Hace una semana todo Chile vibró -en una noticia de gran repercusión mundial- al saber que los 33 mineros atrapados en el yacimiento de oro y cobre de la mina de San José, en el desierto de Atacama, habían sobrevivido tras quedar atrapados desde el 8 de agosto a 688 metros de profundidad. Fue una explosión de alegría en las calles de Santiago y en los días posteriores en los lugares donde pasaban las máquinas movilizadas para iniciar lo que será la mayor operación rescate del interior de una mina.
Con el mismo espíritu de superación ante la adversidad mostrado en los días trágicos del terremoto y el tsunami que dejaron un balance dramático de 500 víctimas y 200.000 personas sin hogar, Chile volvió a cerrar filas con esperanza, coraje y decisión.
La tarea es titánica. Van a ser semanas, y meses, de esfuerzos enormes, y de tareas muy cuidadosas para poder abrir con éxito un túnel, o dos, para poder salvar a los mineros de un infierno en el que están sometidos a temperaturas continuas de 35 grados y un clima de opresión y ansiedad contra el que no dejan de luchar.
Sin duda una clave para el éxito de esta misión es la entereza mostrada por los mineros, el emocionante testimonio de cómo están organizados. Sebastián Piñera resumió la emoción del primer testimonio de vida que enviaron los mineros señalando que "nunca tan pocas palabras dieron tanta alegría a una nación entera". Mario Gómez, de 63 años, emocionó a Chile con el mensaje enviado a su mujer -que recogió Hechos de Hoy-: "Paciencia y fe. Estoy seguro de que vamos a salir con vida".
Lo más admirable de este episodio, que ha impresionado al papa Benedicto XVI, quien les envió este domingo un mensaje de aliento y esperanza, fue la capacidad que demostraron para luchar y sobrevivir casi tres semanas sin saber si los habían dado por muertos.
Solidaridad, entereza y esperanza son las tres claves maestras de la conmovedora historia de la mina de San José. Enorme lección de Chile y sus mineros para todos aquellos países que viven anclados en rencillas, donde la apatía preside la vida pública, y en los que sólo hay desesperanza ante retos de escasa enjundia.