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LA BATALLA Y EL VIENTO

Agonía y victoria de Álvaro Quirós (-14) en el campo de Sicilia



Igual que en su día Lucio Postumo y Quinto Mamelio deshicieron el cerco a Aníbal Giscón para refugiarse en su poderío, aflojó el español en el The Rocco Forte Open...



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 21 mayo 2017

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Corría el año 261 AC cuando en Agrigento se libraba la primera gran batalla de las Guerras Púnicas. Lucio Postumo Megelio y Quinto Mamelio Vitulo con una fuerza de 40.000 hombres se proponían desalojar de allí a Aníbal Giscón.
 
La  plaza siciliana era un claro objetivo para asegurar su hegemonía en los mares y los suministros de trigo. El cartaginés pidió ayuda y bajo el mando del general Hannon llegaron 50.000 soldados de infantería, 6.000 de caballería y 60 elefantes.

Se sitiaron alternativamente romanos y cartagineses en sucesivos intentos de evitar el enfrentamiento en campo abierto. Al final, planteada la batalla, Lucio y Quinto derrotaron a Giscón pero no pudieron capturar al general.

Parece que en la derrota los elefantes – primeros de clase en memoria, pero con nota de  suspenso en estrategia - se desmandaron causando más espanto y bajas en la propia tropa que en la enemiga.

O acaso les mareó el viento del Mediterráneo que azotaba la costa. Potencia sin control no da la victoria. Elefante loco tampoco.

Corría el 21 de mayo de 2017. Del mismo modo que los ejércitos europeo y africano de la Batalla de Agrigento de hace veintitrés siglos, y en el mismo campo de Marte, se enfrentaban ahora en ronda final dos generales europeos hispánicos, Pep Angles y Álvaro Quirós, contra el africano de Sudáfrica Zander Lombard. Genio meridional contra cálculo austral.

Incruenta pero dura se encendía esta pugna entre los dos de cabeza: Quirós y Lombard. El experimentado jugador de Málaga (seis victoria en el Circuito) partía con una superioridad numérica sobre el africano. Nada más y nada menos que cinco golpes de ventaja y dieciocho por jugar. Enseguida Álvaro Quirós con una estrategia agresiva puso cerco con putts magistrales a los desaciertos de Zander Lombard.

Con este movimiento envolvente a las resistencias africanas, con una actitud de dominio, dentro del cerco se empezó a sentir hambre de victorias y frío de impotencias. Y así las cosas, para el hoyo 6 el español había logrado ya cuatro birdies, tres de ellos seguidos desde el hoyo 4. No había sangre en esta batalla, eso es verdad. Pero sí sudor frío y tensión ante semejante dominio que elevaba a siete el número de golpes de ventaja a falta de doce hoyos por jugar.

Entonces, igual que en su día Lucio Postumo y Quinto Mamelio, deshicieron el cerco a Aníbal Giscón para refugiarse en su poderío, aflojó el español en el The Rocco Forte Open. Su  marcha en el enfrentamiento pareció frenar. Zander Lombard se venía arriba y Álvaro Quirós abajo. Probablemente Lombard se vio beneficiado por un viento africano primo del siroco.

Ocurrían cosas a gran velocidad  y cargadas de tensión entre los dos de cabeza. El driver, ese “elefante” que le había dado sobrecarga de poderío y con el que atemorizaba a su rival, se rebelaba frente a las manos otrora expertas de Álvaro Quirós.

La bola como un elefante con el rabo ardiendo iba a cualquier lugar menos a la calle. Avanzado el torneo, la televisión dejó ver un rótulo que plasmaba bien a las claras lo que ocurría con los golpes largos: “en los últimos 9 hoyos (Álvaro) se ha dropado el mismo numero que en 61 anteriores”. Se dropaba para aliviarse de obstáculos, con la penalidad correspondiente y con la mordedura en el alma de que las cosas empezaban a fallar.

No sé si no tuvo más remedio, pero lo cierto es que el español abandonó en la segunda vuelta lo que parecía un plan de juego agresivo: ahora todo era protegerse con maderitas y golpes conservadores.

Entretanto, Pep Angles luchaba por defender su posición en el frente del tercer puesto. A veces en solitario, a veces acompañado. La tarde siciliana se ponía dura para todos. Terminó cuarto.

Álvaro Quirós, desde el hoyo 8 no hizo ni un solo birdie y cosechó cuatro bogeys y un doble bogeys. En tres hoyos hizo +4. Toda su renta de tres días se consumía. Su oponente, también sufría, pero no tanto, pues desde el hoyo 9 hizo el par: tres birdies para tres bogeys.

Pero él consiguió su objetivo elemental: empatar con el primero. Y ese primero, en el hoyo 72 con el que termina el recorrido regular, se dejaba un par de cuatro metros para forzar el desempate con el sudafricano: y lo metió, para jugar el playoff.

Desde su última victoria, en Dubái, 2011, habían pasado 5 años y 142 días. Y, probablemente era ese peso temporal un carga que encendía la tensión.

Al final, en el segundo hoyo de desempate, Álvaro Quirós torció la mano al destino, a los elefantes, a la historia y a las noches, largas noches, de pesadillas e insomnio.

“I am very happy”, declaraba a la televisión. Claro, ¡cómo no estar feliz! Está que brinca con una victoria que le asegura la tarjeta del Circuito Europeo, le permite jugar la semana que viene en  Wentworth y ha puesto en fuga a sus pensamientos negativos.

Hemos sufrido contigo Álvaro, y hoy, al ver este gran triunfo, podemos decir en siciliano: “avira la carnico senz’ ossu” (no puede tenerse la carne si hueso).