve hoyos. En los siguientes nueve, como esas botellas de plástico que tienen una abolladura que resta oxígeno, pero recuperan de pronto  – “blop” – su forma original, el español se infló desde dentro y mostró su gran categoría con tres birdies seguidos del hoyo 14 al 16, para sentenciar su séptima plaza con otro birdie en el último hoyo: -6 en el día , -12 en el total.

Segundo, Rafa Cabrera Bello, paciencia. El canario salía en el partido estelar a cinco golpes del líder, Jon Rahm. Cualquier táctica que pretendiese la victoria partía de la premisa de hacer antes que su oponente birdies bastantes para inyectar algo de inquietud a su rival. Si reduces pronto la diferencia siembras dudas. Pues al primer tapón zurrapa. Fue Rahm quien, niño precoz, hizo birdie al primer hoyo. Y al cuarto. Y al octavo. Mientras, Rafa hacía pares; sólo pares, muchos pares. Todo pares hasta el hoyo 13.

Su gesto de mayor relevancia en ese paso del desierto fue apretar los labios alguna vez. Ni un mal gesto. Rafa “Nunca-Se-Rinde” Cabrera Bello se dio perfecta cuenta de que el liderato estaba imposible, pero no la segunda plaza. Así que tiró de oficio y, descorchada la botella, en esos seis últimos hoyos hizo cinco birdies, para un -5 en el día y un -17 en el total.

Tercero, Samuel Del Val: coraje. Para mí este chico de Bilbao ha sido el emblema del Open de España. Pudo jugarlo por su posición en el ranking español. Probablemente también porque no han venido otras figuras de renombre y mejor posición en ranking mundial. Pero los dioses del golf, si los hubiera, bendicen a los que no echan por la borda las oportunidades. Y el bilbaíno se lo jugó todo. No en la jornada final: en todo el torneo; no en algún momento, sino en cada golpe.

Alguna vez resoplaba tras meter un putt imposible. Otras jaleaba con los brazos al público tras salvar una recuperación improbable. Éste le correspondía sabedor de la hazaña que estaba logrando. Libró su batalla personal – nervios contra pasión – y ganó lo que tenía que ganar: confianza en sí mismo, respeto de su oponentes y el favor de todo aficionado, además del tercer puesto final. Hizo -3 en el día para un total de -15.

Y, cuarto, Jon Rahm, rebeldía. El levantarse contra lo establecido fuera está al alcance de muchos. Lograr hacerlo con inteligencia y estrategia para cambiarlo es cosa de unos pocos y algo de suerte. Pero la rebelión más difícil es levantarse contra uno mismo; contra lo peor de uno mismo, quiero decir. En esta pelea no vale con sólo tomar La Bastilla un día o asaltar el Palacio de Invierno. Lo que ha hecho Jon estos cuatro días y otros muchos es una machada. Es pelear, sí, para obtener la mejor técnica. En eso están muchos.

Lo interesante de la condición humana de este otro vasco es que está aprendiendo a llevar las riendas de dos caballos poderosos: ambición y humildad. Ambición para salir a ganar siempre en todos lo hoyos, en todos los golpes. Humildad para tragarse sus pequeños fracasos y sacar lecciones. Ha habido un hoyo al final, cuando todo estaba ganado, que no ha embocado el putt. Rebelde Jon ha vuelto a mirar la caída con un gesto de inconformidad consigo y de aceptación del mundo tal como es: rebeldía y grandeza. El día lo acabó con -5,  y el torneo -22.

Es el único que ha ganado este torneo dos veces seguidas. Es el que con menos apariciones en el Circuito Europeo, 39, ha obtenido cinco victorias. Bravo, Jon Rahm, Bravo.