Un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Mexicana aterrizó en el aeropuerto Toncontín, sur de Tegucigalpa, donde cadetes de la Academia Militar bajaron uno a uno los féretros y los colocaron bajo unas carpas frente a la base de la Fuerza Aérea Hondureña, en la misma terminal.
El presidente Porfirio Lobo encabezó la ceremonia de recibimiento, a la que asistieron decenas de familiares de las víctimas, mientras el ministro de Exteriores, Mario Canahuati, censuró al presidente de Ecuador, Rafael Correa, por revelar que un hondureño sobrevivió a la masacre y era testigo protegido. Hay "un testigo encubierto que, lamentablemente, en una forma irresponsable se ha dado a conocer por una persona que debería tener prudencia tomando en consideración el riesgo que puede correr la vida de este ciudadano y su familia", dijo Canahuati.
Correa dijo que esta información le fue dada por el ecuatoriano que hasta ahora había sido mencionado como único sobreviviente de la matanza registrada la semana pasada en el poblado mexicano de San Fernando, a unos 180 km de la frontera con Estados Unidos y atribuida al violento cártel de Los Zetas.
Las autoridades mexicanas continúan por su parte el proceso de identificación de los cadáveres, entre los que hay también 12 salvadoreños, cuatro guatemaltecos y un brasileño, ya identificados. Los emigrantes viajaban por territorio mexicano en un camión hacia la frontera con Estados Unidos, el 29 de agosto, cuando fueron interceptados por miembros del cártel de las drogas Los Zetas, que los llevaron a una hacienda de Tamaulipas, donde los fusilaron, según relató el sobreviviente ecuatoriano.