hechosdehoy.com
Comunidad de blogueros

CORAJE Y TALENTO

Eres el capitán de tu destino en el golf y en la vida



Algunas veces salimos al campo de golf con un proyecto de juego, que, de pronto, se ve quebrado por un suceso que cambia los planes. En nuestro día a día lo mismo: ¿qué hacer?



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 17 octubre 2014

fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo
Si yo tuviera uno de esos cuadernitos con tapa dura y candado dorado como el que usaba de adolescente mi prima Margarita, este post empezaría así: “Querido diario: ayer fue uno de los días más felices que la vida pone en el camino para que los humanos aprendamos a dar gracias por tanto beneficio recibido. Te cuento:…”
 
Todo empezó unas fechas atrás cuando conspicuos miembros de mi Club, que habían visto mi engañosamente brillante juego del verano, quedaron tan nublados en su razón por mis prometedores progresos en golf, que acordaron invitarme a formar parte de su equipo. Competiría con ellos en un Torneo Triangular contra sendos equipos del Real Club de Golf Guadalmina y el Club de Golf de Guadalhorce. Cuál sería el estado de levitación estupefacta de mis consocios que, no conformes con aceptarme como jugador, me eligieron capitán del Equipo de mi Club.
 
Otra tarde escribiré – querido diario – acerca de la noche que pasé sin dormir estudiando, el “Reglamento del Torneo” y descifrando las fórmulas algebraicas a resolver para deshacer los empates.
 
Baste decir que se trata de una competición que se juega en los tres campos y en modalidad de Matchplay por parejas. Como capitán tuve el honor de componer las dos parejas de mi Club. Formé la mía con el que tenía hándicap más bajo – 9,6 -, un Lefty local al que llamaremos aquí “The Today Warrior”, o simplemente Mr. Warrior.
 
Mi compañero es zurdo y más exacto en su juego que el AVE Madrid-Sevilla en su puntualidad y trayecto. Del mismo modo que el AVE no se sale de la vía, Mr. Warrior no se sale de sus rutinas, de sus entrenamientos, ni del fairway.
 
Esto me daba una tranquilidad absoluta, pues en un Matchplay Foursome gana cada hoyo la pareja del jugador que hace el hoyo en menos golpes. Jugando con alguien más regular que el Big Ben y con hándicap muy bajo, no iba notarse demasiado que soy un bluff perfectamente prescindible, como suele recordarme con cariño mi tía Alicia.
 
Pero el Hado tiene sus propias reglas. La diosa Fortuna ciega a quienes quiere perder. Y, en fin, hasta el mejor maestro echa un borrón. Para que se comprenda mejor lo sucedido me atendré a la escueta narración de los hechos.
 
Jugábamos en Gualdalmina. Mr. Warrior y yo salíamos en el segundo partido y nuestros compañeros competidores eran dos nobles contrincantes de Guadalahorce. El hoyo 1 del Campo Sur, es un asequible par 4 de acogedora amplia calle, con un bunker a la izquierda que no debería entrar en juego. Mi compañero hizo una salida espectacular, larga y centrada. Entusiasmado yo con tan espléndido comienzo di un pedazo de drive que anduvo apenas 70 yardas. “No pasa nada”, me confortó mi compañero: él estaba en buena posición para un approach y perfectamente orientado a green.
 “Nada – me repetí –, no pasa nada”.
 
Los compañeros contrincantes tiraron cerca de green. Yo, con mi segundo golpe me fui al bunker que no debería entrar en juego. Pero “no pasa nada - me iba diciendo yo - queda mucho partido”. ¡Y vaya si quedaba!
 
Mi compañero, para alcanzar el green y lograr un birdie, sólo tenía que dar un fácil golpe de hierro 9. Se volvió a su bolsa de palos y contuvo un grito de sorpresa.
.- No están mis palos de approach: me faltan el hierro 9, el pitching y los dos wedges –me dijo volviendo a mí su cara descompuesta. A mí se descompuso otra cosa que no detallo por guardar las debida formas.
 
El resumen es que, como se pudo comprobar tras una llamada telefónica, lo palos se habían quedado en el Cuarto de Palos de nuestro Club. Si eso le pasa a mi caddie lo despido sin inmutarme. El asunto, era como cualquiera sabe, de extrema gravedad: por conflictos más leves se ha convocado al Consejo de Seguridad.
 
¿Puede un político llegar a lo más alto sin tener idea de Derecho y Ética? Sin duda: se conocen casos en la historia reciente. ¿Es posible a un hombre blanco superar el suplicio sioux del Juramento al Sol? Pues, salvo Richard Harris en Un hombre llamado caballo, la cosa presenta serias dificultades. Pero, ¿puede un jugador de golf hacer un gran partido faltándole los cuatro palos de approach? No. Pas de tout. Jamais. Never. Rotundamente no, pensé yo entre temblores en el green del hoyo 1, que perdimos mi pareja de juego y yo.

Y así, toda una primera vuelta, en que sufrimos, aunque aminorando las pérdidas hasta perder sólo por dos hoyos: quedaban otros 9 hoyos.
 
En ese momento Mr. Warrior, que debe estar emparentado con McGyver, y con menos herramientas que éste héroe televisivo, empezó a blandir el resto de palos con tal habilidad que remontamos ganando de corrido los hoyos 10, 11, 12 y 13. Vamos, los hoyos comenzaron a ser pan comido, mientras él, como si en eso se hubiera entrenado durante años, manejaba el hierro 8 desde cualquier esquina, rough o bunker del recorrido.

Resultado: en el green del 16, a falta de dos hoyos, nuestros compañeros competidores nos dieron cortésmente la mano en señal de reconocimiento de su irremediable derrota y, por tanto, de nuestra victoria contra todo pronóstico.
 
Tres moralejas: el Hado tendrá sus reglas, pero uno puede sortearlas muchas veces con motivación y talento, porque para el que lucha el destino no está escrito. La diosa Fortuna ciega, pero no te quita ni el tacto, ni el oído, ni las capacidades adquiridas con entrenamiento… ni el hierro 8. Y, tercera, un maestro echará un borrón, pero a diferencia del aprendiz saca una obra de arte aprovechando hasta el borrón.