El jueves, el presidente de Estados Unidos trasladó a los parlamentarios su intención de llegar a un acuerdo sobre la deuda pública durante el fin de semana para evitar la quiebra de las finanzas del país. Desde las agencias de calificación advirtieron de una posible rebaja de la nota sobre los bonos del país y son muchas las instancias que urgen a que se llegue a un acuerdo.
Pero al margen de la política, varios analistas alertan de los riesgos colaterales que la lucha contra el déficit y la intransigencia de los republicanos puede tener en el sistema sanitario de Estados Unidos. No sólo por la rebaja prevista en los programas de ayuda como Medicaid y Medicare, sino en el entramado de compañías y servicios privados que forman la base de la atención médica en el país.
El servicio Medicaid está destinado a las personas y familias con bajos ingresos y recursos, se financia con aportaciones de los gobiernos estatal y federal y es administrado por los estados. Medicare es un programa federal sanitario para los mayores de 65 años y las personas con incapacidades permanentes físicas o mentales.
En peligro los estudios de Medicina
Además del coste social inmediato que pueden suponer los recortes exigidos por los republicanos en estos programas, algunos médicos, como Herbert Pardes, presidente del Presbyterian Hospital de Nueva York y su colega, el doctor Edward D. Miller, director general de la Universidad Johns Hopkins Medicine, alertan sobre las consecuencias en la enseñanza de la Medicina que este asunto trae consigo.
El diario The Wall Street Journal recoge un artículo de ambos expertos en el que señalan que la intención de recortar los fondos destinados a los estudios de posgrado en Medicina no sólo va a tener un efecto negativo sobre la salud de los pacientes. El recorte reduce “la capacidad de los pacientes para ser atendidos por los médicos, incluso en las enfermedades graves”, escriben.
Medicare acoge un programa de enseñanza especializada en varias áreas que se pretende recortar en un tercio, lo que va a reducir aún más el número de médicos en el país. Los autores alertan del déficit de profesionales de la Medicina que ya sufre Estados Unidos y un aumento sustancial de las listas de espera para ser atendidos.
Según las estadísticas del Departamento de Salud, en 2011 “un 10 por ciento de la población puede esperar meses para ver un médico”. En 2006, “el 70 por ciento de las consultas de los médicos eran independientes. Ahora, menos de la mitad de los médicos son propietarios de sus propias consultas”. La mayor parte de los consultorios en Estados Unidos ya son propiedad o dependen de los hospitales.
Pardes y Miller explican que si la tendencia continúa, la práctica privada de la Medicina va a ser cada vez más escasa y que son los hospitales los que ofrecen la mayor parte de la atención primaria, ambulatoria y también de la atención a los indigentes. Y señalan que cualquier recorte en los estudios médicos de posgrado “tendrá un impacto en todos los servicios que el hospital ofrece a la comunidad”.
Déficit de médicos
El futuro, además, no se presenta esperanzador, ya que “a medida que envejece la población y requiere más atención médica, la falta de médicos se hará más profunda”. Se estima que en 2020 habrá 72 millones de estadounidenses mayores de 65 años y casi un tercio de los médicos en 2011 son mayores de 55 años, lo que significa que van a retirarse unos 250.000 al mismo tiempo que sus pacientes los necesitan.
Según la Asociación Americana de Colegios Médicos, se necesitan unos 90.000 médicos más en 2020 para satisfacer la creciente demanda. Los autores recogen la necesidad de formar entre 6.000 y 8.000 nuevos médicos cada año durante los próximos 20 años, por lo que creen que “el Congreso debe aumentar el número de hospitales donde se puedan formar y no reducir los fondos disponibles”.