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EXTRAÑO KIM

Pánico a la paz, miedo al silencio, guerra de nervios con Corea del Norte



Corea del Norte, una montaña rusa de sensaciones peligrosas. Han llevado a la región Asia Pacífico a un escenario de tensiones golpeando a los mercados ante un peligro de crisis geopolítica.



Melvin Mañón / Actualizado 21 agosto 2017

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El gobierno secreto, la expresión política del establishment militar industrial necesita alimentar el clima de guerra porque, con la perspectiva de paz, sufre el valor de sus acciones en bolsa y declina su influencia y su poder. Eso no es nada nuevo, ya ha sido explicado, demostrado y denunciado antes.

Ahora, de lo que se trata es de mostrar con claridad y meridiana precisión como la “trama rusa”, “la coreana” y “la Iraní” han sido inventadas, gestionadas y administradas para arrastrar al rebaño y con la anuencia silente de este forzar decisiones políticas importantes y –paradójicamente- algunas de ellas no promovidas por Trump, sino a su pesar. 

¿Cómo justificar los miles de millones de dólares en el F-35 (el caza mas moderno y aun defectuoso del arsenal americano) si no hay un peligro de guerra? 

¿Cómo producir un aumento de 15 mil millones del presupuesto militar del país que ya era el mas alto de cualquier otro país del mundo si no existe un peligro latente de guerra en cualquier parte?

¿Cómo justificar en Gran Bretaña la renovación del programa del submarino nuclear Trident cuyo costo de 167 mil millones de libras esterlinas es tan alto que desafía no solo la imaginación sino el espacio de las calculadoras domésticas cuyas pantallas carecen de espacio para tantos números.

¿Cómo alentar, negociar y tramitar interminables ejercicios militares en la frontera de Rusia usando para ellos los antiguos países llamados “socialistas” que, todavía enojados por la memoria de la dominación soviética se prestan a jugar a la guerra, a la provocación y al acoso?

Sin el peligro inminente de guerra ¿cómo explicar y justificar las fortunas en sistemas de armamento, interceptores, misiles, guerra del espacio, ciberataques, bombas y superbombas convencionales, ampliación del arsenal atómico, en fin, toda la enorme, extensa, impenetrable y todopoderosa industria de la guerra?

Para legitimar esta locura ante la opinión pública internacional, ante los electorados respectivos, ante los organismos internacionales, ante las instancias de poder de cada país hace falta inventarse enemigos y en eso, el complejo militar industrial tiene experiencia, recursos y los medios para hacerle creer al rebaño las amenazas inexistentes creadas por ellos mismos.

Se necesitaba “un loco” oportuno en algún lugar remoto. Kim Jong-un cumple a cabalidad el estereotipo. Es un dictador al frente de un país que el rebaño desconoce por completo y que nosotros mismos nos hemos ocupado de aislar del resto del mundo a base de sanciones. Lógicamente, todo lo que nos digan del “loco de Corea” estamos dispuestos a creerlo porque incluso si tuviéramos dudas, ¿adonde iríamos a verificarlas?

Tenemos demasiado ruido en la cabeza como para razonar que no importan las bravuconadas ni el discurso. Corea del Norte no ha agredido ni atacado a nadie ni disparado un cañón contra sus adversarios. Y que como argumentaba William Cohen, exsecretario de defensa de los EE. UU. está claro que si Corea del Norte pasara a la agresión militar los Estados Unidos intervendrían “con fuego y con furia” en defensa de sus aliados. Pero esgrimir la amenaza o materializarla sin que haya habido ninguna acción militar de la otra parte es una locura. 

Pero el rebaño no se percata. La inmensa mayoría de la gente, pero con mucho, está preocupada y algunas alarmadas por lo que pueda hacer “el loco de Corea del Norte” y no se dan cuenta de que no hay tal loco y que si lo hubiera está del lado de nosotros. En verdad lo que hay es una manipulación masiva, consciente y sistemática del rebaño.

