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BIENESTAR PROPIO Y DESGRACIA AJENA

Viktor Orbán olvidó la invasión soviética de 1956 con 200.000 refugiados húngaros



La crisis de los refugiados tensó la relación de la Comisión Europea con Hungría. El primer ministro llegó a sugerir que los refugiados musulmanes ponen en peligro a la cristiandad europea.



Melvin Mañón / Actualizado 10 septiembre 2015

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Los mismos dirigentes europeos que acosados y abrumados ahora confrontan la crisis migratoria fueron quienes alegre o al menos servilmente apoyaron a la derecha estadounidense a derrocar a Sadam Hussein en Irak, persiguieron y asesinaron a Muamar Gadafi en Libia y en ambos países dejaron desorden y caos equiparables a una guerra civil.

Ensayaron el mismo esquema con Bachar el Asad en Siria pero en lugar de derrocarlo desataron una guerra particularmente sangrienta que ya dura cuatro años. ¿Querían el petróleo de Irak y de Libia? ¿Valoraron la complicidad con EE. UU. e Israel para destruir a Siria? Bueno, cojan el petróleo y sigan haciendo de cómplices pero también asuman las consecuencias: cientos de miles de refugiados agolpados ya del lado europeo y una población potencial estimada en 20 millones de personas lista para hacer lo mismo.

Como efectos colaterales de las bombas lanzadas por todas las partes sobre la población civil y como los efectos secundarios de los medicamentos que uno consume cuando está enfermo, cientos de miles de emigrantes sirios, afganos, iraquíes, somalíes, etc. a diario viven y mueren la aventura de emigrar. Pronto vendrán también otros cientos de miles de Yemen. Sangre nueva y fresca. Vitalidad e irreverencia. Determinación y enojo, ira, la furia de los despojados a las puertas de la prosperidad lista para violar cualquier frontera.

Y cruzarán los mares, desiertos y precipicios de cualquier manera, no importan las alambradas ni las murallas. Nadie está dispuesto a morir de hambre y de penurias viendo comida y bienestar del otro lado de la frontera. No hay Europa que pueda lidiar con eso. La gente que vive de horarios, de compras, de mimos, sexo, drogas y disfrutan un elevado nivel de vida y de servicios; las generaciones de las post guerra que nunca conocieron la pobreza extrema, el hambre, el asesinato, las persecuciones y los bombardeos, no pueden ni quieren lidiar ni acomodar esta nueva realidad que las invade.

En esta Europa de hoy tanta gente es capaz de enloquecer de entusiasmo y de violencia, irse a los puños y volverse homicida en un partido de futbol pero no son capaces de compasión ni solidaridad para acoger los náufragos que resultan de su propio saqueo. Esas juventudes europeas enloquecen en medio de los espectáculos musicales con artistas y grupos de moda pero les importa un carajo el sufrimiento ajeno y no reconocen ni se percatan de su parte de culpa en el mismo. Esos inmigrantes indeseados son un estorbo, un lastre, una amenaza y no son bienvenidos.

El primer ministro conservador de Hungría Viktor Orbán, recordando un poco de la propia historia húngara de los siglos XI, XVI y XIX entre otros, ha dicho que no quiere musulmanes en su país, que no son bienvenidos y con orgullo ha señalado que no hay una sola mezquita en Hungría donde la nueva ley no reconoce el Islam. Orbán, ha advertido al resto de Europa que si acepta a esos refugiados que tocan a su puerta está condenándose a si misma a la desnaturalización y a la muerte por las consecuencias futuras que convertirán a los propios europeos en minoría dentro de sus respectivos países. Orbán, desde el punto de vista histórico tiene razón pero esa posición es políticamente indefendible y culturalmente inaceptable.
 
Como se explicó antes en el primer artículo titulado Turbulencia migratoria, el húngaro apunta al viejo dilema ya vivido por varios emperadores romanos entre los siglos II y IV. Negarle la entrada a los bárbaros del este que huían de las huestes de Atila y los hunos estaba mas allá de las posibilidades del imperio en ese momento. Haberlos aceptado como hicieron Valeriano y Valente aceleró la descomposición interna y condujo a la preeminencia de dichos bárbaros justamente como ocurrirá ahora y exactamente por las mismas razones, porque ningún pueblo que haya disfrutado de bienestar y paz durante décadas puede competir en capacidad de supervivencia con otros pueblos hijos del hambre, la inseguridad y la violencia. Los primeros engordan y se aposentan, pierden la vitalidad, el impulso mientras que los segundos están equipados, por necesidad, con una extraordinaria capacidad para sobrevivir; son luchadores naturales.

La invasión de sirios, iraquíes y otros buscando refugio cambia la ecuación y la actitud de los dirigentes europeos respecto a la guerra y las políticas que han seguido. Una de las primeras consecuencias de esta crisis migratoria en Europa será un renovado interés de esos países por ponerle fin a la guerra en Siria, el mismo conflicto que durante años han alentado los países de la OTAN sumándose, como consigna el presidente Vladimir Putin, a las políticas impulsadas por Washington.

La prisa por acabar con esa guerra y por moderar los conflictos en la región viene desatada ahora porque ya esa crisis afecta directamente la estabilidad de las sociedades europeas, de lo contrario podían haberlos dejado que se mataran durante décadas. Ahora es distinto, los conflictos provocados en el Medio Oriente tienen un impacto directo e inmanejable en Europa. Hay que actuar y lo harán pronto. No lo dude el lector.

Como dijo R&M en una vieja canción: This is the end of the world as we know it, and I feel fine. También, y como escribiera Fidel Munnigh en el prologo a mi libro Travesía el 4 de agosto del 2009: "Melvin sigue hoy de cerca la crisis global del sistema capitalista y sus efectos devastadores para un ordenamiento mundial esencialmente injusto y desigual; la estudia, la analiza, la comenta, con una especie de fervor, de placer y delectación, como si estuviese frente a un objeto de laboratorio. En el fondo, la goza íntimamente, se atreve a pronosticar su derrumbe definitivo. Aun mas: lo desea con vehemencia. Creo que es su manera personal de vengar la muerte de la utopía socialista en la que ambos creímos”.



- Melvin Mañón, escritor y reputado analista, reside en la actualidad en República Dominicana.