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CHINA NO CAMBIA LA HORA

Todo abierto en Shanghai con Rafa Cabrera Bello a mejorar



En la madrugada que cambia la hora en muchos países Tony Finau no quiere que cambie el liderato. El canario intentará entrar en Top 10. Y Justin Rose, a tres golpes, repetir su victoria del año pasado.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 27 octubre 2018

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Clocks es una canción Coldplay, cuyo vocalista es Chris Martin. Es curioso que el título de la canción coincida con una de las preocupaciones de su tatarabuelo William Willett a quien debemos en origen europeo lo del cambio de hora. Este empresario de la construcción se dio cuenta de la pérdidas económicas que se producían en su país por permanecer gastando luz todo el año por no adecuar el horario oficial a las necesidades económicas.

Fue allá por 1907 cuando Mr. Willett publicó The Waste of Daylight (El derroche de la luz diurna). En él explicaba que los relojes deberían ser adelantados para lograr que las tardes tuvieran más luz natural y así, ahorrar hasta 2,5 millones de libras en costes eléctricos.

Su campaña de concienciación llegó hasta el Parlamento de Westminster, donde le hicieron el mismo caso que hacen algunos gobiernos socialistas -no me gusta señalar- a quienes les dicen que moderen el gasto público.

Murió William Willett sin ver aprobado su proyecto, y poco después Europa se desangraba despanzurrada en una Guerra que obligó a ahorrar energía, momento en que se adoptaron los cambios horarios que sugería aquel patrón industrial.

En España, como ya expliqué un 26 de marzo de 2012 en estas páginas, una hora nos pareció poco, así que gracias a un alto funcionario hándicap 28 tenemos dos horas más de luz las tardes de verano lo que permite completar con plena visión un recorrido. Comme il faut!

En otras latitudes, por en ejemplo en China, donde se está jugando el WGC HSBC Championship, sólo estuvieron adheridos al cambio oficial de hora de 1986 a 1992. Ahora, que ya son casi capitalistas y excelentes conservadores, no cambian nada. Bueno, sí: dólares.

De este modo en la madrugada del sábado al domingo ni Rafa Cabrera Bello, ni Tony Finau, ni Patrick Reed o Xander Schauffele tienen que levantarse a las tres de la madrugada, hora de Shanghai, para retrasar en un hora su reloj. Y mientras, para los aficionados, parece que entre Estados Unidos y China  están todos empeñados en entonar con Luciano Pavarotti de Turandot el “Nessum dorma!” (¡nadie duerma!).

Porque para ver a los que juegan en Shanghai hay que levantarse a las 05:00 (que serán las antiguas 06:00), cuando te has acostado a las 0:00 viendo a los del Sanderson Farms Championship. Y luego querer desayunar a las 10:00 (antiguas 11:00) con mi prima Margarita y tomar el aperitivo en la terraza del Alfonso XIII con mi tía Alicia a las 13:30 (antiguas 14:30) sin poder apenas simular a la torrija mental que lleva uno. ¡Un horror!

Pero nada comparable con los trastornos horarios de estos mandarines del golf que se baten el cobre -mejor las maderas y los hierros- entre el Lago Tai y el Delta del Yangtsé. Son hombres de leyenda en tierras de leyenda. Modernos hijos del Emperador Blanco, luchadores del dragón blanco como el humo salido del pozo de Las Tres Gargantas.

“Que se levante una presa en el río Yangtsé/Que se intercepte su curso a su paso por la montaña de Wushan/Aparecerá un lago gigantesco en los cursos superior y medio/Si la diosa de la cima de Wushan sigue erguida allí/Se sorprenderá de cómo cambia el mundo”; estos versos de Mao leía en un laudatorio artículo sobre la maravilla acuática del río más largo de China. Sí, todo aquí invita a la sorpresa y a la admiración. Por ejemplo el auge del golf.

La víspera del cambio de hora, pocas cosas cambiaron en el Campeonato del mundo, con Tony Finau (-13) en el primer puesto y tres seguidores a tres puntos. Magia del número 3 tan de la zona: Patrick Reed, Justin Rose y Xander Schauffele.

En la canción que citaba al principio de Coldplay, con el vocalista tataranieto de William Willett, el del cambio de hora, hay un fragmento inspirador para la última jornada que se disputa esta madrugada: “Salid sobre mis mares/Malditas oportunidades perdidas, soy yo”.

El golf, la vida, la amistad y el amor están muchas veces moteadas de “malditas oportunidades perdidas”. Pero otras muchas más veces las que asoman son bondades -benditos bienes-  que vamos a aprovechar.

Para golfistas y para usted y para mí la vida sólo está ya por delante y podrá ser esplendorosa aceptando, con el proverbio chino, que “el jade necesita ser tallado para ser una gema”.