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FUERTE POR LAS HERIDAS

Exigente lucha contra el campo en el  Scottish Open que lidera Alex Noren (-8)



En el  Castle Stuart Golf Links cinco españoles han pasado el corte y tres en Top 20: Nacho Elvira (-2), 19º; Alejandro Cañizares (-10) 10º y Jorge Campillo (-6) 4º. Hay batalla.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 9 julio 2016

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Virescit Vulnere Virtus es el lema de los Stewart (o Stuart, en castellano Estuardo). De origen escocés, la estirpe es una de las más aristocráticas de Europa. Y precisamente el European Tour ha recalado esta semana en el Castle Stuart Golf Links, que toma su nombre de la cercana casa torre de ese clan.

El terreno fue un regalo a James Stuart, primer conde de Moray que su hermana María, reina de Escocia le hizo en 1619. Desde ese año hasta 1625 se procedió a la construcción de la fortaleza. Poco duró el regalo, pues, tras la ejecución de Carlos I en la guerra civil inglesa, el clan cayó en desgracia y el castillo quedó abandonado durante siglos.

Hoy es un estupendo hotel que facilita a la imaginación transitar por la Historia de Escocia, pasear por la costa del estuario de Moray (Moray Firth) y padecer pesadillas entre muros de fría piedra y el vendaval del Mar del Norte.

Si desea que las pesadillas sean del modelo inolvidable, lo aconsejado es haber cenado previamente Haggis, plato típico elaborado a base de vísceras de cordero, harina de avena y hierbas aromáticas. Se cuenta que las primera Reglas de Golf (nuestras Rules) salieron de la mente – sin duda gravemente alterada - de un aborigen de las Highlands que digería como podía durante una noche de tormenta la ingesta de ese plato o de un Scotch Broth, especie de sopa con la base de un fuerte guisado de carne de cordero.

El coraje crece fuerte por las heridas, así podría traducir, ese le lema del clan- Virescit Vulnera Virtus - que toca la médula de espíritu del golf: caballeresco, atrevido y señorial, siempre dispuesto a tragarse el orgullo de un putt fallado de un metro sin siquiera un rictus de desagrado o fortalecido para renovar fuerzas en la revancha del partido del fin de semana en el Club.

Que el coraje crece fuerte en las heridas se va a demostrar en el fin de semana, en el Aberdeen Asset Management Scottish Open, en adelante Scottish Open. Porque el Castle Stuart Golf Links es link en estado puro. Sus calles están arrancados al pasto de eso corderos cuyas vísceras sirven para hacer sopa; su zona fuera de calle – el rough – es una salvaje acumulación de festuca y otras plantas tragabolas que pueden partir la muñeca del jugador; los greens, pardos, rápidos, sinuosos e innoble como el pensamiento del corsario Drake apenas se distinguen del fairway.

En fin, el campo que los profesionales más exigentes prefieren para demostrar su hegemonía, pero que luego lamentan, en muchos casos haber recorrido. Porque cuando uno impulsa una bola con el golpe de una madera espera que esta responda a la estadísticas; y si siempre consigue uno con ese golpe 230 yardas rectas cerrando levemente de derecha a izquierdas, es muy difícil aceptar que la bola, acaso aliada con el viento de Inverness, ejecute exactamente la trayectoria inversa, es decir, abierta de izquierda a derecha, para acabar en un bunker, original y profundo refugio de manadas de ovejas.

Cuando un profesional ve que sus propósitos de juego los desbaratan el campo, el viento, la festuca y los bunkers del recorrido la paciencia se consume y el hervor del mal espíritu sube del ombligo al cortex prefrontal dando órdenes de rebeldía a todo el cuerpo.

Por ello, después de haber visto horas y horas la desigual batalla de estos caballeros contra los elementos no dejo de admirar cómo en ellos se cumple ese lema: “el coraje crece fuerte por las heridas”. Entre todos ellos merecen puesto de honor los dos únicos profesionales que consiguieron hacer menos de 70 golpes – que se dice pronto-  el jueves: el chileno Felipe Aguilar y el australiano Scott Hend. Si el tercer conde de Moray hubiera contado entre sus capitanes un par como éste, seguro que la historia de Escocia habría sido otra más existosa.

El viernes, permitió algo de serenidad, porque el viento no sopló violento hasta la tarde, pero aún así tampoco fue fácil. Sí hubo cuatro jugadores que hicieron 6 golpes por debajo del par: el sueco Alex Noren; el neozelandés Danny Lee;  y los españoles Jorge Campillo y Alejandro Cañizares. Toda una gesta.

A Alejandro Cañizares le hemos visto otras veces en los alto de la tabla y ganar campeonatos: The Imperial Collection Russian Open (2006) y el Hassan II Golf Trophy (2014).
Pero Jorge Campillo, siempre en la batalla, no acaba de cuajar el torneo redondo. Tiene dos Top 10 este año. Por eso el 4º puesto con el que encara el fin de semana es toda una fuerza salida desde las heridas de tantas batallas, semana a semana, en el European Tour, que le dotan del coraje, que le hacen crecer.

El Scottish Open tiene pedrea: los primeros cuatro jugadores que estando clasificados entre los doce primeros, no tuviesen ya por otros motivos el puesto para jugar el Open Championship  - British de la semana próxima –, lo conseguirían de este modo.

Si no fuesen golfistas y sí piratas, habría mucho puñal entre los dientes.