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Lo que nos suele ocurrir es que vivimos en la irrealidad como por inercia, y ya se sabe que la inercia es la resistencia al cambio. Al vernos obligados a cambiar, nos oponemos. Nuestro espíritu desarrolla anticuerpos “soberbios” contra las células de esa verdad adversa. El ejercicio regular del golf es el segundo mejor tratamiento para reducir la cantidad y severidad de los anticuerpos soberbios. Su anulación total, según la más autorizada sabiduría no sobreviene hasta veinticuatro horas después de muerta la persona.
Dice mi prima Margarita, quien ha vuelto de Mónaco con el color de un pastel de arroz de la Pastelería Arrese (Gran Vía, 24, Bilbao, Vizcaya), que el primer tratamiento para mejorar la humildad es el autoconocimiento, pero que según su opinión los hombres en general y yo en particular no lo tenemos fácil. Luego ha añadido un largo párrafo aludiendo al contenido de mi cavidad craneal como algo tan inerte como el agua y con menos actividad que el medallero olímpico español.
Ha sido esta comparación tan cariñosa de Margarita con las medallas olímpicas la que, una vez ella consignada en su mansión a buen recaudo, me ha llevado a dar vueltas por la biblioteca de casa, rompiendo distraídamente a mi paso alguna baratija, mientras me esforzaba en pensar. Pensar es una actividad muy provechosa, por lo que me han dicho. Lo que puedo afirmar es que consume tiempo y recursos, por lo que no fue hasta que el servicio me retiró el postre que conseguí llegar a algunas conclusiones, no sin antes dejar caer dos copas, una plato de postre y el teléfono móvil mientras mi mirada vagaba, ida y vuelta, de la lámpara del techo al retrato de uno de mis antecesores y viceversa.
Pero doy por bien arriesgados estos caducos objetos, pues he podido concluir que la humildad es aplicable a las siguientes siete sentencias:
1º) En materia de cantidad de medallas olímpicas a ganar por nuestra amada nación, todo pronóstico es digno de ser evitado.
2º) En el caso de la Delegación de Fútbol – aquí, al parecer, no se llama oficialmente Selección, no sé si porque no son selectos - hacer pronóstico de medalla debió ser evitado mil veces más y sobre todo y precisamente tras ganar la Eurocopa.
3º) Si usted juega al golf como aficionado y ha hecho un resultado extraordinario (-7, por ejemplo) no deje constancia de ello en su Diario Personal y menos entre admiraciones; no entre haciendo flic-flac en el vestuario ni abra una suscripción para financiarse su tarjeta en el circuito europeo sin haber repetido similar resultado al menos el día siguiente, cosa que le garantizo tiene parecidas probabilidades a las que tienen la lidia de toros de ser declarada prueba olímpica.
4º) Si usted juega al golf como aficionado y en uno de esos inusuales golpes suyos se sale de calle y ve alejarse su bola en las profundidades del rough, busque su bola 30 yardas más acá de lo que pensaba en un primer momento. Incluso sus golpes inusuales se quedarán siempre –repito, siempre– más cortos que lo que su mente le indique. La mente del golfista es una espía aliada de los anticuerpos de la soberbia.
5º) Si usted tiene algo que ver con el deporte olímpico español, sobre todo si su nombramiento responde a criterios marcadamente políticos, piense en cómo prever y planificar. Pegue junto al espejo del lavabo en el que se afeita o se maquilla esta máxima extraída hoy para usted de un tuit de Simon Sinek: "The best competitive long-term strategy is cooperation" (Danielle Summers).
6º) Si usted es jugador de golf aficionado, incluso de hándicap muy bajo al que ha llegado como autodidacta y lleva meses sin bajar notablemente el número de sus golpes, aunque piense que tiene buenas sensaciones, mire a ver si alguien, por ejemplo un buen profesor, puede decir algo acerca de su modo de empuñar el palo o de su stance: me han dicho que hasta un Ferrari, necesita que le miren algo más que la carrocería de vez en cuando.
7º) Revise su estética: para salir al campo de golf, a un restaurante, a la playa o a una gestión administrativa las muestras de respeto - que son muestra de humildad - se expresan evitando una indumentaria insólita.
Muy, muy, muy agotado del pernicioso ejercicio de pensar, pero razonablemente satisfecho con mis “Siete Cuestiones Claves de la Humildad en el Deporte” he enviado el primer borrador a mi prima Margarita a la que tengo por ecuánime crítica del pensamiento literario moderno.
El mail de respuesta es desconcertante:
“Especie de primo zoquete: gran declaración la de las Siete Cuestiones Claves de la Humildad y todo eso. ¿De dónde la has fusilado? Besitos.”
Lo he leído. Lo he impreso. Le he vuelto a leer. Lo he subrayado, sobre todo la parte donde dice “fusilado”. ¿Es posible que no reconozca mi fascinante y humilde estilo?
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Mireia recibió este miércoles su primera medalla olímpica: con alegría y humildad. (Foto: TDP) |
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