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¿DESGRAVA EL GOLF?

A los golfistas les sale a pagar; a Willy Meyer le sale un plan de pensiones en Luxemburgo



En realidad la vida es todo equilibrio y lo que no se va en llantos por el IRPF, se va en suspiros por la presencia de un snob en el bar del Club de Golf.



José Ángel Domínguez Calatayud / Actualizado 26 junio 2014

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No pude jugar a golf aquella mañana aciaga. Mi reconocido espíritu jovial y dicharachero había quedado abducido – si se puede decir así – por un espíritu maligno y lleno de ansias vengativas contra los ministros de Hacienda del mundo entero y, más particularmente, contra las autoridades con competencia confiscatoria sobre mi fortuna y mis rentas: resulta que mi declaración de IRPF me sale a pagar. No entiendo: si no hago más que obras altruistas y sostengo montones de oenegés del tipo “Golfistas sin Fronteras” y apoyo la cultura con fuertes inversiones en medios como el prestigioso blog Golf & Manners.
 
Lo cierto es que me disgusté con mi equipo de asesoramiento fiscal por no haber descubierto a tiempo un plan de pensiones muy deducible como el de Willy Meyer, ese comunista de salón – de salón de baile vienés – con una SICAV asentada en Luxemburgo.
 
Echando pestes de estas tribus que sangran a las pobres fortunas españolas me dirigí a consolar mis penas con un Dry Martini en el bar del Club, esperando que alguien se hiciera cargo de la cuenta para no ahondar en mi penuria. Y hete aquí, que veo en la mesa que da al chipping green el más bello rostro del Club - ¡de todos los clubes!-, que no es otro que el de mi prima Margarita. Se hallaba la joven recién vestida tras su partido de golf, acompañada de un lechuguino vestido tan de marca que parecía una pausa publicitaria.
 
.- Hola, primo – saludó Margarita – te presento a Marcial Gundersen Poniatowski.
 
Di la mano al caballero. Y digo lo de caballero para mantener el tono digno de estos textos, porque tendría que haber dicho el grosero-tommy-hilfigger-lacoste-lotusse-fijador-pantenne-for-men. El sujeto me arrimó una mano húmeda y fofa como una breva, sin siquiera hacer ademán de levantarse.
.- Encantado, Gumersindo – dije yo más para marcar protesta que para manifestar ningún gozo.
.- Marcial, Marcial Gundersen - me corrigió presto el lechuguino-fred-perry-aqua-di-gio.
 
Luego de pedir al eficiente Rashid un mejunje en formato coctel, fui informado por Margarita de las novedades.
.- Pues resulta que Marcial viene de Barcelona para unos asuntos de negocios y mi banco me organizó un partidito con él – la descripción del evento y la divertida mirada de mi prima que el sujeto no podía entender - me daban la señal de que el asunto no funcionaba. Vamos, que ya estoy acostumbrado a que en cuanto ven los ojazos de Margarita y el rosario de perfectos dientes de su boca en el marco de la cara más perfecta al Oeste del Guadaira, los sujetos lechuguinos gritan dentro de sí “¡conquista a la vista!”, lo que cursa en ansiedad en cuanto ven la armonía de su swing.
 
Y a ella, yo lo sé, las más de las veces le divierte, pero no cuando se topa con el modelo plasta-scalpers-levi-strauss-kahn. Y el que teníamos delante bebiendo cerveza Mahou 5 estrellas (desconocía que la tuvieran en la bodega del Club) era del modelo versión ingeniero sofisticado con elementos insólitos.
 
El ejemplar plastón-i-phone-rolex-de-oro, miró el reloj y anunció su despedida tras dejar seco el vaso de cerveza.
.- ¡Oh!, Margarita - (al parecer, yo me había vuelto invisible) -: se me ha hecho tarde. He quedado para comer con mi agente, así que cojo mi Audi 7 RS Sportback y me voy volando al Restaurante Abades Triana.
Lástima – dije yo, lamentando que terminase el curso intensivo de esnobismo plusmarquista.
.- Luego te llamo, nena –concluyó el lechuguino, haciendo mutis por la puerta de la barra, sin pagar ni una de sus cinco estrellas.
.- ¿Nena? ¿Luego te llama? ¿Es que vais a salir juntos? ¿Ya le has dado tu número teléfono?

Margarita sólo respondió a la cuarta de mis preguntas, y lo hizo a carcajadas.
.- Mi número no: el tuyo…jajajaja.
.- Muy graciosa, prima. O sea que has tenido un partido estupendo con el Gumersindo ese.
.- Estupendo, sí – ironizó la más bella de mis parientes -. Se ha pasado cada hoyo intentando impresionarme intentando acertar la distancia de su bola a la bandera con uno de esos dispositivos tipo anteojos. No daba una. Tiene el pulso de un paciente de temblor esencial.
.- Será por el peso del Rolex.
.- Será por el peso del “Trolex” - espetó Margarita. - ¿sabes la definición de snob que leí el otro día? Señor empeñado en estar con gente que no tiene el menor interés en estar con él.

.- ¿Así que el reloj no era auténtico? –pregunté ingenuamente –. A lo mejor lo demás tampoco.
.- Eso no lo sé. Pero el medidor de distancia con su pulso era hasta divertido. Le pregunté la distancia en el segundo golpe del hoyo 15 y me dijo 4 kilómetros.
.- Sí, parecen muchos metros para un par 4.
.- Lo más seguro es que fijase el objetivo en la Giralda. – concluyó Margarita – Ah, primo: trátale con cariño cuando llame a tu teléfono.
.- Lo que tú digas “nena”.