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UN RELATO QUE ABRUMA

Últimos días en el desierto, la prueba exigente de Rodrigo, el hijo de García Márquez



Narró y buscó el lado más humano de un Jesucristo encarnado por Ewan McGregor. Una película de exigencias para el espectador con el sello de la fotografía majestuosa de Emmanuel Lubezki.



Rick Blaine / Actualizado 31 marzo 2017

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En busca de respuestas, Jesús (Ewan McGregor) se adentra en el desierto. Allí es tentado por el diablo, que tiene la misma forma, es su réplica exacta.

Enfrentándose a él, como una prueba para demostrar su fe y de aceptar el futuro que le espera, se encuentra con una familia tratando de construir una casa en medio de la nada. Jesús sabe que debe seguir su camino a Jerusalén, pero no puede evitar el impulso de ayudar a estos seres humanos de carne y hueso. 

Filme escrito y dirigido por Rodrigo García. En el reparto, Ewan McGregor, Tye Sheridan, Ayelet Zurer y Ciarán Hinds.



La búsqueda de Rodrigo

Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez, Gabo, narró y buscó el lado más humano de un Jesucristo encarnado por Ewan McGregor.

Como director, buscó una vida muy diferente a la de su padre. En el mundo del cine, en el cine independiente norteamericano, y dejando su sello muy particular en series de éxito en la televisión como Los Soprano.

En muchas lecturas de esta película, que marca un giro en la carrera y obra de Rodrigo García, está la búsqueda también de su propia identidad. Negándose en cierta forma a quedar bajo la sombra de su padre.

A destacar el papel de Ewan McGregor, como Jesús y diablo. Y quienes sufren en un paisaje atormentado y brutal: el padre autoritario, el hijo rebelde y la madre sacrificada. Sensacional la fotografía de Emmanuel Lubezki, el maestro en que confían Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón. La fotografía es esencial con una belleza dramática.

Película impresionante pero muy exigente. Con una intensidad que desborda, e inluso agobia. Rodrigo García contó con con la interpretación solemne, y sin concesiones, de Ewan McGregor, Ayelet Zurer, Ciarán Hinds y Tye Sheridan.

Un relato de sacrificio y fe, lleno de espiritualidad, que merece la pena seguirse. Y que dejará a los espectadores, al margen de su sensibilidad y sus creencias, con respuestas a muchos enigmas personales. Una película sorprendente si se supera el esfuerzo de entrar en un escenario de soledad y angustia que abruma y sobrecoge.