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CONTIENDA ELECTORAL

Donald Trump o Hillary Clinton: el final de una era en Estados Unidos



El sistema político de los Estados Unidos está herido y sangrando. La credibilidad de los candidatos es una expresión palpable de esa crisis y también del poder y de los límites del poder de esa maquinaria.



Melvin Mañón / Actualizado 29 octubre 2016

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Todo el mundo coincide en la singularidad y excepcionalidad de la contienda electoral en los Estados Unidos. El jueves 27 de octubre ha traído noticias que aseguran un agravamiento de las dificultades del proceso en marcha porque los documentos publicados que comprometen a Hillary Clinton y su esposo en actos de múltiples y flagrantes de prevaricación han tenido un impacto inmediato y profundo incluso dentro de los mismos medios de comunicación que han apadrinado a los Clinton y han fustigado sin cesar a su adversario Donald Trump.

Lo primero que debe señalarse es que ninguno de estos candidatos quienes rivalizan en la tasa de rechazo e impopularidad que generan hubiera sido capaz - años atrás- de conseguir la nominación presidencial de su partido. Si el electorado se enfrenta a una elección entre una bruja y un payaso la pregunta gigante es: ¿pero como fue posible? ¿como las maquinarias partidarias no lo pensaron antes?

Porque de hecho se sabía que tanto Trump como Clinton tenían colas para ser pisadas. Sin embargo, la maquinaria partidaria, las corporaciones y los medios a su servicio impusieron a Hilary Clinton por sobre Bernie Sanders y aunque no puede decirse que decidieran el apoyo a Donald Trump, no pudieron impedir su emergencia.

Estos candidatos son pues el resultado de un apoyo decidido de un sector de poder a un candidato reclutado de antemano a su servicio y por otro lado, la escogencia y nominación de un candidato indeseable y fuera de control cuya candidatura sobrevivió a la torpeza de todos los aspirantes republicanos y los intentos de su respectivas maquinarias por destruirlo.

Hay que tratar de imaginarse a la Clinton en la Casa Blanca con una tasa de rechazo enorme, una credibilidad por el suelo y sujeta eventualmente a ser sometida a la justicia por delitos cometidos; la prevaricación es un delito. Usar las influencias, las oficinas del gobierno y los cargos públicos para solicitar y obtener 60 millones dólares no es un mero conflicto de intereses. Es prevaricación y tarde o temprano sus adversarios o una parte misma del sistema irán a por ella. No lo duden porque el sistema tiene que emprender una jornada de saneamiento y lo hará.

Imaginarse a Trump en la Casa Blanca es tan difícil como la otra opción pero distinto. Si Trump ganara, lo cual dudo no porque no consiga votos sino porque la maquinaria, el sistema, la maquina, no puede permitirlo entonces ¿con quién gobernaría si su partido le ha desertado? ¿cuándo y cómo intentaría poner en marcha una parte pequeña de lo que ha prometido hacer? Si  Trump llegara a ser electo presidente e insistiera en seguir adelante con sus promesas, es un candidato perfecto para el magnicidio.

En cualquiera de los dos casos, el sistema político de los Estados Unidos está herido y sangrando. La credibilidad de los candidatos es una expresión palpable de esa crisis y también del poder y de los límites del poder de esa maquinaria. El sistema o complejo militar industrial y su indebida influencia política que ya denunciara el presidente Eisenhower en su discurso de despedida en 1960 o enero de 1961 está en entredicho.

La maquinaria que decretó el asesinato de Kennedy en 1963 y ha pautado toda la política posterior, está en entredicho. El poder de Wall Street, de las corporaciones farmacéuticas, alimentarias y financieras está en entredicho. La era de las enormes desigualdades que se han cobijado bajo este esquema están en entredicho.

No importa si la gente vota por Hillary considerando a Trump odioso, vulgar y fantoche o si evitando esas cualidades votan por Hillary a sabiendas ya de sus antecedentes. El sistema exige un cambio, una reparación a fondo, un apear el motor para anillarlo completo, con válvulas, pistones, cigueñal y block. En aviación eso se llama un "overhaul".  El punto de no retorno ya se ha pasado. De ahora en adelante, todo o casi todo tendrá que ser distinto. Una era política ha llegado a su fin con estas elecciones y eso es lo que verdaderamente está en juego.

Por lo demás si gana Cleveland o mi favorito Chicago es irrelevante. Hasta ayer no le atribuía posibilidades a Trump. Ahora las tiene. Pero repito, eso no importa. La crisis que se gesta es mas grande que cada uno de los candidatos y acaso la primera gran esperanza de un renacer democrático en los Estados Unidos porque ya Sanders demostró y lo ha ratificado Trump: la gente está harta de canallas, de mentiras, de trampas y reclama, por primera vez: un cambio.

En los Estados Unidos esta es la revolución más radical a la que puede aspirarse. Sanders representó eso a su manera, educada, culta, profesional. Trump también lo encarna y representa rompiendo paradigmas, asumiendo inconductas, desafiando, atropellando pero con una nota de autenticidad ausente en todos cuantos se le opusieron.
 

- Ver también, Metamorfosis (dónde, cuándo y cómo se j... todo) (Hechos de Hoy)