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FUERTE POLÉMICA

Jugar a golf en Melilla o la foto como herramienta de escándalo



El campo de golf de Melilla fue pagado con fondos europeos de desarrollo. La imagen con unos inmigrantes encaramados a la valla de la frontera se difundió masivamente por las redes sociales.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 24 octubre 2014

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Hace dos días se publicó la foto de once subsaharianos subidos a la valla fronteriza de España con Marruecos en Melilla con aparente intención de saltar a este lado. Junto a ellos un guardia civil vigilaba subido a un escalera de mano.
 
En la parte inferior de la fotografía se extiende el verde de un campo de golf y pueden distinguirse las figuras de dos personas en el tee de salida de un hoyo. Una de ellas ya ha iniciado el backswing.
 
El autor de la foto es José Palazón (Prodein). Enseguida fue reproducida por varios medios. El propio autor la inserta en la cuenta de Twitter con un comentario de seis palabras: "En Melilla esta mañana: Marca España". El enjambre de los tuis la extiende y es de interés para periódicos como The Guardian o The Times.
 
Y no me extraña ese éxito de la fotografía por varios motivos.
 
El primero, porque es periodísticamente muy buena en el sentido de reflejar con un sola imagen cuál es la situación en este momento de dos tipos de personas: de un lado, las que huyendo del centro de África pasan un calvario para incorporarse a Europa por su frontera sur. De otra parte esas personas que disponen de tiempo y algo de dinero como para jugar unos hoyos de golf.
 
Otra parte del éxito se debe a la oportunidad de la foto, en un momento en que se está revisando la política de inmigración, llegándose a plantear la llamada "deportación en caliente" del que pase la frontera ilegalmente. Esto ha encendido a la parroquia y los comentarios que he leído de unos ocho periódicos se han pronunciado sobre la escena con tintes de escándalo y alguno, sin que conste que hayan contrastado ese dato, tachaban de insensible a los jugadores de golf. Otro ha subrayado que el campo se ha construido con millonarias subvenciones de Europa y que sus administradores no son gente de fiar, lo que también ha impulsado la foto hasta la viralidad por el consumo masivo de quienes degluten masivamente cualquier basura. De los tuits sobre el particular ni hablo.
 
Por mi parte he hecho una encuesta doméstica y el resultado arroja una abrumadora mayoría que afirma que no jugaría al golf en esas circunstancias, bajo la mirada dolorida de ansiedad de una decena de negros que, con hambre y con sed, aspiran a una libertad, a un seguridad y a una paz para ellos inalcanzables. Yo me uno a esa mayoría.
 
Dicho esto, hay que añadir que ni el Gobierno, ni el consejero de Fomento de Melilla, ni mucho menos la Guardia Civil son culpables de nada. Tampoco de que estos hombres de color estén intentando saltar la valla. Pero eso no se ve en la foto por dos motivos:
 
Uno: hay ojos que no ven sino lo que quieren ver.
 
¿Por qué el campo de golf que miran es uno de Melilla y no el Royal Golf of Marrakech, por ejemplo? ¿Por qué no huyen del guardia civil y sí de sus estados de origen? ¿Por qué no asaltan un palacio marroquí y sí un barrio melillense?
 
Los comentarios que he leído de unos ocho periódicos no dicen ni una línea, ni una palabra, ni una silaba de la maldad, del miedo, de la falta de libertad, de derechos humanos que a fuertes empellones ha arrojado a estas pobres almas hasta nuestra puerta. El escándalo farisaico es eso: mirar dos jugando al golf y diez en una valla, pero no fijarse en los miles que están sufriendo por el fanatismo disfrazado de religión musulmana o la simple tiranía de toda la vida.
 
Y dos: hay una dificultad física: no son fotografiables simultáneamente dos objetos muy distantes entre sí. A la misma hora en nuestro país había cientos de personas jugando al golf, al tenis, al paddle, paseando por el parque o disfrutando en una terraza de este "veroño" de calor tardío o tomándose un café en la Redacción junto a la máquina de fotocopias. Pero, claro: no caben en el mismo plano ese desahogado comportamiento y los marginados -miles y miles- de esta nación, ni los estudiantes que abandonan los estudios, ni los hijos que lloran el divorcio de sus padres o el ahogo del comedor social.
 
El cultivo excesivo de lo sensible por encima de la razón puede hacer correr tantos ríos de tinta como de irresponsabilidad.

Porque ahora, después de haber bramado contra la insensible señora que maniobra con el driver, ¡algo habrá que hacer! Me pregunto, le pregunto a usted y a tantos tuiteros de afilado teclado: ¿Usted va a dar dinero a una asociación benéfica como Cáritas? Va a dedicar su tiempo a Banco de Alimentos? ¿a Harambee, que tiene sus pies y el corazón en África? Bueno, al menos escuchará a su hijo y hará los deberes con él: por lo menos eso ¿no? ¿Ni siquiera eso? ¿Qué sólo se va a quedar tuitendo groserías de los melillenses? Pues entonces déjeme en paz, que mucha gente del golf da dinero, tiempo y la vida por gente que lo pasa mal. Los conozco por su nombre.


- La ola de fuerte inmigración -asunto que destacó Hechos de Hoy- ha convertido la valla de Melilla en una frontera discutida y polémica, habiendo mostrado su seria preocupación Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados).

- El campo de golf de Melilla fue pagado casi en su totalidad con fondos europeos de desarrollo regional (FEDER). Construida en 2008, costó dos millones de euros, de los que en torno a un 80% correspondieron a fondos FEDER. Tiene 12 hectáreas y 9 hoyos.