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ESCOCIA EN ASCUAS

260 años después, las mujeres serán miembros de Saint Andrews



Con un tenso silencio de fondo, mientras las urnas estuvieron abiertas se paralizaban las iniciativas, se suspendían los planes y se aplazaban las decisiones. Pero no en el Royal and Ancient.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 18 septiembre 2014

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Una lluvia escocesa se abatía esta mañana sobre el verde campo de mi Club de golf. Las fuertes ráfagas desdibujaban las lindes de la calles, matizaban de gris húmedo los perfiles quebrados de las palmeras y desleían en nubes marengo los contornos de los pinos. Todo el paisaje era una desvaída acuarela del también escocés William McTaggart.

Imposible permanecer en la Terraza Oeste de la Casa Club. Para aliviar la pena de no jugar al golf me refugié cerca de la chimenea apagada, en un tresillo junto a la Sala de Juego. De la cafetería cercana llegaba el rumor de las conversaciones de socios en lo que podría llamarse paro técnico.

Yo me pedí un ligero tentempié a base de café con leche, emparedados, tostada de jamón, tomate y aceite, y más café con leche. Luego me dirigí al salón de TV en el momento en el que un simpático reportero se dirigía a su colega, una joven rubia que le hablaba desde el plató.

Por lo que pude entender ambos jóvenes de la BBC charlaban en ese instante sobre predicciones de la votación que estaba a punto de tener lugar en la sede del Royal & Ancient Golf Club of Saint Andrews: los conspicuos socios de la entidad se disponían a decidir sobre la admisión - o no - de mujeres entre sus miembros.

Parece que ambos periodistas se mostraban optimistas.
Reconozco que entre mis compañeros de golf puedo censar el espectro completo de alternativas sobre este asunto. En la colección tengo partidarios beligerantes del “sí”, que parecen nietos de las sufragistas inglesas de comienzos del Siglo XX. De hecho hay uno, no sé si extremista o aprovechado, que defiende que sólo haya mujeres en el club y que se vayan todos los chicos.

Están los que prefieren que haya de todo, como en aquel pueblo de México. Pero también, es cierto que se dan casos de partidarios de la exclusión de la mujer de los clubes de golf. No lo declaran, pero existen. Entre ellos destaca un espécimen que, sin llegar a suscribir una expulsión femenina universal, sí tiene una relación de socias a las que dar billete de ida sin vuelta.

Por lo visto, comenzó a hacer su lista en la calle del hoyo 5 – ya saben, ese par 5, cuesta arriba – una tarde que llevaba diez minutos parado detrás de un partido de cuatro damas que daban interminables vueltas por el green: “te toca a ti”; “no, tiras tú que estás más lejos”; “insisto: es más prudente que lo hagas tú, pues tu bola interfiere mi línea, querida”; “mira, cielo, mejor la marco y tiras tú, que hay un caballero esperando; “ya, churri, pero que ese se aguante, que nosotras vamos en hora…”.

Mientras me alejaba hacia un sofá me reafirmé en mis principios a favor de la igualdad que, en todo caso, permite que mi bella prima Margarita venga al Club…incluso si no juega: basta con que haga palidecer a las adelfas mientras pasea su sonrisa por el fairway. ¡Oh! Margarita, ¡oh!

.- ¡Aaah! Margarita – la dama objeto de mis suspiros había aparecido súbitamente a mi lado por la doble puerta acristalada que da al campo, y tras sacudir el paraguas hacia a fuera con un movimiento fuelle, me habló - ¿qué haces, primo? No se puede jugar, ¿eh?
.- Pues, aquí… dando vueltas a lo de Escocia – dije reponiéndome de la sorpresa.

.- Realmente han sido momentos intensos, primo.
.- Bueno, alguna vez eso se tenía que votar… - razoné yo.
.- Pero, hijo, pero ¡en qué momento! – exclamó, algo exagerada en mi opinión, mi prima.
.- Bueno, mejor ahora, antes de la Ryder Cup y justo al terminar la temporada ¿no te parece? – respondí conciliador.

.- Pero, ¿de qué hablas? – preguntó las más bella de las criaturas, mientras levantaba la mano para llamar la atención de un camarero, que parecía jugara a ser invisible practicando una descarada maniobra evasiva en evitación de que nadie requiriera su servicios.
.- Pues, ¡de qué voy a hablar!: de lo mismo que tú: de la votación de Saint Andrews. ¿O es que te preocupa otras cosa? – inquirí algo perplejo.

.- Primo querido – empezó, y cuando pone lo de “querido” casi siempre es por algún motivo serio -. Primo querido, sabíamos todos que eras zoquete. Lo que me inquieta ahora es saber si lo que te acabas de fumar es el “driver”, la madera 3 o una mixtura alucinógena.
.- No. solo he consumido café y una tostada, prima querida – continué yo, que también sé ser educado –. No fumo desde hace más de diez años.

.- Pues entonces no me explico que toda tu alusión a “lo de Escocia” y tu solo interés se centre en lo que piensen, si es que piensan, unos carcamales de la Royal & Ancient, 260 años después de su fundación – concluyó la más hermosa de mis parientes.
.- ¡Ah! –dije yo como más inteligente y estratégica salida, mientras conseguía que el “camarero-que-parecía-jugar-a–ser-invisible”, además de ser perfectamente visible, atendiese nuestra solitaria mesa.
.– ¡Ah! – repetí cuando se hubo esfumado el joven afiliado del Sindicato de Hostelería - Entiendo.

.- Dudo que entiendas nada, so burro, pero al menos deja de decir constantemente ¡ah! Lo gordo era la votación sobre la independencia en Escocia: de suma gravedad para el Reino Unido, para Europa, para España, para nuestra familia y para mis inversiones: un 3% del capital – mío y tuyo - lo tengo en una sociedad con sede en Aberdeen, que participa en otra con el 51% del capital de un fondo con monocultivo en Petróleo del mar del Norte Inc.
Iba a decir ¡ah! pero, en pro de la paz familiar, cambié mi elocuente discurso.
-¡Uf!