hechosdehoy.com
Comunidad de blogueros

MÍRALA CARA A CARA

El Golf y la Feria de Sevilla, un espejo de conductas



Networking le llaman ahora, pero el nombre original es Feria de Sevilla, abreviadamente La Feria. O sea que si hay algo parecido a la Feria de Sevilla eso es el golf.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 7 mayo 2019

fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo
La Feria la fundaron José María Ibarra y Narciso Bonaplata con una duración de tres días y periodicidad anual para que sirviera de encuentro para establecer relaciones entre vendedores y compradores de ganado.

A la Feria se iba a tratar. Lo mismo que al golf. Lo que pasa es que el clima de Escocia ni siquiera en agosto da para casetas, farolillos y paseo de enganches. Por eso las relaciones para vender ovejas laneras de las Islas Shetland o comprar bovino Aberdeen Angus, de apreciada carne, tendrían lugar por ejemplo entre el green del hoyo 9 y el tee de salida del hoyo 10.

Acordado el negocio los caballeros se daban la mano, igual que en la Feria. Y a falta de churros y buñuelos en la Caseta del cantaor Chiquito de Bronce aterrizaban en Casa Club para calentarse con whisky. Pero básicamente es lo mismo.

.- Oiga - me dirá algún sieso -, que ya la Feria no es lugar de acuerdo comerciales sino de alegre francachela, consumo de fino o manzanilla, lucimiento personal y baile por sevillanas. Eso quita ya cualquier semejanza entre Feria con el golf.
.- Pues, amigo – le contestaría yo -, niego la mayor.

Hoy tuve la fortuna de ir al Real (el Real en La Feria de Sevilla no es el Madrid del fútbol, ni el Real Sitio, sino el lugar donde planta sus reales la Feria de Sevilla). Y digo fortuna por no decir inmenso placer, pues acompañé a mi queridísima prima Margarita.

Iba ella vestida con una traje flamenca de Pol Núñez en blanco y negro, modelo Capote, confeccionado en batista de color marfil con lunaritos en color negro y microvolantes artesanales. Para desmayarse al verla, con su abalorios y clavel en el lado de su peinado que atraía la mirada del personal, público, privado y mediopensionista.

Ella, que debe estar acostumbrada a ser objeto de atención ni se inmutaba, caminando iba de mi brazo para no tropezar en los adoquines como un señor que se quedó mirándola pero sin dejar de andar hasta que el pobre dio de bruces con una farola.

Y mientras nos acercábamos a la caseta de los M. de la L. y P. de R., le conté que escribiría de que la Feria es igualita que el Golf.
.-Primo, ¿por qué sigues con esa manía de escribir?: déjalo. Eso es otra majadería como las que tú publicas y no tienen ningún sentido – me dijo sin pestañear, probablemente porque para mover sus descomunales pestañas debe necesitar una grúa.

.- No, prima – le respondí disimulando el dolor de la puya de su respuesta -, piénsalo bien. La Feria como el Golf tiene sus reglas de etiqueta. Aunque de origen individualista los dos requieren compañía para el buen disfrute; en la Feria lo más importante, igual que en el golf, es estrechar lazos y gozar de la belleza de la amistad; en fin, hasta el baile por sevillanas es un armonioso rosario de swings.

.- Ya… - dijo ella, esquivando un guiri borracho que se le acercó más acá de lo prudente -, visto así no estás tan descaminado, primo.
Ya más animado, me vine arriba y le desgrane las semejanzas:

La Feria como el golf es un lugar para evadirse o encontrarse (Si me pierdo que busquen/donde Sevilla es misterio).

En el Real, como en la horas de cada quien, te enfrentas a calles largas como pares 5 y cortas como pares 3. (Yo conocí un camino, hace mucho tiempo ya /Sin límite ni frontera, sin espuela “plateá”).

El albero es arena de bunker (esa niña que va andando/camino de la arenas). Cada uno cuenta la Feria como le va, igual que en Casa Club se cuentan birdies o descalabros. Y la Feria aprendió del golf a terminar con señorío el recorrido (Dicen que vas para viejo/Y olvidan que eres roble/Que combates a los vientos/Soplen de donde soplen).

A ambos sitios – golf y Feria - llegamos con ilusión (Tiempo detente/que es tan grande el consuelo/que mi alma siente/que duren mis anhelos/eternamente) y sueños (Sueña la margarita con ser romero), superando con alegría celos y rivalidades (se van batiendo/dos poderosas naves./Una va al abordaje/la otra va huyendo).

Son igualmente adictivos (Te brillan los ojos como la candela). Y ambos te dicen como el amor que sí y al poco que no (No me des pares y nones/que sin ti pierdo el sentío).

Del otro lado de la calle Joselito el Gallo se escuchó un relincho de caballo a punto de cocear a un mirón que se había quedado parado con los ojos clavados en Margarita.

Ella, que me había escuchado en silencio se giró, me miró de frente y sin mediar palabra me besó en la mejilla derecha.
.- Me han encantado, bruto, esas comparaciones y déjame que te cante aquí mismo algo. Algo que tiene que ver con el amor de Feria y el golf.

Inmediatamente, sin darse cuenta de que un nutrido grupo se formaba alrededor, me cantó este fandango:

Son batallar y sufrir
las penas del pensamiento.
Son batallar y sufrir
porque no hay mayor tormento
que no poder conseguir
lo que está en el pensamiento.