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DIEZ VICTORIAS EN EL PGA TOUR

McIlroy derrota a Gary Woodland y gana el Cadillac Match Play en San Francisco



El nº 1 del mundo, el norirlandés Rory McIlroy se exhibe - 4&2 – en el WGC Cadillac Match Play. Danny Willet arrebata 3&2 la tercera plaza a Jim Furyk.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 4 mayo 2015

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El de Kansas, Gary Woodland, no tenía mucho que hacer después de que Rory se adelantase desde los primeros hoyos: llegó a tener 4 hoyos de ventaja ya por el hoyo 5. Aunque Woodland acortó distancias, su fallo de un muy corto putt en el hoyo 14 que le hubiera dado un impulso, supuso el comienzo de una caída libre hasta la derrota.

Si suele decirse que la mentira tiene las patas muy cortas, podríamos decir que los putts cortos son la verdad de los Match Play. Ganar un hoyo con un putt largo puede no darte alas, pero fallar uno de un metro recorta algo más importante: las ganas de volar.
 
O, más profundamente, la seguridad de que la gravidez de tu juego permita al espíritu elevarse desde la postración. Eso pareció sucederle al juego de Gary Wooland. Un pesada losa sobre su confianza restaba fluidez a su swing con el driver que, casi invariablemente, enviaba la bola al rough de hierba enredosa y áspera y, no pocas veces, justo detrás de un árbol. Así, sin un discurrir armonioso y entre horizontes cerrados por cipreses no hay quien juegue al golf con eficacia. No hay quien venza. No hay quien piense.
 
Lo mejor que hemos visto del norteamericano es un rostro que reflejaba serenidad ante tal montón de situaciones adversas. No se si es flemático, pero si se comporta como un caballero como cuando con el gesto de un pulgar hacia arriba felicitaba a su compañero contrincante, quien acababa de ejecutar un espectacular flopply – bola de sube y baja en pocos metros – para tomar ventaja.
 
La tarde se concentraba en silencios cerca del Pacífico. Los hoyos se iban terminando en el TPC Harding Park de San Francisco y la corona de laurel esperaba al contrincante victorioso: o Gary Woodland o Rory McIlroy.
 
Pero el espíritu de Gary estaba ausente como si no tuviera vibraciones, ni entre sus sienes se escuchara aquella canción de otro Mc –Scott McKenzie -: “If you´re going to San Francisco / Be sure to wear some flowers in your hair / If you’re going to San Francisco / You’re gonna meet some gentle people there”.
 
Sí se encontró personas apacibles. Pero no condescendientes, al menos en el terreno deportivo, donde su adversario planteó un partido a cara de perro. De perro amable y gentil si quieren, pero luchador.
 
El día era para Rory McIlroy, y yo me alegro, aunque sea porque no se ha cumplido el cínico comentario tan propio de mi prima Margarita, que suele decir que no hay obra buena que quede sin castigo.
 
La obra buena del norirlandés fue regalar la tarde anterior sus entradas para el combate Manny Pacquio-Floyd Mayweather a su amigo y compañero de oficio Lee Westwood. Estaba en todas las bocas que Rory iría a Las Vegas para ver la célebre pelea de boxeo al terminar sus partidos del sábado. Pero la cosa se complicó y obligado a jugar en la última salida, lleno de altruismo, renunció a jet privado y a entradas para jugar su cuartos de final contra Paul Casey.
 
Este partido no pudo acabarse el sábado porque cuando iban empatados tras 21 hoyos el sol ya no iluminaba la costa de California. Así que a Rory McIlroy se le acumulaba el trabajo en la oficina. A primera hora de la mañana siguiente, la del domingo, cerró en el hoyo 23 su partido de la víspera derrotando al inglés.
 
Seguidamente jugó contra Jim Furyk – el más correoso player de la PGA – la semifinal. Fue apoteósico el Match. Rory perdía de dos hoyos al acabar el hoyo 15, pero hizo birdie al 16, birdie al 17 y ¡un eagle al 18! para entrar en la final.
Total que tras su generosa dádiva del sábado, el domingo completó tres partidos para conquistar su décimo triunfo en el PGA Tour.
 
Ahora, ya estará cantando aleluyas, la Marcha Triunfal de Aida bajo un arco de triunfo o, más localmente, esa canción: San Francisco: “All across de nation, such a strange vibration/ People in motion/ There`s a whole generation with a new explanation”.
 
Me llama por el móvil Margarita, mi prima, la más bella de mis parientes.
.- ¡Oye zoquete! – saluda con su suave simpatía -: la semana que viene ganará The Players el mismísimo Tiger Woods ¿no?
.- Lo dudo, chica, lo dudo: no está en forma. ¿Por qué lo dices?
.- Hombre, es matemático: Rory McIlroy volvió a ganar de corrido cuando dejó a su novia, Caroline Wozniacki. Así, que como Tiger Woods acaba de soltar lastre de esa chica esquiadora, Lindsey Vonn, se pondrá a jugar al golf como un cosaco.
.- Querida, aunque los cosacos no jugaban al golf, entiendo lo que sugieres, si bien esa regla de tres no está tan clara. Pero, quien sabe, quien sabe.