Antes de ser el conocido autor de las tres novelas de la serie Millenium, Stieg Larsson pasó la mayor parte de su vida profesional analizando las sociedades nórdicas y alertando sobre la posibilidad de crímenes racistas y de odio. En 1995 llegó a escribir que “una masacre como la de Oklahoma ocurrirá también en Suecia. Disponemos de todos los ingredientes: odio, fanatismo, glorificación de la violencia y mentalidad sectaria”.
Aunque el escritor se refería a Estocolmo, la capital sueca, el doble atentado de Oslo muestra que conocía bien el clima que se estaba gestando en las sociedades más avanzadas del mundo. A través de los artículos y reportajes publicados en la revista que fundó, Expo, y publicados hasta 2004, alertó contra la ultraderecha nórdica y las influencias que los extremistas estadounidenses ejercían sobre ella.
Desde que comenzó su carrera como corresponsal de una revista antirracista inglesa y participó en la fundación del movimiento Stop the Racism, el escritor puso en riego su vida varias veces para alertar de lo que se avecinaba. Los artículos publicados en Expo forman el libro La voz y la furia, publicado en español por Destino.
En uno de los últimos, Larsson escribió que “los musulmanes han sustituido a los judíos como el principal blanco del odio”. Su tesis era que, lejos de ser locos solitarios, “los nazis se están dedicando al terrorismo organizado. El nazismo siempre se ha servido del terrorismo como método de lucha”. El escritor, además, lamentaba la despreocupación de las autoridades policiales, que no consideraban como una amenaza a estos movimientos.
Larsson investigó las conexiones entre las Naciones Arias de Estados Unidos, que acusan al gobierno de su país de estar dirigido por un grupo sionista que quiere acabar con la raza blanca, con agrupaciones similares en los países nórdicos. Como ellos, estos grupos consideran una amenaza la inmigración, que consideran acude a sus países para violar a sus mujeres.
Aunque el verdadero culpable no son los inmigrantes, sino los que ocupan el poder, que han entregado según ellos el país al "multiculturalismo". Y los textos en los que Anders Breivik justifica sus acciones siguen ese razonamiento y “la necesidad de actuar”. Era cuestión de tiempo que, como decía Larsson, si los fanáticos proclaman a todas horas el odio contra la democracia, alguien va a hacer algo extremadamente estúpido.