hechosdehoy.com
Comunidad de blogueros

LESIÓN DEL RESPETO

Lo proclamo alto y claro ¡Yo no soy Charlie! No soy ni quiero ser así



Un año después del atentado a Charlie Hebdo, el semanario publica una viñeta alusiva a la muerte del niño Aylan Kurdi y a las vejaciones sexuales sufridas por mujeres en Nochevieja en Colonia.



Germán Loewe / Actualizado 23 enero 2016

fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo
En septiembre de 2015 una fotografía sacudió al mundo: el cadáver de un niño sirio, Aylan Kurdi, tendido boca abajo sobre una playa turca. El mar lo arrastró hasta allí, vestido todavía como cuando subió con su familia de refugiados a la embarcación que luego se hundió.

Aylan no sabía nadar y se ahogó, junto con otros muchos. Una víctima inocente más, de una guerra cruel e injustificable como todas las que son y han sido. El pequeño Aylan huía del infierno y aspiraba a alcanzar la tierra prometida de nuestra vieja Europa. Si existe el Paraíso, espero que ahora se encuentre allí, refugiado y seguro para siempre. Y a salvo de todos los ejemplares adultos de la especie humana, que es la más depredadora del planeta.
 
En enero de 2015 unos fanáticos yihadistas mataron a tiros a varios periodistas del semanario satírico parisino Charlie Hebdo, por haberse burlado del Profeta. La solidaridad internacional se hizo patente de inmediato. El lema que la encarnaba era “Yo soy Charlie”. El mundo libre se rebelaba así contra la barbarie. Contra la justificación de matar para vengar una afrenta o un insulto, aunque éste lo fuera con intención de sátira, muchas veces favorable al pretendidamente insultado.
 
Un año después, enero de 2016, Charlie Hebdo, fiel a su trayectoria ininterrumpida de provocación mediante la sátira descarada, el cinismo y el sarcasmo, publica una viñeta alusiva a la muerte del niño Aylan Kurdi y a las vejaciones sexuales sufridas por muchas mujeres en Nochevieja en la ciudad de Colonia.
 
“¿En qué se habría convertido el pequeño Aylan si hubiera llegado a adulto? En magreador de culos en Alemania.” Este texto viene ilustrado por una viñeta donde varios hombres con cara de cerdo corren detrás de una mujer.
 
Ante este uso cruel y despiadado de una tragedia humana para fustigar conductas o actitudes, se plantean de inmediato preguntas atropelladas, más allá de la indignación de muchos, de la connivencia de otros y de la ira larvada y generadora de odio de los musulmanes.
 
¿La libertad de expresión es absoluta o debe tener límites? Atendiendo al concepto filosófico-moral de libertad, como facultad del hombre para hacer o decir lo que quiera, o sea para hacer el bien o el mal, parece innegable que no sería admisible ninguna coerción previa al ejercicio de esa facultad. Sino entraríamos en el oscuro mundo de la censura, propio de sistemas políticos antidemocráticos. La única censura previa admisible es la de nuestra propia conciencia. Por lo tanto no puede haber barreras para el ejercicio de la libertad.
 
Otra cosa son las consecuencias de ese ejercicio, cuando se han traspasado “líneas rojas”, que deben estar previstas y tipificadas en el código penal de todo estado de Derecho. Y en tal caso la Ley permitirá actuar de oficio a los poderes públicos o bien a instancia de parte mediante interposición de querellas.
 
Y si lo dicho o escrito y publicado vulnera la Ley, al incitar al odio o al atentar contra el honor y la intimidad de las personas, entonces las consecuencias penales deben recaer de forma contundente en los autores. Lo cual, a su vez, debe cumplir la doble función de disuasión para futuras publicaciones delictivas y de ejemplaridad de cara a la opinión pública.

Siguiente pregunta: ¿Cómo debemos entender o interpretar la provocadora viñeta de Charlie Hebdo?
 
Primera interpretación:
Según la redacción del semanario, todos los refugiados varones son musulmanes y todos son potenciales “magreadores” de mujeres. Por consiguiente también el pequeño Aylan Kurdi hubiera entrado en esa categoría, de haber vivido. Las caras de cerdo de los perseguidores harían alusión a las “marranadas” que pretenden cometer.
 
Segunda interpretación:
La redacción del semanario utiliza su cáustica arma satírica, no porque ellos piensen de ese modo, sino como expresión de lo que ellos creen que piensa la derecha cristiana conservadora en Francia y en todo Occidente. Es decir, sería un varapalo contra la derecha xenófoba y egoísta, que se dice cristiana pero que desoye claramente el mandato cristiano del amor al prójimo, de la compasión y solidaridad con el desgraciado.

Aflora la animadversión contra el musulmán, al que se identifica con la Yihad, el terrorismo, el fanatismo y el desprecio a la mujer. El semanario escarnecería así a todos los europeos instalados en el bienestar, a los que repele instintivamente la idea de tener que admitir la entrada en nuestros países de unos refugiados musulmanes que nos odian y encima vejan a nuestras mujeres. Además les ponemos caras de cerdos, para humillarlos aún más con la imagen del animal que más detestan.
 
Tercera interpretación:
Esta sería la peor de todas. La más cruel, venga de quien venga. Como resulta que todos los “moros” son potenciales acosadores sexuales, y el pequeño Aylan habría sido uno más, entonces más vale muerto. Uno menos.
 
En definitiva, cualquiera que haya sido la verdadera intención de Charlie Hebdo al publicar su viñeta, la mera realidad objetiva del texto y de la imagen de los dibujos constituyen ya sin más una repugnante lesión del respeto debido a una víctima inocente. Instrumentalizar la muerte trágica de un niño para blandirla como herramienta satírica con los fines que se quieran, resulta una obscenidad intelectual, que es la peor de todas.
 
Sería curioso saber cómo reaccionarían los periodistas de Charlie Hebdo, si otra publicación, árabe u occidental, hubiese hecho burla explícita del asesinato de sus compañeros a manos de los yihadistas. ¿Lo encajarían como broma aceptable en nombre de la libertad de expresión??

Sólo queda esperar y desear que sobre este libelo caiga el peso de la Ley, si es procedente en Derecho. Y sobre todo, que se le aplique el peor de los castigos: que sus lectores le vuelvan la espalda y tenga que cerrar.
 
Por eso yo proclamo alto y claro: ¡YO NO SOY CHARLIE!!