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LAS VACACIONES ESCOLARES

Tome la iniciativa para que el golf no le separe de esos angelitos que han acabado el colegio



No soy contrario a que el curso escolar termine. Es éste un punto en el que me separo de la línea de pensamiento que sostiene mi tía Alicia y, con ella, gran parte del utilitarismo adulto.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 2 julio 2014

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La síntesis de esta escuela filosófica afirma que cuanto más tiempo pasen los niños y jóvenes en el colegio mejor para la familia, para la ciudad, para el orbe y para el golf.
 
Cuando le pregunté a un primo soltero hándicap 8, conspicuo representante de la corriente SFE (School For Ever), que qué tiene que ver el Calendario Escolar con la práctica del golf, me miró como si yo acabase de descender del platillo volante y me preguntó.
 
.- ¿Pero es que tú no ves a los chiquillos por el campo de golf? ¿A qué horas juegas tú al golf?
.- A la hora de los señores – le contesté algo molesto, lo reconozco –: cuando los niños están durmiendo, que ahora duermen casi toda la mañana o a la hora en que están comiendo, que ahora comen toda la tarde.
 
.- No toda – me corrigió mi primo -. De hecho desde la hora del aperitivo y hasta el atardecer te encuentras enjambres de mini-pseudo-profesionales que ocupan el campo haciendo piruetas, saltitos cuando embocan y tomando medidas antes de dar putt como si estuvieran jugando Augusta.
 
He dicho que en general no soy contrario a que el curso escolar tenga una fecha para terminar, cantar el Gaudeamus Igitur y permitir la salida y fuga de enjambres de chavales, pero este año he tenido que hacer una excepción con el mal criado sobrino Gus D y T, pariente segundo por la línea más de temer de la estirpe, la rama de Tía Alicia.
 
Todo sucedió el sábado pasado en la casa campo de la hermana de tía Alicia. Ella es un encanto de señora, oveja blanca de la familia y muy devota del Inmaculado Corazón de María. Con tan piadoso motivo organiza una romería en su finca de Villamanrique de la Condesa ese sábado.
 
Suele ser un día de paz familiar en el que hasta la terrible tía Alicia se muestra casi sumisa delante de la paz y bondad de su hermana. Tras el rezo del Rosario, las canciones marianas y una Salve Rociera, el servicio reparte un arroz con perdiz a la muchedumbre que, cobijada bajo melocotoneros, naranjos, limoneros luneros y otras plantas parecidas lo consume regándolo con manzanilla Solear, que mi bendita tía es amiga del clan Barbadillo.
 
Yo compartí arroz, vino fruta y maledicencias con mi prima Margarita, mi primo Gonzalo, su esposa Traci y otros gandules. Cuando por el calor y la comida el sopor vino a apoderarse de casi todo, se fueron retirando. Entonces se me apareció la cara sembrada de pecas bajo un pelo rubio intenso y una sonrisa de picardía de mi sobrino Gus.
 
.- Tito –soltó.
.- Querrás decir tío: tito es inadecuado.
.- Bueno, tío, ¿te vienes a “approchar” al patio de atrás? – incitó el pequeño delincuente.
.- No es hora y no tengo palos – dije intentando repeler al heredero moral del Destripador.
.- Yo sí: tengo aquí el wedge de tío Luis que lo tenía en el coche.
El chaval me mostró el trofeo y, antes de que yo pudiera reconvenir el hurto, añadió:
.- Bueno, claro que tú al wedge no le das tan bien como la tía Margarita.
.- ¿Quién te ha dado tan deficiente información? Has de saber que en mi Colegio Mayor no quedé campeón de Pitch & Putt, porque allí se alojaba un joven americano de color que luego ha tenido cierto éxito como profesional.
.- Ya.- dijo meneando la cabeza en lo que a mí me pareció un mohín de incredulidad.
.- ¿Qué significa “ya”? Trae aquí ese palo y vamos allá.
Me tiré un cuarto de hora intentando desde 60 yardas colar una sola bola en una espuerta de las de aceitunas y no dejé ni una a menos de 20.
.- Ahora me toca a mí – dijo aburrido el gusano Gus.
Y el irrespetuoso mocoso fue metiendo en el cesto una tras otra hasta diez bolas seguidas y cada vez con más cara de burla.
.- Mucha suerte: suerte del novato – dije yo más envidioso que picado.
.- ¿Suerte? Ahora, tito, un approach con los ojos cerrados.
 
Tomó el gap wedge, se orientó hacia el canasto, abrió la cara del palo y con un swing soberbio pegó a la bola entre la varilla y la cara del palo produciendo un socket horroroso: la bola describiendo una parábola de poca altura y de tensa proyección, penetró como un misil por la vidriera de la sala de estar en donde docenas de parientes acunaban la digestión de su arroz con perdiz. Por el estrépito que anegó el aire deduje que la bola no había hecho backspin, sino que orgullosa de su potencia había preferido incrustarse en la vidriera nacarada e ir destruyendo objetos frágiles como una par de vajillas Rosenthal y un precioso juego de copas Baccarat para champán.
 
La Caída del Imperio Romano o el derrumbamiento de las murallas de Jericó no debieron provocar tanto caos como aquella pelotita de caucho endurecido.
 
Cuando la peor de las caras de tía Alicia asomó por entre los cristales rotos del ventanal, seguida por las recién mal despertadas caras de aquellas docenas de tíos primos, primos segundos y allegados, yo tenía en mi mano el wedge que mi sobrino Gus había puesto en mi mano antes de poner millas entre el escenario del crimen y su apestosa persona.
 
.- Yo, yo, yo…no es yo, yo … - balbuceé.
.- ¡Tú! – vocifero mi tía Alicia- tú te vuelves a la ciudad ahora y ya hablaremos el lunes.
 
Gracias a Dios, el lunes no hubo que hablar con ella pues, el reptil de mi sobrino Gus y su hermano que había gravado la escena, cometieron la tontería de colgar en YouTube imágenes del momento. Margarita lo había visto y, tras mostrárselo a mi anciana tía, me transmitió el indulto.
Así que ¡vivan las vacaciones escolares!