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EXPOSICIÓN CAIXAFORUM

"Cristino de Vera. Al silencio", misticismo rodeado de luz



La exposición integrada por pinturas y dibujos realizadas por el artista tinerfeño Cristino de Vera en los últimos veinte años, ofrece la posibilidad de descubrir una nueva visión de su lenguaje.



Ana María Preckler / Actualizado 16 octubre 2018

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En la sala de exposiciones de CaixaForum Madrid se ha vuelto a exhibir un pintor muy interesante aunque no tan conocido e internacional como el anterior, Andy Warhol. Se trata del pintor Cristino de Vera (Santa Cruz de Tenerife, 1931) que ocupa una sala en la fundación, no muy grande, lo que permite contemplar hasta enero de 2019 las obras del artista con calma y deleite.

La exposición está dedicada al Silencio, y en efecto ya la sala en sí, con el conjunto de unas 50 obras, produce esa sensación de silencio que alude el título. Es más, yo diría que produce una sensación eclesial, de capilla, de iglesia, pues no sólo es que efectivamente reine el silencio en ella sino que cada uno de sus cuadros es puro silencio, pura sensación de estar en un ámbito sacro y espiritual.
 
La obra de Cristino de Vera es difícil de clasificar. Se diría que son obras abstractas dadas sus composiciones geométricas constructivistas, su color uniforme agrisado y de estilo puntillista, sus cuadrados, rectángulos y líneas rectas entrecruzadas. Pero a medida que el espectador va viendo uno a uno sus cuadros se da cuenta de que la abstracción no es absoluta pues la mayoría de ellos tiene una representación concreta.

Tazas blancas, ventanas, velas altas, nubes, montañas, en concreto el Teide tinerfeño, y en especial la de las cruces y las de la figura de Cristo crucificado, en parte o en todo, intensifica el valor espiritual de la obra de este pintor canario.

Las cruces pueden significar la Cruz de Cristo, máxime cuando es el cuerpo del propio Cristo el que figura en algunos de los cuadros. Y las tazas, tan numerosas tan redundantes, ¿no podrían representar el Cáliz del Sacramento de la Eucaristía? Lo dejo en el aire pues no me atrevo a interpretar con tanta certeza mi parecer, que sea el propio espectador el que saque sus deducciones al ver sus cuadros.
 
En todo caso en ellos prima un esencial misticismo, rodeado de luz la cual destaca en todos sus lienzos. Recogemos unas palabras del propio pintor que figuran en el díptico de la exposición: Nací en un lugar donde la naturaleza, las cosas, la vida misma, era una ecuación de luz y sombras, de vida y muerte, de paz y terror, de alegría y melancolía”.

Palabras inquietantes al referirse a la isla de Tenerife, y con las que estoy de acuerdo, siendo también tinerfeña. Sentimientos que se pueden encontrar en mis libros de poesías canarias.
 
Así pues, Cristino de Vera presenta una pintura muy personal y distintiva, centrada esencialmente en el misticismo y la espiritualidad, concretada en bodegones, en interiores, en figuras y en paisajes, ejecutada con una pincelada puntillista y en colores de gamas suaves y tonalidades pálidas.

Estudiante primero de la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz, se traslada a Madrid, donde prosigue su formación, en el taller de Vázquez Díaz, del que guarda influencias,  y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.
 
“La pintura de Cristino de Vera es una pintura de síntesis, en la que todo detalle se ha obviado para irse quedando, en un lento proceso de ascetismo, en la esencia y la sustancia del ser, trascendiendo las cosas para ascender al puro misticismo. Muy pocos elementos, objetos y figuras componen sus cuadros, de estructura geométrica y frecuente perspectiva frontal, en sus bien delimitados planos y volúmenes, en donde se establecen los elementos primordiales a destacar, a veces un Cristo seccionado por sus piernas, una calavera - tan frecuente en sus “vanitas” -, unos cestos con panes, un cuenco, una flor en un vaso, un paisaje despojado y elemental..."

"Detrás de la expresa figuración, subyacen la ordenada y la abscisa del cuadro, a modo de coordenadas cartesianas, que van delimitando las líneas angulares y geométricas, en el gradual proceso de desmaterialización, casi de abstracción, hasta llegar a la pureza esencial de las cosas y de las personas. Su pintura está ejecutada con paciencia, amor y pureza, y sentido trascendente de la vida y la muerte.”

(Contiene información del libro Historia del Arte Universal de los siglos XIX y XX. Tomo II de Ana Mª Preckler)