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"MANNERS MAKETH MAN"

El enfrentamiento Keagan Bradley vs Miguel Ángel Jiménez en el Cadillac Match Play



Sólo me ocupo de este asunto porque nos vuelve a poner sobre la mesa la importancia que en golf tienen las formas, la educación, el saber ser para saber estar; en una palabra " the manners".



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 2 mayo 2015

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En principio no quería escribir sobre el asunto Keagan Bradley contra Miguel Ángel Jiménez porque me gusta más describir conductas edificantes que controversias.
Sólo cedo a ocuparme de este asunto porque nos vuelve a poner sobre la mesa la importancia que en golf tienen las formas, la educación, el saber ser para saber estar; en una palabra “ the manners”.
 
Al comienzo de estas aportaciones expliqué de dónde venía la idea de poner esta palabra –manners – en el título de mi blog de golf: “Manners Maketh Man” es el lema del Winchester College de Oxford desde el siglo XIV, cuando fue fundado por el obispo Guillermo de Wykeham. Un rastro musical lo encontramos en Sting,  en su éxito “An Englishman in New York” (1987).
 
Con este “motto” se quería decir que la hechura de los hombres – aquello de lo que están hechos – se recrea, se hace más consistente trabajando las virtudes: orden, disciplina, humildad, corrección con los demás: hombría de bien. El golf no es escuela de muchas cosas; uno no va al golf para aprender buenas maneras: se espera que las posea antes de pisar el campo. Un buen jugador será quien tenga presencia de sí mismo, de los demás y que ese digno conocimiento le lleve a tener un comportamiento de caballero, de gentleman.
 
El incidente en cuestión se inicia cuando Miguel Ángel, en el hoyo 18 de su partido contra Keagan, se dirige desde donde estaba al lugar en el que el propio Keagan se aplicaba una regla de alivio porque su bola había rebasado con el driver unas barreras – obstáculos inamovibles – con el golpe de su driver. El malagueño pidió explicaciones al oficial presente delante de Bradley y su caddie Steve “Pepsi” Hale.

Mientras habla con el oficial, Bradley le dice que se vaya a su bola señalando con brazo y dedo índice extendidos; Pepsi interrumpe varias veces al jugador español y éste le dice “cállese” (shut up!). Keagan Bradley se acerca retador al español – nariz con nariz – y le dice que no diga eso a su caddie. Mientras ocurre esto, el lenguaje no verbal, lo que dice el cuerpo del jugador americano, es todo menos amable.

El comportamiento de Jiménez que muestran las imágenes es de contención, procurando dar razones de lo que está haciendo. Keagan se retira a su bola. Steve “Pepsi” Hale de manera histriónica le da la espalda ostensiblemente al jugador español. Las siguientes imágenes que han podido verse son las del final del partido cuando se dan la mano los jugadores.

Keagan
y Miguel Ángel se descubren, se dan la mano y comienzan una breve conversación. Se acerca el caddie queriendo intervenir, pero ambos jugadores le hacen ademanes de que se aleje. Se va el caddie con gesto hosco. Luego no querrá dar la mano a Miguel Ángel. El lenguaje corporal de Jiménez, que se ha descubierto para hablar con Keagan, pero que no se ha quitado las gafas oscuras, parece conciliador; Keagan no muestra la agresividad del incidente pero parece claramente disconforme con el español; éste reposa la mano izquierda sobre el hombro derecho del americano.
 
Otros hechos no comprobados son, primero, que en la discusión inicial el caddie imitó el acento latino del español, y, segundo, que la discusión siguió en los vestuarios entre los dos jugadores.
 
En las declaraciones a la prensa después del encuentro ambos jugadores quisieron suavizar lo ocurrido. Miguel Ángel Jiménez – que había ganado 2&1 a Keagan Bradley , dijo que “pasase lo que hubiera pasado, ya se ha acabado. No pasa nada. Está bien. No quiero hablar de la decisión de reglas. La vuelta ha acabado y ya está”.

Por su parte Keagan declaró no tener “más que respeto por él. Es un grandísimo jugador, pero tuve el sentimiento de que estaba siendo irrespetuoso no sólo conmigo, sino también con mi caddie”.
 
Hasta aquí los hechos. Desde aquí unas observaciones:
1.- A Miguel Ángel Jiménez le asistía el derecho de consultar al oficial sobre la decisión de alivio y “drop” de su compañero competidor. También estaba en su derecho de exponer sus personales argumentos en contra de la decisión. En este sentido las frases de Keagan Bradley diciéndole que se fuese a su bola no eran procedentes; mucho menos, un caballero al decir eso señala con el dedo. Las manos no deberían alzarse del costado del propio cuerpo al hablar.
 
2.- Un caddie no es quien para intervenir en una conversación de un jugador con un oficial del torneo. Menos, para interrumpir la conversación; menos aún para imitar el acento del jugador y desde luego debería evitar cualquier gesto de desprecio como dar la espalda.
 
3.- Debió dirigirse Miguel Ángel al caddie de su oponente de modo más sereno aún e intercalar algún “por favor” (please) en su solicitud de no ser interrumpido.
 
4.- Mientras Miguel Ángel hablaba con el oficial, el otro jugador debería haber esperado a que termine su argumentación; en ningún caso interrumpir, ni menos aún pretender silenciarlo.
 
5.- En golf, como en la vida, es de todo punto inadmisible cualquier actitud retadora o chulesca. Además, un caballero expone sus tesis sin violar la proxemia de su interlocutor. Keagan en ningún caso, ni siquiera en defensa de una pretendida falta contra el honor de su caddie en aquel “shut up”, debió aproximar su cara y su incendiaria mirada a su oponente.
 
6.- En la despedida en el green del hoyo 18, Miguel Ángel debió quitarse la gafas oscuras al dirigirse a Keagan: velar la mirada no es correcto en un saludo de bienvenida o deportiva despedida. Tampoco debió poner su mano sobre el hombre de Keagan mientras le hablaba apaciguadoramente, si bien se trataba de un perdonable gesto conciliador y lubricador de la tensión reinante. Tampoco Keagan debería haber dejado al español con la palabra en la boca, dándole la espalda al marcharse al vestuario.
 
Es verdad que no llegaron a las manos, pero empiezan a aflorar en algunos partidos de golf gestos broncos, palabras desabridas y dolorosas actitudes propias de otros ejercicios y de otra educación, o, mejor falta de educación, que harían bien los líderes en reconducir a la ética de lo deportivo. Decía el cardenal John Newman, algo obviamente también aplicable a las damas: “es casi una definición de caballero alguien que nunca inflige dolor”.