Arriba de todo eso nos dicen que una Corea del Norte con capacidad atómica es totalmente inaceptable y nadie se pone a pensar que eso mismo puede decir el otro lado del mundo del arsenal atómico israelí que ni se menciona a pesar de que, según documentos secretos publicados, los israelíes han estado en vías de usar bombas atómicas contra sus vecinos y enemigos árabes dos veces.

La misma película pero con otro argumento y otros actores empuja a la guerra contra Irán que tras haber sido acusada de tener un programa nuclear militar concluye en Suiza 2015 un acuerdo con EE. UU. y del que son signatarios otros 5 países. Israel es la única potencia nuclear del Oriente Medio y ha montado una campaña gigantesca  y exitosa contra Irán con la intención de preservar ese monopolio atómico cobijando sus agresiones bajo la sombrilla americana.

El lobby judío en EE. UU., el mas poderoso del mundo, manipula la política exterior de los Estados Unidos y peor aún, ejerce una capacidad comprobada de impedir el ascenso de legisladores, republicanos o demócratas, senadores o representantes que sean hostiles a la causa del sionismo y del apartheid israelí.  

Al rebaño se le ha vendido una imagen de los iraníes como gente barbuda, tosca, ignorante, atrasada, fanática, peligrosa y loca pero de nuevo, tenemos tanto ruido en la cabeza que no pensamos,  no podemos discernir y, el Irán de hoy, sigue siendo un gran desconocido para nosotros.

¿Cuántos occidentales lo visitan, cuantos turistas reciben por año?. Y qué sucede si comparamos esos datos con la publicidad, la información y la propaganda que sobre Israel recibimos todos los días por canales de TV y radioestaciones especializados, publicaciones, cine, discursos, periódicos. Por Dios, pero no, es imposible pensar porque para pensar hay que desalojar el ruido y acogerse al silencio.

Pero el rebaño no quiere el silencio, le teme; los lleva a pensar no solamente en la amenaza de la guerra sino en las cuentas por pagar, en las penurias de hoy y las incertidumbres de mañana. Es una decisión consciente, hemos decidido no pensar y muchos dicen que para poder seguir viviendo el día a día es imperativo dejar de pensar. 

Ni los iraníes, ni los coreanos del norte ni los rusos nos amenazan. Somos nosotros quienes vamos a sus costas, sobrevolamos su territorio, navegamos sus aguas, promovemos la subversión, asesinamos a sus científicos nucleares, es así pero el negocio es otro. Necesitan hacernos creer que estamos en peligro, que los rusos manipularon las elecciones del 2016 a favor de Donald Trump, una cretinada que encuentra apoyo entre la mayoría demócrata que prefiere esta versión a la aceptación de que Hillary Clinton siempre fue una mala candidatura.

Pero esa cretinada, que se mantiene día tras día en la primera plana de los periódicos y canales de TV en los Estados Unidos, se adereza con pimienta, vinagre, mostaza y verduras para asegurar un absurdo de tal complejidad que la gente no entiende, porque está diseñado para que no sea entendido sino aceptado y entonces todo eso tiene un agravante.

Como Trump es un tipo inestable, odioso, prepotente, ignorante, grosero y no se cuantas cosas mas, la denuncia de la “trama rusa” camina mas rápido y tratar de desenmascararla inevitablemente alimenta la creencia de que se trata de una defensa de Trump y ahí mismo pierde credibilidad.

El establishment arrastra al mundo no tanto a la guerra sino a la amenaza de esta que es la parte mas rentable a menos que se trate de guerra contra los llamados mangos bajitos. Al rebaño lo duermen con “despacito”, le suplen sexo, chercha, modas, modelos, vacaciones, farándula, autos e iconos deportivos o de cualquier tipo y todos bien y contentos excepto que desde las entrañas de una parte de este mundo levanta un sordo rumor “de justicia reclamada, de derechos pisoteados” y ya veremos si naufraga o si navega a buen puerto...