Estupor de nuevo en México por la terrible violencia, y desprecio a la vida. Los sicarios trabajan para los narcos con la única orden de amedrentar, crear miedo, y atemorizar a policías para que deserten en lo que es un desafío a la Administración de Felipe Calderón.
Sergio Vega, El Shaka -nombre que tomó de un guerrero zulú- no temía a la muerte. Se había convertido en figura legendaria de los narcorridos. Y seguía tenaz su carrera. Fue acribillado en el peaje de la autopista de Nogales, en el momento en que viajaba a Alhuey (en el estado de Sinaloa).
En este México del norte donde se esparcen los rumores, se dijo que los narcos le habían matado. Vega tuvo que desmentirlo porque sabía que es ese clima de intimidación el que se busca instaurar. En declaraciones al diario La Oreja reconoció que se cuidaba protegiendo su seguridad porque amaba la vida, su profesión, y su carrera artística. Pero sabía que pisaba desde hacía tiempo terreno peligroso por cantar el género de los narcorridos
"Yo, que navego temas muy fuertes, muchos corridos, tengo mi temorcito y hay que encomendarse a Dios", había dicho Vega. "Ya está plebes, que Dios me los bendiga, gracias por apoyar mi música", dejó escrito en Twitter.
Su muerte ha llenado de pesadumbre su página de Facebook. Hay un sentimiento de rebeldía contra esta ola criminal, una pesadilla de la que se quiere salir y no se encuentra fin en este México norteño donde los narcos han creado una red de sicarios desalmados.