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4.000 MILLONES DE AÑOS

LUCA, el último antepasado universal común a toda la vida



El antepasado que une genéticamente a los seres en la Tierra era extremófilo, anaeróbico y termófilo, en otras palabras, prosperaba en ambientes extremos, vivía en un hábitat carente de oxígeno donde hacía mucho calor y se alimentaba de hidrógeno.



Glenys Álvarez / Actualizado 16 octubre 2017

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Para comenzar esta historia imaginemos la infancia de esta roca acuosa donde vivimos. Era muy distinto al ambiente paradisíaco que hemos conocido los humanos. En aquel entonces, hace aproximadamente unos cuatro mil millones de años, no había casi oxígeno, los océanos muchas veces hervían de lo caliente que estaban y la superficie era regularmente bombardeada por meteoritos y otras rocas espaciales. El asunto era bastante caótico.

Sin embargo, estudios científicos sugieren que fue en este caótico ambiente, en lo más profundo de los océanos en respiraderos volcánicos, donde habitaba el ancestro común a toda la vida sobre el planeta. El tuyo, el mío, el del vecino, la hormiga, el elefante, el perro, el caballo, el cocodrilo, los dinosaurios, las rosas en tu jardín, las bacterias que viven en tu cuerpo, los virus que te matan, la banana en tu desayuno, en fin, todos los seres vivos sobre el planeta comparten 355 genes encontrados en este ancestro.

Pero recordemos un poco de biología primero. Existen tres dominios que conforman a los seres vivos: las arqueas (que son como bacterias pero con un metabolismo distinto), las bacterias, y las eucariotas (que conforman a todas las plantas y animales). Por mucho tiempo, la investigación científica no había encontrado un punto de origen para estos tres dominios, no había un ancestro en común que los uniera.

Tomó 40 años de estudios para llegar donde estamos ahora y no hay suficiente espacio, ni siquiera digital, para escribir sobre la importancia del ADN en el conocimiento humano. Ha sido en el estudio genético que LUCA, las siglas en inglés para “último antepasado universal común”, ha ido emergiendo gracias a estudios genéticos elaborados con ADN de sedimento recolectado aproximadamente a más de tres kilómetros por debajo de la superficie del océano Ártico, junto a una base de datos de más de 6 millones de genes.

Así como lo hacen las células modernas, LUCA construyó proteínas, almacenó datos genéticos en el ADN y usó moléculas conocidas como trifosfato de adenosina (ATP) para almacenar energía hace 4.000 millones de años.

A pesar de conocer todo esto, no había una imagen clara del antepasado debido a la forma en que los microbios evolucionan, compartiendo genes con otros microbios en lo que se conoce como transferencia horizontal de genes, lo que hace muy difícil para los investigadores saber si ciertos genes compartidos pertenecen a un antepasado en común.

Recordemos además, que los genes que desempeñan la misma función en un ser humano y en un ratón, están generalmente relacionados a un ancestro en común que se puede rastrear hasta el primer mamífero, por eso se pueden organizar ahora árboles genéticos evolutivos con mucha más precisión.

Y es aquí donde entra la brillante labor de los investigadores en la Universidad Heinrich Heine en Düsseldorf, Alemania, quienes examinaron bancos de datos de ADN, analizando los genomas de 2.000 microbios modernos secuenciados en las últimas dos décadas. De un total de seis millones de unidades genéticas, encontraron 355 que estaban muy extendidas entre los microbios; genes que LUCA transmitió.

Entonces ya sabes, nuestro antepasado común, ese que nos une a todos en la Tierra y que lleva cuatro mil millones de años existiendo, era extremófilo, anaeróbico y termófilo, lo que significa que prosperaba en ambientes extremos, vivía en un hábitat carente de oxígeno donde hacía mucho calor y se alimentaba de hidrógeno.

Ahora bien, no todos están de acuerdo en que la vida se originó en estos respiraderos volcánicos. Otros investigadores piensan que el Sol tiene una función básica en el desarrollo de la vida y por eso el punto de origen debió haber sido un charco de agua tibia en la superficie del planeta. La idea ahora es que los meteoritos que bombardeaban la superficie regularmente, se encargaron de transportar estos organismos hasta las profundidades del océano.