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COMEDIAS DESGARRADORAS

Emocionante viaje de Joe Wright, frescura de Thomas Mann y violento Owen Wilson



Hugh Jackman como Barbanegra en "Pan (Viaje a Nunca Jamás)", la mejor forma de Alfonso Gomez-Rejon, John Erick Dowdle y la evolución de Pierce Brosnan.



Rick Blaine / Actualizado 9 octubre 2015

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Pese a que cuenta con un gran número de actores reconocidos, Pan (Viaje a Nunca Jamás) no tuvo demasiada suerte en la gran pantalla. Tenía buenos ingredientes, pero según las primeras reseñas de la crítica estadounidense, esta precuela fracasó estrepitosamente en su intento de plantear un nuevo punto de vista del relato popularizado mundialmente por Disney.

“Los actores tratan duramente de mantener la energía pero nunca lo hacen con una sincronía convincente y, a excepción de Peter, los personajes no se comportan como las imágenes preestablecidas de ellos”, fue una de las reseñas realizadas por Todd McCarthy de THR.

"Sobreactuaciones (incluyendo la de Hugh Jackman), un espantoso aspecto visual e ideas a medio cocinar plagiadas de mejores películas hacen de una historia de orígenes una horriblemente horrible aventura”, añadió Alonso Duralde de The Wrap.

En ella, Peter, un chico rebelde de 12 años, ha pasado toda su vida en un sombrío orfanato de Londres. Durante una noche delirante, se ve transportado desde el orfanato a un mundo fantástico de piratas, guerreros y hadas llamado Nunca Jamás. Mientras vive extraordinarias aventuras, intenta descubrir por qué su madre lo abandonó en el orfanato después de nacer.

En compañía de la guerrera Tigrilla y de su nuevo amigo el Capitán Garfio, Peter debe derrotar al implacable pirata Barbanegra para salvar el país de Nunca Jamás y descubrir su auténtico destino: convertirse en el héroe que será conocido para siempre con el nombre de Peter Pan. Entre su particular elenco se encuentran rostros conocidos como Levi Miller, Garrett Hedlund, Hugh Jackman, Rooney Mara, Amanda Seyfried y Adeel Akhtar.



Llega a ser una tarea totalmente difícil tener que plasmar en la gran pantalla un tema doloroso como es una grave enfermedad, sobre todo cuando el principal afectado es un niño o adolescente. Caer en la sensiblería y el llanto es algo que suele ocurrir cuando se dan estas historias. Yo, él y Raquel se aleja estrepitosamente de esa fórmula.

El hecho de que una persona cercana deje de existir efecta notablemente a la vida de cada persona. Todos aquellos actos que se producían de manera regular, ya sea un beso de buenas noches o un paseo por el parque, sin excepción, son interrumpidos con efecto inmediato y permanente.

En cualquier caso, la muerte no debería de ser un motivo de preocupación para un adolescente que apenas está empezando a adaptarse a la vida. Alguien como Greg, un joven que defiende su privilegiada situación camaleónica en el último año de instituto, ya tiene bastantes problemas y responsabilidades como para además preocuparse por posibles fallecimientos ajenos. Así comienza Me and Earl and The Dying Girl (Yo, él y Raquel), con la perfecta relación entre una adolescente en un estado bastante avanzado de depresión, y un amigo a la fuerza. Thomas Mann, Olivia Cooke, RJ Cyler y Nick Offerman son sus protagonistas.



Una familia acaba de trasladarse a un país extranjero para comenzar una nueva etapa en su vida. Pero su recién estrenada tranquilidad se ve alterada cuando se encuentran en medio de un Golpe de Estado. Desesperados viendo el trato brutal y salvaje que se les está dando a los extranjeros en medio de la revuelta, buscarán una vía de escape que les aleje del centro del conflicto. Esta es la sinopsis que se presenta en Golpe de Estado. En ella, Owen Wilson se aleja una vez más de la comedia desde Tras Líneas Enemigas, con una película llena de acción y suspense.

En Golpe de Estado no existe una verdadera transición hacia la violencia extrema que se muestra, no se deja de manifiesto una evolución de los personajes por la brutalidad que los rodea. Pese a que la cinta está filmada con una cámara en movimiento que acentúa la inestabilidad y el caos que rodea a la familia Dwyer, el guión es responsable de que la trama sea inverosímil y grotescamente predecible por momentos.

El director John Erick Dowdle lo escribió junto a su hermano, y productor, Drew Dowdle. También es destacable exJames Bond de Pierce Brosnan (un misterioso hombre llamado Hammond) que llegará para salvar la situación. 



En El Coro, Step (Garrett Wareing), un conflictivo niño de once años, acaba de perder a su madre en un accidente de tráfico. El joven tiene un don extraordinario para la música, por lo que, gracias a la ayuda económica de un padre biológico que nunca ha querido saber nada de él, ingresa en una prestigiosa escuela cuyo coro infantil viaja por todo el mundo. Además de las diferentes confrontaciones con sus compañeros, primero por ser el nuevo y más tarde por pura rivalidad, tendrá que enfrentarse al exigente maestro de la escuela (Dustin Hoffman), que no parece especialmente alegre por su presencia.



Cuatro hombres conviven en una retirada casa de un pueblo costero, bajo la mirada de una cuidadora. Los cuatro hombres son curas y están ahí para purgar sus pecados. La rutina y tranquilidad del lugar se rompe cuando llega un atormentado quinto sacerdote y los huéspedes reviven el pasado que creían haber dejado atrás.

Las actuaciones son brillantes: Alfredo Castro, Alejandro Goic, Alejandro Sieveking, Jaime Vadell y José Soza están perfectos, totalmente medidos, interpretando a estos sacerdotes cuyo pasado los condena pero no los persigue. Si hasta pareciera que están de vacaciones en vez de estar viviendo el castigo de “penitencia” que impone la justicia católica.

El club es un drama psicológico de alto voltaje, triste y desgarrado, que toca un tema polémico y que la Iglesia siempre se ha encargado de intentar tapar: el de los abusos sexuales de algunos curas hacia niños inocentes.