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HONESTOS REGRESOS

Tom Hardy siembra el terror, zombie Arnold Schwarzenegger y Juan Taratuto



Los gemelos y gángsters Kray de Brian Helgeland con Emily Browning y David Thewlis, Abigail Breslin con Henry Hobson, y "Eisenstein en Guanajuato" de Peter Greenaway.



Rick Blaine / Actualizado 8 enero 2016

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Las películas de gángsters han sido tal vez uno de los géneros más antiguos en la historia del cine, y uno de los que más influencia ha tenido en la cultura popular. Dos versiones de Scarface (1932 y 1983), una trilogía de El Padrino y varias películas de Martin Scorsese, han sido la referencia mundial a la hora de plasmar en nuestras mentes la vida, historia y resultados de ser un gángster.

El director y guionista Brian Helgeland (Mystic River, L.A. Confidential, Man on Fire) decide contar la historias de los hermanos Reggie y Ronnie Kray, dos de los más conocidos delincuentes de la historia en Inglaterra. Estos construyeron un imperio en la década del 60, a base de lavado de dinero, asesinatos y extorsión.

La historia de los hermanos Kray ya fue previamente contada en la película The Krays del director Peter Medak, en 1990. Medak utilizó a los hermanos gemelos Gary y Martin Kemp (de la banda Spandau Ballet) para la personificación de los gemelos. Helgeland se arriesgó un poco más.

Utilizando efectos visuales y el enorme talento de Tom Hardy, Helgeland utiliza al mismo actor para ambos papeles, algo poco visto en el cine. Hardy no es nuevo en estos andares, ya que hizo el “doble” papel de Charles Bronson y Michael Peterson en la afamada película Bronson del 2008, dirigida por Nicolas Winding Refn. Dicho papel puso en el mapa cinematográfico la estampa de Hardy.

Aparte de Hardy, los demás personajes carecen de sentido e interés, incluso el interés romántico de Reggie por Frances Shea (Emily Browning) hace que ella carezca de interés, aun siendo parte importante de la narrativa, ya que la película es contada a través de sus ojos (o su voz en este caso).



Maggie es un drama con todas las de la ley, esta película te hace soltar aunque sea una mínima lagrima sin poder evitarlo por la manera en que está contada. Y la culpa de ello la tienen todos sus actores y el entorno en el que se mueven, incluyendo al actor austriaco que ofrece aquí  uno de los mejores papeles de toda su carrera y sin duda el más sincero de toda su filmografía.

A Arnold Schwarzenegger lo acompaña una joven promesa del cine que se pone en la piel de Maggie la hija de nuestro co-protagonista, interpretada por Abigail Breslin (Zombieland, Little Miss Sunshine) es la que padece la enfermedad terminal y el principal eje de la cinta.

La película comienza con el típico entorno de invasión zombie en donde las ciudades y carreteras son un desastre, mientras nos dan a conocer a Wade quien lleva dos semanas buscando a su hija que ha escapado de casa, cuando la encuentra ve que ha sido mordida por un zombie y la lleva al hospital para que le hagan el diagnóstico y con ello reciba el palo de saber que su hija tiene dos semanas antes de convertirse en un no-muerto.

Esta idea provoca un choque enorme en su familia y le plantea a Wade qué hacer con su hija, que es lo que más quiere en su vida, y no se podría permitir llevarla a un lugar en donde se encuentran miles de infectados peligrosos, por eso decide gracias a la ayuda de un doctor amigo de la familia traerla a casa en donde Maggie pasara sus últimos días como humana, aunque eso pueda significar el temor de su madrastra y el peligro que puedan correr quienes le rodean. Joely Richardson, J.D. Evermore, Laura Cayouette, Amy Brassette, Dana Gourrier, John L. Armijo y Aiden Flowers son sus protagonistas. 



Uno de los géneros más difíciles de realizar adecuadamente es el del terror. Por un lado es sumamente fácil caer en clichés y, por otro, hoy en día los espectadores son cada vez más difíciles de sorprender. Desafortunadamente, Exorcismo en el Vaticano no consigue brillar en la cartelera.

