hechosdehoy.com
Comunidad de blogueros

LA META DESEADA

La vida requiere prepararse para los seniors del Golf: serán mayoría



El número de licencias seniors de golf supone en España ya un 38% de los cerca de 300.000 federados. En Andalucía supera el 43 %: datos para reflexionar y actuar.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 10 octubre 2014

fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo
He recibido una cariñosa felicitación de mi tía Alicia. Resulta que alguien le había contado que el otro día me pronuncié a favor de los seniors; seguramente haya sido mi primo Gonzalo, quien nunca ganaba al escondite porque no dejaba de hablar ni detrás del sofá diciendo banalidades. Él estuvo presente en una tertulia donde defendía yo a jugadores de edad, como Bernhard Langer, y apoyaba a los jugadores seniors frente a ciertas reticencias de jóvenes y olvido de organizaciones golfísticas.
 
Tía Alicia, mi anciana pariente, comulga con la posición académica que sostiene que en el club de golf no deberían entrar más que lo seniors y los profesionales. Según ella, al menos de lunes a jueves, estaría reservado a mayores y, a hombres y mujeres de negocios: estos últimos en apoyo a la economía nacional.
 
Mantiene que más de una join venture ha tenido su maduración de tee a green, sobre todo en la segunda vuelta, cuando las conversaciones se intensifican en materia de business y las personas sensatas son capaces de darse la mano para unir su destino y, eventualmente, sus fortunas.
Pero fuera de esos, en día laborable, dice tía Alicia, nadie debería estar pisando las verdes colinas, escuchando el piar de los vencejos, el graznar de los patos y el roer de las ardillas en un horizonte luminoso de petunias, pinos, acacias, rododendros, adelfas y otras bellezas del reino vegetal.
 
Hace unos meses, un médico de 40 años que le escuchó hablar así mientras tomaba un gin-tonic de Seagram’s en la Terraza Oeste de la Casa Club, se sintió llamado a la parte y, tomando la palabra desde la mesa de al lado, osó censurar tímidamente la postura de mi vieja pariente: tachó la afirmación de extrema y creo que también de clasista o elitista, o algo parecido que terminaba en “ista” y, estoy seguro, no era ni dentista ni ciclista.
 
Yo temblé ante el atrevimiento: a mi tía Alicia uno no suele hablarle si no ha sido previamente requerido por ella para hacerlo, y nunca, repito nunca, si no ha sido presentado: así que le supo a cuerno quemado que aquel socio se entrometiera de manera critica en la conversación familiar desde la mesa vecina.
 
Atestiguo que no conozco a nadie vivo que haya seguido en tan feliz estado después de haber contrariado una posición de principios de mi augusta tía. Y que aquello le había contrariado era evidente: bastaba mirar cómo, mientras apretaba con su mano izquierda un cenicero hasta romperlo, iba volviendo pausadamente su señorial cabeza, y sin mover más músculos de la cara que los precisos para potenciar la mandíbulas, miró con lentitud de arriba abajo al sujeto y lo fundió en su asiento.
 
El joven doctor debió apreciar su precaria situación y solo añadió:
.- Bueno… er… erm...ar… or… es sólo er… ar… una opinión.
.- ¿U-na o-pi-niii-ón? – comenzó “El Terror” –. Caballero, y vea que uso este sustantivo por simple etiqueta y sin el menor deseo de injuriar a los caballeros: lo que es extremoso y populista - mi tía también sabe palabras que termina en “ista” – es meter la nariz en la conversación de otros y atacar la de por sí ya baja productividad nacional.
.- ¿La productividad?, tía – inquirí yo intentando llevar el asunto a términos diplomáticamente aceptables.
 
.-Lo has cogido a la perfección sobrino: si los campos de golf se llenan durante la semana de estudiantes que no estudian, oficinistas que no ofician y profesionales liberales que no profesan y abandonan su bufete, consulta, quirófano o estudio, ¿cuántos puntos de PIB, se pierden en cómputo interanual? ¿Tú que piensas? – terminó preguntándome con ladino dulzor en su rostro.
 
Lo cierto es que cuando la gente usa respecto de mí el verbo “pensar” y además lo hace para que me pronuncie sobre un escenario macroeconómico me invade una zozobra anímica que sólo desaparece ante la presencia de mi bella prima Margarita: ella piensa, conoce y sabe todo sobre la economía de España y del mundo.
 
No obstante, me llevé una mano a la barbilla y con la otra masajeé la parte del hemisferio izquierdo de mi cabeza donde, según leí, parece que se alojan los pensamientos racionales, pero ni aún así pude concretar cuantos puntos del PIB se pierden por culpa de tanto joven paseando por los recorridos de 18 hoyos en vez de ocupar sus asientos en las oficinas.
 
.- Hum… - dije cuando habían pasado 10 segundos.
.- ¡Muchos “hums” sobrino, muchos “hums” – intervino tía Alicia -: tantos como 0,02 puntos del PIB, que aunque por el cero inicial te suene a poco, son más 22.000 millones de euros. Así, joven – esto iba dirigido a lo que quedaba del hombrecito -  que al golf sólo los sábados y domingos y el resto del día a hacer caja, que lo días laborables son para los seniors. Ande: deje ya esa fea costumbre de meter su prominente nariz en las mesas vecinas y váyase a la oficina que son todavía las 7 de la tarde y hoy es lunes.
 
.- Señora – respondió tímidamente el joven profesional – eso es imposible.
.- ¿Por qué? Le han echado del trabajo por pasarse los días jugando al golf, ¿verdad?
.- No, señora: soy otorrino; mi clínica está cerrada, porque hoy es 3 de febrero, san Blas, Patrono de los Otorrinolaringólogos y es fiesta para nosotros.
.- ¡Ja! Esa es otra: la cantidad de fiestas que tenemos en este país…
 
Pero antes de que encendiera una nueva polémica desvié la atención de mi tía Alicia hacia la bandada de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) que sobrevolaban el lago del hoyo 18.
 
.- Mira tía, se cumple el refrán: “por san Blas, la cigüeña verás”.