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El pasado 28 de enero se produjo un vergonzoso incidente en Santo Domingo. Alexis Bandrich Vega, embajador de Cuba en República Dominicana, hizo uso del único argumento que encontró para defender al régimen que representa: los golpes. Pudo más el fascistoide que el diplomático. Por un momento creyó que estas calles también eran de Fidel.
A mediados de la década del 70 del siglo pasado, la Asociación de Cubanos en República Dominicana promovió la construcción de una plazoleta dedicada a José Martí. De ese entonces data la tradición de los exiliados de reunirse allí para celebrar el natalicio del Apóstol.
En los últimos años, algunas de esas actividades coincidieron con otras organizadas por la Embajada de Cuba. La actitud del ex embajador Juan Astiasarán Ceballo, propició la convivencia y el respeto mutuo. Durante ese tiempo, también se consolidó Nosotros los Cubanos, un grupo de Facebook que promueve la fraternidad entre la diáspora.
Los golpes de Alexis Bandrich Vega a un compatriota suyo y la actitud avasalladora de otros funcionarios de la Embajada, trataron de replicar en las calles dominicanas las reglas del miedo y la represión que grupos paramilitares mantienen en las calles cubanas. Pero eso no es ni será posible nunca en un país libre.
Bandrich Vega cometió un error más grave aún. Llegó a decir que Martí era suyo, de ellos. Se pueden expropiar bodegas, barberías, gasolineras, cafetales o ingenios. Pero Martí no es un bien material que se pueda intervenir. Él, como el resto de las cosas que nos identifican como cubanos, no es de nadie si no es de todos.
Por más absoluto que sea el poder que se tiene, nunca será suficiente para arrebatar eso.
- Camilo Venegas, escritor y periodista cubano, reside en la actualidad en República Dominicana.
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Hace 40 años, la Asociación de Cubanos en República Dominicana promovió la construcción de una plazoleta dedicada a Martí. (Foto: CV) |
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