La llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa ha sido observada con gran atención por el círculo de consejeros de Mohamed VI. Si en la Unión Europea, y el mismo Estados Unidos preocupaba la salud del enfermo de Europa, en Rabat mucho más. En un marco de grandes convulsiones regionales, sorprendió el abrupto final de Silvio Berlusconi en Italia y en cambio se valoró el escrupuloso proceso democrático en España así como la transición de poderes tras una legislatura de gran tensión política.
En Rabat, en los círculos próximos al Palacio Real, según informaciones de Hechos de Hoy, sorprendió además de forma positiva la contención de Rajoy desde su victoria, el énfasis en no utilizar su amplia mayoría, y en tejer una alianza política con Convergencia i Unió. También hay atención especial en Rabat a los próximos comicios en Andalucía y la eventualidad de un vuelco polítco que supondría el fín del fortín del PSOE.
La personalidad de Rajoy es bien diferente a la de José María Aznar. La primera impresión de Abdelilá Benkiran fue de sorpresa. Rajoy evitó un viaje con ostentación desplazándose en un Falcon de la Fuerza Aérea Española y no en un Airbus. No quiso tampoco que viajara ni el ministro de Exteriores con él, sólo su jeje de gabinete y su portavoz, Jorge Moragas y Carmen Martínez Castro.
Se intuye en Rabat que la relación de Rajoy y Benkiran va a ser muy fluída y de teléfono rojo, es decir de relación muy directa entre ambos evitando el desgaste de ambos monarcas y su misión de apagafuegos. Quienes tienen muchas claves de la política marroquí aseguraron que Mohamed VI se sintió cómodo por el estilo franco y sencillo de Rajoy que desea realmente una relación muy plena entre España y Marruecos a todos los niveles. En ese sentido, también se ha valorado que Rajoy haya querido viajar antes a Rabat que a Berlín y que considere que el eje hispano-marroquí es realmente vital y debe preservarse.
En su viaje a Rabat, muy distendido, Rajoy ha alabado el proceso de reformas de Mohamed VI y ha confirmado la inmediata reanudación del clima de cumbres anuales. Una visita por tanto de gran importancia y sensible proyección de un presidente cada vez más imprevisible frente a clichés tejidos como se comprobó en Rabat.