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EL FINAL NUNCA EXISTE

Danny Willett (-18) sorprende y vence en el DP World Tour de Dubai



Ganas teníamos en ver triunfar al inglés sonriente. ¡Cuánto tiempo desde la última victoria! Hay que remontarse al 2016 cuando vistió la chaqueta verde y además ganó el Omega Dubai Desert Classic.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 18 noviembre 2018

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Danny Willett ha pasado más de dos años en un especie de crisis de identidad. O más bien de identificarse él con su golf. Ciertamente había sufrido algunas  lesiones. Pero sobre todo le sobrevino una bajada de forma que le llevó hasta el puesto 462 del mundo.

En agosto de 2017 había ya tomado como nuevo entrenador a Sean Foley con quien ha trabajado aspectos del swing y del gobierno de la mente.

Danny Willett añadía: “ha sido mucho trabajo duro. Ha sido duro. Estoy masivamente orgulloso de mí mismo y de todos los que han estado a mi alrededor”.

Nuevamente el entorno humano condiciona el éxito. Saber elegir a los colaboradores es vital, también en actividades aparentemente solitarias como el golf.

Todavía añadía: “nunca se sabe cuando una victoria está a la vuelta de la esquina y con todas las cosas que han sucedido, nunca estuve seguro de si volvería a suceder”.

"Para que ocurriera aquí, ya a fines de año, hemos luchado durante mucho tiempo a lo largo de esta temporada para llegar a ser al final, independientemente de lo que sucedió hoy, una mejor persona y un mejor atleta".

El interior de la mente de este campeón está en proceso de asimilación del éxito y de la repercusión en su vida familiar y social.

Todo proceso de maduración del éxito necesita esa integración de valores y de aceptarse a uno mismo también, paradójicamente, cuando las cosas salen bien.

Eso es lo que más le cuesta a mi querida prima Margarita. De hecho es tan perfeccionista que, aparte de que no hay novio para ella, tampoco hay suficiente “ella misma” para ella.

.- Es que tú primo – me dice con un Martini en la Terraza Oeste de la Casa Club – te conformas con cualquier cosa.
.- ¿Yo? – respondo rápido –. Pero si soy exigente hasta el extremo. Por ejemplo, mira esta corbata. ¡No sabes el tiempo que me costó decidirme! Y  es que estos dibujos de amebas malvas no acababan de convencerme…

.- Lo que eres es un tremendo frívolo.
.- ¿?
.- Sí, primo: no pongas cara de marsupial perplejo. Para los negocios, como para el golf hay que estar atento, fijarse, ver los pros y los contras y persistir.
.- Agotador.

.- ¿Ves? Superficial y conformista. Danny  Willett, como el resto de los que están arriba se dejan las pestañas por perfeccionar su estilo, su potencia, su habilidad.
.- Ya. O sea, un horror.
.- El horror de la vida – primo – es morirla por no vivirla a tope…

Dejé de escucharla, porque cuando se pone a darme la charla que podíamos titular “Sea usted el caballero que debería ser”, su cara parece la de un ángel y lo que dice me importa un bledo sumergido en la belleza de cómo lo dice.

.- … Es decir, primo, que tienes dentro de ti – sonaban sus labios angelicales – todos los dones para ser la persona excelente en la que alguien llegue a fijarse.
.- ¡Ah!
.- ¿¡Ah¡? ¿Qué “ah” ni que niño muerto? ¿Es que no me escuchabas?
.- Claro que sí – mentí un poco -: palabra tras palabra.
.- A ver, dime la última frase que dije.

En esos momentos un señor socio arrastrapieles y lame-suelos-pisados-por-Margarita se acercó a nuestra mesa con un pretexto estúpido, pero oportuno para mis intereses, y desvió la atención de mi prima acerca de mi atención a su discurso.

Cuando el sujeto fue alejado por mi prima dejando él un surco de baba tras de sí, me apresté a reconducir la conversación.
.- El último día del DP World Tour Championship han jugado muy bien dos españoles.
.- ¿Sí? ¿Quiénes? – preguntó Margarita apurando su Martini.
.- Pues John Rahm (-14) y Adrián Otaegui (-14); los españoles acabaron cuartos empatados
.- Me gusta Adrián – sentenció la mas hermosa de mis primas.

Margarita reparte sus criterios de gusto sobre las personas siguiendo enigmáticas coordenadas. No sabe uno nunca si alguien le va a caer bien o mal. Sin embargo, ésta vez creo intuir por qué le agrada Adrián Otaegui. Su elegancia en el campo; la serenidad con la que administra sus errores y absorbe silencioso todo lo bueno de sus aciertos es algo que sé que le gusta.

Como si leyera mi pensamiento, dejó caer uno suyo:
.- En la vida, primo zoquete, como en el golf las cosas no importan tanto por lo que en sí mismas son, sino por el bien que nosotros somos capaces de hacerles significar finalmente.

.- Finalmente – repetí yo -, porque el final nunca existe.