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GENERAR AFICIÓN

La Federación de Madrid premia a Javier Pinedo: hacer visible el golf



Una de las dificultades de la comunicación que se ha superado mejor en los últimos años es la de transmitir golf: técnica y buenos comentaristas lo han logrado.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 16 enero 2015

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Había sido invitado ayer a la finca de un sénior que, juntamente con otros dos, tan bellas personas como él, celebraban su cumpleaños con un reducido grupo de otros veinte jóvenes de más de 55 años cada uno. En total nos comimos dos corderos hechos en el horno de leña de su jardín.
 
Una delicia. Deliciosa la comida, generoso el vino y amable la compañía, aunque no sé si he puesto los adjetivos en su orden, pues cualquiera de ellos tiene validez para cada uno de los otros sustantivos: amable comida, delicioso vino y gente generosa, por ejemplo; gente de un corazón tan grande que no les cabe en el cuerpo, aunque alguno de ellos lo tenga con “cambio automático” para llevar el ritmo de sístoles y diástoles.

Cantamos el cumpleaños feliz, nos reímos con los chistes de siempre y disfrutamos de ese modo sencillo y casi juvenil que puede recuperarse cuando el tiempo pasa a ser casi intemporal, lleno de candor. Jubilación viene del latín – iubilatio- onis – y significa gozo inmenso. Durante siglos, también se utilizó en el sentido de alegría, júbilo.
Pero, ya digo: eso fue ayer.

Andaba hoy yo con algo de saudade, metido en nostalgias e íntimos pensamientos acerca de la fugacidad de la vida, como un Jorge Manrique: “Recuerde el alma dormida /avive el seso e despierte /contemplando / cómo se pasa la vida...”. Y todos estos sentimiento de fugacidad cobraban relieve viendo el atardecer en malvas, fucsias y púrpuras sentado con un vino oloroso en la Terraza Oeste de la Casa Club. Hasta el plato vacío de olivas me miraba con ojos de sauce llorón. A lo lejos un gorrión se comía una patata frita sin limpiarla antes. Y, un poco más allá, en el green del hoyo 18, un socio hándicap 15 fallaba un putt de 4 pies. Ya lo ven: pura tristeza invernal.
 
Pero ya saben, no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante. Ya lo saben, no hay paz que dure una tarde ni parentela que lo permita. Por la escalera Sur de la Terraza Oeste de la Casa Club, como un troupe de circo asomaron por este orden: mi primo Gonzalo – gracias a Dios sin caballo -, su riquísima esposa BeatrizTrici para los amigos –; dos lechuguinos despistados y la hermana pequeña del socio hándicap 15 que acababa de fallar un putt de 4 pies.
 
Y cerrando la comitiva la cara más bella de la familia, enmarcando la sonrisa más bella de la familia, bajo el pelo más bello de la familia coronando el cuerpo más bello de todas las familias; la única, la inigualable: mi prima Margarita que con la extrema delicadeza que usa para tratarme me dirigió:
 
.- Pero primo, ¡si tienes una cara de funeral de tercera! – su deje sevillano dorado de británico acento universitario continuó su discurso –Pedazo zoquete: alegra esa cara que Gonzalo te va a enseñar un foto que te vas a quedar de piedra. Jajajajaja
 
Antes de que mi primo desenfundara su móvil para enseñarme la foto saludé a todos y todas – muac, muac, muac – y pude ver la cara de más de un socio de aquella terraza que con ojos desorbitados no podían dejar de mirar a mi prima Margarita. Concretamente había uno alelado que no me explico cómo, con un giro de testuz de 180º, llevaba su barbilla a la misma vertical que el centro de los omóplatos: misterios de la anatomía de los socios del Club. Luego dicen que tienen contracturas en la zona dorsal: lo raro es que no se quiebren.
 
.- A ver, Gonzalo, ¿que tienes ahí?
El jinete de la familia, con una mirada cómplice al resto de la troupe me enseñó un retrato mío golpeando con el putt y quien sostenía la bandera era el mismísimo Francisco Nicolás Gómez Nicolás – alias “Pequeño Nicolás” -  con pícaro rostro que parecía decir “ya te tengo, duque: otra foto para la colección”.
Toda la troupe rió al ver mi cara y me costó media hora de argumentación y dos rondas de gin-tonics convencerles de que se trataba sin lugar a dudas de un montaje.
 
.- Nunca jugué en Valderrama con ese sujeto y no diré más sin la presencia de mis abogados – protesté entre el jolgorio general.
.- Bueno – se secó una lágrima de la risa mi prima Margarita –, la borramos si nos dices de qué vas a escribir en tu blog.
.- Pues, lo cierto es que no hay temas de enjundia…
.- Pero, ¿qué dices? primito. ¿No sabes lo de Javier? – intervino de nuevo Margarita.
.- ¿No me digas que han hecho ministro a Javier Arenas? –me alarmé
:- Ni Arenas, ni playas ni bunkers – me interrumpió Margarita –: te hablo de Javier Pinedo, el periodista que ha sido premiado por la Federación de Golf de Madrid. Aquí tienes la noticia.
 
Y me pasó su móvil en el que pude leer que los méritos del ilustre comunicador de Canal +Golf han sido efectivamente reconocidos en la capital.
En realidad jugar al golf no es fácil, pero tirarse más de cuatro horas en un torneo y generar afición es heroico.

Y Javier Pinedo Lequeux lo ha hecho durante muchos años en TVE, Telemadrid y, desde 1992, en Canal + Golf, cubriendo todas las Ryder Cup entre 1989 y 2010, y más de 100 majors, con un entusiasmo sin quiebra.
¡Enhorabuena, Javier! Y cuidado con quien te hace las fotos para celebrarlo.