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España

EL NUEVO DESAFÍO

Barcelona será Hong-Kong, ¿el plan siniestro de Torra y Puigdemont?



Sabotajes, explosivos y el asalto al Parlamento de Cataluña, los planes de los CDR que investiga el juez. El secesionismo llama a la población a la desobediencia masiva ante la sentencia del Tribunal Supremo.



Hechos de Hoy / G. Lucko / Actualizado 1 octubre 2019

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El nombre de Hong-Kong tiene una etimología difusa. Para unos significa puerto fragante, por el dulce aroma del agua que bajaba por el rio de las Perlas, donde marineros ingleses y aborígenes hacían sus tratos; para otros puede traducirse como puerto de incienso, en alusión a las fábricas de esa resina que jalonaban la costa norte de Kowloon.

Estos días en la metrópoli oriental no es a incienso a lo que huele el aire, sino a Clorobenzalmalononitrile, componente principal de las bombas lacrimógenas. La República Popular de China ha desatado al perro de la ira contra los que no quieren el régimen comunista que gobierna allí desde la descolonización pactada con el Reino Unido en 1997.

El primer motivo ya casi olvidado de la revuelta, fue una ley de expatriación al continente. Con paraguas como símbolo, estudiantes y jóvenes profesionales se movilizaron, ocuparon calles estaciones y el aeropuerto. Dejada en suspenso la ley, continuaron e intensificaron los altercados, hasta que el gigante dio un zapatazo en el suelo. La escalada ha continuado hasta estos días con las consabidas carreras, golpes y detenciones mientras el gobierno chino celebra el 70º Aniversario  de la fundación de su estado.

La apariencia de vulnerabilidad -natural o lograda artificialmente- tiene una ventaja competitiva en la opinión pública. El que es reconocido como débil ante las cámaras y periodistas -en política como en fútbol- es acariciado como preferido. Siempre es así. Siempre así se quiere mover a las gentes, las naciones y los desconocidos por simple compasión publica o envidia.

Es el efecto de David contra Goliat. Fue así en los pueblos contra los imperios; es así el cine europeo frente americano; y fue de ese modo en el Alcorcón contra Real Madrid o en el  FC Barcelona contra el Alavés; está siendo así con los chalecos amarillos hasta doblegar en no poca medida al presidente Macron.

Y a los ejemplos anteriores se une desde hace unos años el separatismo catalán (*). Sus líderes y sus gabinetes políticos son diseñadores eficaces y sin escrúpulos de un plan continuado de autovictimización. La imagen del Gobierno de España (y por extensión de toda la nación) es la de seres crueles, iracundos, impacientes, antidemocráticos y, la peor etiqueta, franquistas y fascistas. Menos mal que no apareció entonces el primer muerto tan buscado.

Pero el muerto va llegar y, lo mate quien lo mate, la culpa será imputada a España. Para evitarlo el ministerio del interior ha enviado cerca de un millar de agentes. Allí hubo un referéndum contra el Estado el 1 de octubre; y doce dirigentes separatistas están procesados pendientes de sentencia por rebelión, secesión, asociación para delinquir o lo que sea. Sentencia y aniversario para parecerse a Hong-Kong, no en la creación de empresas (Cataluña ha perdido más de cinco mil) sino en una estrategia de ocupación violenta de calles, plazas e instituciones. No nombro la ocupación mendaz de las fuentes de invención de agravios  (educación y medios) porque es conocida e ignorada gracias a la política estúpida de gobiernos españoles y un mal entendido concepto laissez faire y de una insensata creencia en la lealtad de los partidos separatistas.

Es probable que el aumento de presencia policial se haya estudiado y sea el que los expertos aconsejan.
Sin embargo:

1.- Los pasos para desactivar el odio no han sido certeros por pereza intelectual.

2.- Los actos de defensa de lo catalanes de sentimientos no separatistas han sido débiles: poco más de una manifestación de una mañana.

3.- Las centrales de inteligencia fallaron con estrépito cuando el referéndum ilegal para arrebatar la soberanía al pueblo español.

4.- Las gestiones comunicativas (no sólo informativas) de la Diplomacia están apareciendo como de menor impacto y menos cuerpo de influencia que las de los separatistas y sus “embajadas”.

5.- Los acuerdos de socialistas para gobernar con secesionistas en 60 municipios -“somos las izquierda que no se avergüenza de la palabra España”, P. Sánchez dixit- son un mentís fluorescente, y no el único, a sus apelaciones patrióticas y una muestra de debilidad congénita que supo detectar en su provecho el supuesto David.

6.- No consta, si es que existe, la existencia en Cataluña de un discurso gubernamental de unidad, sino, en todo caso, de un troceo pactado para que quepa en la Constitución. Esto último no lo lograron ni con un “relator” cuyo sólo nombre asustó al propio asesor áulico y precipitó la anticipación de elecciones. Además el guión que escribe la sociedad civil a favor de la libertad y unidad no llega a humedecer una acción de gobierno central compasiva con el cruel (Govern) y cruel con el vulnerable, es decir el ciudadano leal.

7.- No sé si es tarde, demasiado, para que el olor a incienso de una bendita calma justa evite ese horror de nuestro particular Hong-Kong mediterráneo.

En todo caso son necesarios por lo menos tres movimientos.

Primero: acuerdo ya de los partidos mayoritarios con un Pacto de Estado para la Unidad de España. Segundo, fondos y personal al servicio de la imagen nacional: no proselitismo, sino exponer la verdad de esta gran nación. Viva la Libertad…también para presentar España y su historia como lo que es, un marco de dignidad. Tercero, unirse a la sociedad civil con medidas políticas de alcance: ¿un ministerio y otras instituciones sólidas con sede en Barcelona?
 

(*) Representantes de Junts per Catalunya (JpC), Esquerra Republicana (ERC), la CUP, así como la ANC y Òmnium Cultural posaron en los jardines de la Sedeta de Barcelona para leer un comunicado coincidiendo con el segundo aniversario del referéndum independentista del 1 de octubre de 2017, declarado ilegal por el Tribunal Constitucional. Llamada a la desobediencia masiva