La historia gira alrededor de una mujer joven, Angela (Olivia Taylor Dudley), quien es sometida a una serie de estudios médicos y psiquiátricos con el fin de encontrar la razón de su repentino y extraño comportamiento. ¿Les suena conocido? Si han visto cualquier película de exorcismos, debería.

De ahí en adelante, incluidos los dos sacerdotes a quienes mandan llamar (obviamente, uno joven y uno experimentado), la cinta se suelta en una caída libre pegándole a cada uno de los clichés imaginables en una película de terror. De todo esto, lo más interesante es una escena en la que ella escupe tres huevos representando a la Santísima Trinidad. Michael Peña, Olivia Taylor Dudley, Dougray Scott, Kathleen Robertson, Djimon Hounsou y John Patrick Amedori son sus protagonistas. 



Durante la ocupación alemana de Holanda, en 1943, en plena II Guerra Mundial, Tuur y Lambert son los mejores amigos. Sin ser del todo conscientes de la situación en la que vive su pequeña ciudad, juegan a la guerra por el bosque y van al colegio con aparente normalidad.

Pero todo eso va a cambiar pronto, entre otras cosas por la llegada de una nueva alumna a la escuela, de la que ambos quedan prendados sin saber que su destino está marcado. Inevitablemente, Tuur, cuya familia tiene lazos secretos con la Resistencia, y Lambert, cuyos padres colaboran con los alemanes, verán puesta a prueba su amistad, cuando el primero descubra que incluso la vida de su familia está en peligro. Maas Bronkhuyzen, Joes Brauers, Pippa Allen, Luc Feit, Eva Duijvestein, Loek Peters, Annemarie Prins y Nils Verkooijen completan el reparto. 



Eisenstein en Guanajuato es el nuevo filme del director Peter Greenaway que regresa con su estilo más codiciado, extravagante e innovador como nos tiene acostumbrados. Presentada recientemente en el Festival de Cine Europeo en Sevilla. La cinta se centra en el momento en el que el cineasta soviético Sergei Eisenstein vivió en México, protagonizado por Elmer Bäck y su guía en la ciudad Palomino Cañedo, Luis Alberti.

Elmer categoriza con exactitud al brillante director ruso de los años 30, que luchó no solo con un país en llamas liderado por Stalin sino con las costumbres tradicionales del cine de Hollywood, no reflejaban su manera de trabajar. Logrando escapar de ese universo comunista y conservador, viaja a Guanajuato para grabar su nueva película, donde las imágenes y el uso de personas de ‘la calle’, le caracterizaron. Al llegar se encuentra un mundo distinto, donde el culto a los muertos es fundamental. Un cineasta en muchas ocasiones alocado, divertido y entusiasta.



Papeles en el Viento es una entretenida comedia sobre la amistad, la palabra empeñada y la pasión futbolera. La película suma un elenco acertado, un director popular y la temática de un escritor como Sacheri, conocedor del paño y sus códigos. La trama tiene algunos agujeros y ciertos chistes predecibles, además de una moral poco ecuánime, según la cual, la clase media venida a menos, puede estafar siempre que sea con buenas intenciones.

Con el fútbol de por medio, la película se permite una buena dosis de machismo y también algunos chistes comerciales. El humor no excluye una mirada bastante crítica a los tejes y manejes del mundo del fútbol, con sus representantes, algunos periodistas manipuladores de opiniones a cambio de dinero y jugadores que tiran un día para delanteros y otro para zagueros. Aunque toda la trama es para poner a prueba la fidelidad y resistencia del vínculo amistoso de los protagonistas.

La película incluye un reparto interesante, donde sobresale Pablo Rago con un rol diferente a los realizados hasta el momento, tanto en su composición como en su apariencia física, y bien secundado por Peretti, Echarri y Torres. Cabe mencionar la eficaz participación de Daniel Rabinovich (del grupo Les Luthiers) en el rol del periodista deportivo.
 



 



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