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¿RATÓN PÉREZ O TOOTH FAIRY?

Tiger Woods pierde un diente el día de Lindsey Vonn en el Súper Gigante



El astro del golf ha sufrido un accidente en Cortina d´Ampezzo. No fue esquiando: la cámara de video de un periodista gráfico impactó en su boca partiéndole un diente.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 20 enero 2015

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Cómo ha confirmado el agente del ex Número 1, Mark Steinberg, el golfista había acudido a la famosa estación de esquí para seguir las actividades deportivas de su compañera, la esquiadora Lindsey Vonn, que compite en la 63ª Copa del Mundo de Esquí. Cuando, después del Súper Gigante se dirigía a la zona de pódiums, un cámara golpeó involuntariamente al golfista con la máquina de vídeo que llevaba al hombro. Nada serio, salvo que seas una celebridad o te toque presentar el telediario de la noche.
 
Pero es que a Tiger Woods lo que no se le va en llantos se le va en suspiros. Son de sobra conocidas sus lesiones de espalda que le apartaron del Circuito Americano tras siete participaciones en la temporada. Tampoco pudo defender la bandera de las barras y estrellas en Gleneagles. Un año horroroso, penoso, calamitoso, espantoso y demás “osos” que signifiquen malas noticias.
 
Y ahora cuando ya vuelve a la calle de prácticas a dar bolas como un cosaco, bueno, como un fanático del golf, hace una corta pausa, coge el jet privado se traslada a los Alpes y le parten la boca. Temiendo que los males de Tiger Woods aumenten he frenado a mi tía Alicia en sus intenciones de ir a Cortina. (Paréntesis: se escribe Cortina d’Ampezzo pero en casa y en la jet decimos simplemente Cortina. Como en Sevilla el lugar de veraneo se escribe Puerto de Santa María, pero se dice sólo “El Puerto” o “voy al Puerto”: todos saben de que puerto hablas. Cierro paréntesis).
 
En fin, lo último que le puede pasar a este chico es coincidir en el ascensor del Cristallo Hotel –“Winter Paradise”- con la serpiente-demonio de mi tía Alicia y sonreírle con un agujero negro donde debía estar el incisivo superior izquierdo. No quiero imaginarme el inoportuno consejo acerca de los mejores dentistas que le daría mi vieja pariente.
 
Otro aspecto nada desdeñable en la pérdida de un diente es el financiero. Como es de sobra sabido, la desaparición temprana de alguna pieza dental es canjeable por metálico, sin más gestiones que un depósito de dicha pieza debajo de la almohada. Cuando uno se despierta nervioso por la mañana ve que no está el diente, pero en cambio podrá retirar una cantidad variable de efectivo.
 
En el mundo hispánico el agente de cambio se llama Ratón Pérez; en Francia, “la Petite Sourise” – que no sé si es expresión cursi o sólo mala idea -; en Vizcaya, Marichu Teilatukoa (Mari la del tejado) y en el mundo anglosajón, Tooth Fairy.
 
Pero el asunto financiero, en el caso Tiger, presenta dificultades tanto sobre quién es el personaje competente para cambiar diente por dinero, cuanto sobre la divisa en que ha de hacerse efectivo.
 
Como dirían en una tertulia es un affaire de “calado” internacional. Vamos por partes. Para empezar, parece que ni por la persona afectada -Tiger Woods- ni por el lugar – Alpes italianos – tiene nada que hacer el Sr. Pérez que es hispano. Si seguimos el principio de territorialidad, todas las papeletas las tiene Topolino, que es quien hace las veces del Ratón Pérez para el perímetro italiano. Claro que, Topolino – o Topino, como también se le llama – puede inhibirse invocando el principio de personalidad por el que criterio para decidir quien debe pagar habría de seguir la nacionalidad del propietario de la pieza dental caída. En este caso, siendo oriundo de los Estados Unidos de Norteamérica, surge una nueva duda: ¿Qué tomamos como punto crítico, el lugar de nacimiento o el de residencia?
 
Como es sabido por todos mis lectores, el lugar en qué nació Tiger Woods, Cypress (California), es un pueblecito, del ahora denominado Condado de Orange que era en realidad Vallejo de Santa Ana, nombre que le dio el ilerdense que lo descubrió en 1769, Gaspar de Portolá; allí se establece siete años después la Misión de San Juan de Capistrano, por fray Junípero Serra. Y si optamos por el lugar de residencia, ésta la tiene fijada en del muy hispano estado de Florida. Es decir, tanto el lugar de nacimiento como el de residencia son hispanos, por lo que las acciones del Ratón Pérez vuelven a revalorizarse.
 
Yo no me pronuncio todavía: he dejado la cuestión a mi agente en Estados Unidos para que me informe sobre la prevalencia de los hábitos hispanos o anglosajones en el entorno del deportista. Una vez aclarado esto, será fácil saber la divisa en que se hará el pago: dólares en caso de competencia a favor de Tooth Fairy, o euros tanto si quien paga es Topolino o es el Ratoncito Pérez.
 
Por otro lado, es sensato pensar que en el presente estado de cosas el menor problema de Tiger Woods sea el financiero: recuperar la plenitud de su dentadura y volver a recuperar la forma estarán probablemente por delante. ¿No creen?