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UN CAMBIO DE PLANES

Tres máximas para disfrutar del golf de modo duradero



"Lo más importante del deporte es que los demás se lo pasen bien". Está frase me dejó pensando cuando leía anécdotas simpáticas de dos personas santas y con un espíritu vivamente deportivo.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 21 octubre 2014

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En realidad a partir de una de esas anécdotas, que resumo al final de este texto, me han venido a la cabeza tres pensamientos para pasarlo bien, definitivamente bien, en el golf y en la vida que también en esto aprende del golf.
 
1.- Competir está bien, cuando no está mejor colaborar.
 
En una escuela de negocios estudié el caso de una primera firma cervecera, cuyos analistas investigenaban en su laboratorio muestras de cervezas propias y de la competencia. Cuando hallaban en las muestras de una empresa competidora desviaciones importantes sobre los parámetros convencionales, informaban a ésta de sus resultados para que pudiesen actuar y corregirlo. Esta primera firma no perdía nada y todos, empezando por los bebedores de cerveza, ganaban en calidad.
 
En el golf hay muchas ocasiones de este altruismo como, por ejemplo, advertir al compañero competidor en Stroke Play (Juego por Golpes) de que ha situado su bola en el tee de salida por delante de las marcas: es una sana costumbre que confiere a quien hace la advertencia una grandeza mayor que esperar a que dé el golpe desde esa posición ilegítima e imponerle la penalidad de dos golpes que prescribe la Regla 11.4.b.
 
2.- Las reglas son para los hombres y no los hombres para las reglas.
Respetar las reglas y usos es una gran cosa y debe hacerse por el bien común, pero fuera de eso la preferencia es por la sencillez.
 
En la vida vemos pasos en este sentido en el mundo de las notificaciones de la Administración: asistimos a una “desformalización” con la informática aplicada a los procedimientos y las posibilidades de internet para la comunicación. Eso reduce la carga burocrática. No es tan seguro que sea capaz de reducir el número de los burócratas, ni eliminar todos los tics de rigidez, como han tenido ocasión de sufrir contribuyentes sin conocimientos informáticos a los que se les veda la posibilidad de declarar impuestos en papel. O ese abuso legal de notificar la ejecución de la sanción de tráfico ya totalmente tramitada electrónicamente, que si no entras en una web de tráfico ni te enteras de que estás denunciado.
 
En el golf distintos medidas como permitir jugar con buggy o adoptar medidas a favor de los mayores van en ese sentido que mira antes a la personas que a la letra.
 
3.- Alguna vez es un gran plan cambiar el plan para que otros lo pasen bien.
 
Se construye una personalidad más íntegra y, al final más feliz con flexibilidad sobre los propios deseos para procurar la alegría de otros: es cuestión de prioridades y de dar a las cosas su peso según su contexto. Me contaron de alguien que llegó a una empresa en Suecia. Era hora de entrada al trabajo y los primeros que llegaban no estacionaban su coche cerca de la puerta de entrada, sino lejos, dejando vacíos las plazas que estaban más próximas a los puestos de trabajo.
 
Extrañado de una conducta tan inusual preguntó el motivo y le informaron de que con ello se facilitaba la puntualidad de todos. Claro está que eso no tendría éxito en un país de sinvergüenzas y desaprensivos, pero nadie puede demostrar que una sociedad de caraduras sea capaz de progresar positivamente y hacer más feliz a las personas.
 
En el golf todos los que lo practicamos conocemos gente que emplea su tiempo organizando partidos o torneos para otros, o hacen pareja con alguien que no juega bien y se quedaría solo. Mala cosa la soledad no buscada. Por eso aquí mi homenaje a los que han cambiado algún plan propio para que otros lo pasemos bien.
 
Y ahora la anécdota que incluía la frase que motiva esos tres pensamientos que según pude leer, la dijo san Josemaría a unos muchachos que se disponían a jugar a tenis en una residencia de estudiantes.
 
Se había encontrado con dos jóvenes vestidos de tenis que contemplaban un partido de fútbol. Cuando preguntó por qué ellos no jugaban a tenis, le dijeron que todas las canchas estaban ocupadas. Él se dirigió a una cancha de tenis donde se jugaba un partido de individuales. Los jugadores al reconocerle fueron a saludarle con cariño. Él les preguntó: “tenéis inconveniente en jugar a dobles”, y les contó que había dos que no tenían cancha. Ellos dijeron que no había ningún problema.

San Josemaría volvió a buscar aquellos jóvenes, pero sólo encontró a uno de los dos, pues el otro, como no se imaginaban que san Josemaría iba a ponerse a buscar una solución, se había ido al vestuario. Le pidió al que quedaba que le siguiera y le propuso que jugara con los que ya lo estaban haciendo. Éste debió pensar que meterse él era un marrón para aquellos que ya jugaban en individuales y comentó que quizás era mejor dejarlo estar, pero él insistió, “Lo más importante del deporte es que los demás lo pasen bien. Me daría mucha pena que un hijo mío se quedara sin hacer deporte por un motivo como éste. Entre tres también se puede jugar muy bien…”.