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EL MEJOR PAPEL

Malvada soberbia de Bryan Cranston y la notable actuación de John Leguizamo



Brad Furman trae una propuesta de lo más atractiva, mostrando como se infiltran esos héroes anónimos que por seguridad y por sentido común nunca pueden tener un reconocimiento público.



Rick Blaine / Actualizado 16 diciembre 2016

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El Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI), gozó de un alto prestigio durante décadas, pero, a finales de 1980, se supo que “su solidez financiera se sostenía sobre un entramado de negocios ilegales que usaba a la institución para lavar dinero” y que, entre sus principales clientes, tenía al llamado Cartel de Medellín, por entonces, la más poderosa organización de tráfico de cocaína en el mundo entero, liderada por Pablo Escobar Gaviria. 

Así comenzaría la llamada Operación C-Chase para la cual se preparó al agente especial Robert Mazur, con el objetivo principal de que se infiltrara en el Cartel asumiendo la identidad de un hombre ya fallecido, Robert Musella, y caracterizándose como un multimillonario dispuesto a banquear dinero a través de Southern Air Transport, que, según él, se movía con compañías absolutamente legales.

En una operación que duraría dos años, el agente entraría en contacto con las directivas del BCCI, al igual que con Gerardo Moncada, el encargado de las finanzas del Cartel de Medellín, y así después también comenzaría un compromiso matrimonial con la también agente encubierta, Kathy Ertz, entonces presentada como Kathy Erickson.

Este hecho daría pie a un gran golpe cuyos resultados plenos se publicaron, primero en el libro de Mazur, The Infiltrator (2016) y ahora en la película Infiltrado con guion de Ellen Brown Furman y bajo la dirección de su hijo, Brad Furman.

En Infiltrado, Cranston también interpreta a un tipo común que por circunstancias extraordinarias se convierte en una pieza clave del narcotráfico, aunque en tiempos, lugares y situaciones muy diferentes. Inspirado en un personaje real, el actor encarna a Robert Mazur, un agente encubierto que se infiltró en 1986 en la intrincada red (ingreso y comercialización de drogas en los Estados Unidos, corrupción y blanqueo de dinero con bancos panameños con tentáculos en todo el mundo) cuya cabeza no era otro que Pablo Escobar.

La película va narrando poco a poco ese mundo en el que deben introducirse los agentes, sin prisas y con ciertos aciertos, elevando la tensión que atrapa al espectador, aunque con muchas referencias al cine del género, donde nombres como el de Scorsese se vienen rápidamente a la memoria.

El reparto, tiene a Bryan Cranston de nuevo muy atinado en el difícil rol de Robert Mazur (aunque sin ningún parecido físico); a Diane Kruger como la muy creativa y profesional prometida (con menos parecido aún); al colombiano John Leguizamo, como el extrovertido y osado agente Emir Abreu, y entre otros, a Benjamin Bratt y Elena Anaya, quienes, como Alcaíno y señora, dejarán ver la otra cara de la moneda.

Como ya hiciera con sus dos últimos trabajos, otros dos biopic sobre el guionista de Hollywood, Trumbo y el presidente Johnson, Cranston no sólo es lo más destacada de la película, sino quien levanta y sostiene un guión sin garra y de excesiva duración.


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