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POR LOS LADOS DE BALTIMORE

Una lectura radical de la otra cara de la Copa del Mundo, los indignados de Brasil



Hay por doquier una chusma envilecida y embrutecida por la comida basura que los engorda y enferma, el entretenimiento basura que los idiotiza y la vida basura que llevan a todas partes.



Melvin Mañón / Actualizado 25 junio 2014

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Las cadenas de comida basura, de entretenimiento basura y de estilo de vida basura han tenido éxito allí donde todos los planes de contrainsurgencia anticomunista sesudamente pensados, en las instancias de poder mas conservadoras, habían fracasado. Armas modernas, planes estratégicos, equipo sofisticado, escuelas de contrainsurgencia, espionaje y penetración fueron recursos que, aunque jugaron su papel, pasaron de moda. El sistema encontró métodos de dominación mas efectivos. La fuerza que guió estos esfuerzos hasta el éxito alcanzado no fue necesariamente la ecuación política de la Guerra Fría, sino el afán de lucro corporativo en la última y mas depredadora modalidad de este.

Los negros rebeldes de la lucha por los derechos civiles ya no luchan por nada, se drogan y/o venden drogas. Los que no están en esa vida basura, tratan de huir a su propia realidad basura, están obesos y desfigurados por la comida basura. Sus cuerpos sucumben penosamente a una obesidad que desdibuja su humanidad. Arrastran la gordura inmensa como su inmensa pobreza física y mental.

Para que no piensen en nada, se les sirven loterías, juegos, competencias o concursos de TV a ver quien hace el papel mas estúpido; programas donde ellos, y muchísimos otros que no son negros, acuden a ventilar sus miserias ante un público que no se compadece al oirlas sino que se divierte y entretiene con ellas y cuando todo eso no basta, les meten como enema, el nacimiento de algún príncipe, la enfermedad de algún multimillonario, el escándalo sexual de alguna luminaria del espectáculo y adicionalmente las olimpiadas o el Mundial de Fútbol, ambos de mierda, donde nos quieren hacer creer que un montón de tipos compiten para hacer deporte y ser aplaudidos por otro montón de entusiastas amantes del deporte.

Pero no son los negros solamente. Somos todos. Blancos, latinos, asiáticos. Ya nuestros pueblos y nuestros pobres no son mas pueblos. Hay por doquier una chusma envilecida y embrutecida por la comida basura que los engorda y enferma, el entretenimiento basura que los idiotiza y la vida basura que llevan a todas partes, creídos como están que esa es la vida que deben llevar; muchos luchando a brazo partido por ingresar a/o permanecer dentro de ese estilo de vida y algunos pocos todavía creyéndose que son felices.

Los brasileños que se han tirado a las calles para oponerse al Mundial de Fútbol alegando con razón que todos los miles de millones botados en edificaciones y preparativos debieron haberse usado para fomentar su bienestar quizás sean los primeros en desenmascarar la canallada de hacernos creer en el deporte. La vieja consigna de origen grecolatino: mente sana en cuerpo sano ya ni siquiera la mencionan en las promociones porque lo que hay no es deporte sino negocio y dominación. Quieren y logran que dejemos de pensar en lo que si importa para que nos enfrasquemos, estemos pendientes y discutamos quien gana o pierde, quien mete un gol, hace una carrera, rompe una marca o brinca mas alto que los demás. Todo eso que antes fue deporte ahora es basura para endrogarnos y nos endrogan igual que con la cocaína y otras sustancias. Es lo mismo.

Las grandes corporaciones venden utensilios, ropa, aditamentos y marcas para que nosotros, estúpidos, paguemos un sobreprecio por estos artículos en la creencia, absurda y aun más estúpida, de que son especiales, mejores y distintos a los demás porque, naturalmente, los usan los mas famosos. Pero esos llamados atletas de olimpiada y la mayoría de las grandes estrellas del deporte son mercaderes. Se rompen el espinazo, es verdad, pero no por el deporte, ni por la gloria de su país, sino por el dinero en patrocinio comercial porque, a su manera, trabajan para las mismas corporaciones que quieren que compremos lo que ellos visten y comen. La inmensa mayoría de los atletas de olimpiada y un montón de otros que no lo son, vienen a ser empleados de las corporaciones, instrumentos de agencias publicitarias y todos juntos trabajan para un mismo fin: entretener a unos mientras se enriquecen otros.

Entretener a la gente es, posiblemente, la labor mas importante de todos los sectores, fuerzas y estamentos que sostienen el orden actual tanto a escala mundial como dentro de cada país. Solamente las zonas del mundo que están ahora enzarzadas en guerras o graves conflictos religiosos escapan a esta realidad y es porque viven otra muy distinta.
Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que toda esa estupidez que el poder promueve no era una señal de incompetencia de las élites y tardé aun mas tiempo en comprender que es el poder corporativo, en primer lugar, el verdadero responsable de lo que acontece a escala mundial.

Los gobiernos solamente refrendan las peticiones y exigencias de las corporaciones. Los organismos supranacionales como el FMI, la OMC, la OIT, la CPI, el Banco Mundial y demás instancias son el equivalente a la corte suprema internacional y sus fallos, siempre contra los gobiernos y países que los cuestionan o desafían, son inapelables: son la casación de los conflictos y disputas.

La música dejó de ser música y el deporte dejó de ser deporte. Ambos son ruido, piezas de una misma tijera. Donde quiera que sea que usted acuda a un punto de información o de servicio, el encargado está oyendo música. Perdón, la está tarareando bajito porque se las sabe todas, porque se pasa el día entero oyendo música y todo el espacio de su cerebro está ocupado con letras y melodías, una formula segura para que la realidad y alguna preocupación por ella jamás entren a su cabeza.

En todas partes del mundo, desde África hasta la Patagonia usted observa el atuendo, el aspecto y el lenguaje corporal de quienes protestan o se manifiestan y no tarda en percatarse de que hasta el hecho mismo de una protesta han logrado envilecerlo. Muchos pueblos hoy en día se comportan exactamente como lo hacía la plebe romana de los siglos IV y III a.c. Aplaudían hasta rabiar las peleas de gladiadores, la sangre, la muerte, el sacrificio inútil de hombres y animales, la negación de la vida. Era lo que el sistema preparaba para ellos: pan y circo; lo que tenemos hoy. Pero no se debe olvidar que esa etapa de pan y circo, corresponde al periodo de decadencia del imperio romano, antes de que colapsara del todo.

Lo mismo que hoy. Y también hoy, lo mismo que ayer, esta etapa de iniquidad y sin propósito está dando lugar a un desorden global, inmenso, terrible. La iglesia católica fue la gran heredera y beneficiaria de la caída de Roma. Hoy, también ese aspecto del proceso de repite pero no necesariamente a favor de la iglesia católica, mas bien a expensas suya.