Tarciso Bertone, cardenal secretario de Estado del Vaticano, comunicó personalmente en Roma a Marcial Rubio Correa, rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) , que dispone de un plazo máximo hasta el 8 de abril, domingo de Pascua, para que la universidad adapte sus estatutos a la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae que rige en todo el mundo a las universidades que gozan oficialmente del calificativo de católicas. De no producirse esta adaptación de sus estatutos la universidad podría perder su carácter de Pontificia Universidad Católica.
El diferendo entre la PUCP y el Vaticano viene de lejos y de forma directa afecta al arzobispo de Lima, actualmente el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, que ha hecho todos los intentos posibles para llegar a una solución razonable del conflicto que, en última instancia, afecta, entre otros aspectos, a la forma en la que actualmente se elije al rector de esa universidad que tiene como Canciller al arzobispo de Lima.
Este mecanismo de elección del rector debe consistir en que la Asamblea Universitaria elije una terna de candidatos a rector, y el gran canciller, que es el arzobispo de Lima, elije a uno de ellos. Esta norma esta puesta en entredicho por los actuales regidores de la PUCP que mantienen que sólo la Asamblea Universitaria es competente y para ello aducen las leyes universitarias de Perú.
En el estira y afloja ya los tribunales dieron la razón al arzobispado declarando aplicable esa norma eclesial pero los actuales responsables de la universidad están haciendo todos los esfuerzos posibles para politizar el asunto implicando no solo a estudiantes dispuestos a la protesta sino también al ministro de Justicia que es un antiguo alumno de la universidad.
Pero esa universidad nació en 1917, en un contexto de predominancia del pensamiento liberal de finales del XIX contrario a la fe católica, con carácter de “persona moral pública de Derecho Eclesiástico” lo que implica que sus bienes constituyen bienes eclesiásticos según las normas vigentes en el momento de su fundación. El papa Pío XII, en 1942, y a petición de la propia universidad, decretó su erección como universidad pontificia y en 1943 se instituye el oficio de gran canciller de la misma en el arzobispo de Lima.
Nunca perdió ese carácter ya que, según afirma el cardenal Cipriani “no se diluyó en absoluto su vinculación con la Iglesia; prueba de ello es que el artículo cuarto de su Estatuto de 1956 precisó: ‘La Universidad Católica del Perú se rige por los presentes Estatutos, en entera conformidad con las leyes de la Iglesia y las del Estado Peruano, con absoluto acatamiento de las resoluciones de la Santa Sede, de la cual depende”.
En agosto de 1990 el papa Juan Pablo II promulgó la constitución apostólica Ex Corde Ecclessiae a la que todas las universidades católicas debían adaptar sus estatutos y que en ellos quede patente la identidad católica y la dependencia de la Santa Sede. A las necesarias modificaciones se ha negado sistemáticamente el actual rector quien acusa al cardenal Cipriani de querer tomar el control económico y académico de la universidad porque “no está de acuerdo con nosotros, porque cree que no somos católicos, que no actuamos como católicos”
La paciencia de la máxima autoridad eclesiástica parece que ha llegado a su límite después de haber enviado a finales del pasado año al aardenal arzobispo de Budapest Peter Erdö en visita apostólica a Lima para intervenir en el asunto. La convocatoria del rector ante el Secretario de Estado cardenal Bertone y lo que se le ha notificado respecto a la necesaria modificación de los estatutos de la PUPC ha tenido en cuenta, según nota oficial del Vaticano, los numerosos encuentros entre el arzobispo de Lima y el rector de la universidad, las conclusiones del cardenal Erdö y la propuesta presentada por el rector al término de esa visita.
En el fondo de todo este estira y afloja subyace, según medios universitarios de la capital peruana, el problema del dudoso carácter católico de ciertas actitudes académicas en el seno de esa universidad.
El rectorado en su posición de “mantella y no enmendalla” acaba de emitir un comunicado en el que afirma que:
1. “La carta del cardenal Bertone no hace mención a la decisión de la Asamblea Universitaria -máxima instancia de gobierno- del 23 de septiembre del año pasado, de no aprobar las modificaciones al Estatuto de la Universidad por ir en contra de su autonomía. Nuestra Universidad se rige por la Constitución Política del Perú, la legislación peruana y su Estatuto”.
2. “La Universidad no ha recibido las conclusiones del informe del Visitador Apostólico, cardenal Peter Erdö, ni la respuesta de la Santa Sede a las propuestas que le fueron entregadas por nuestras autoridades durante su visita en diciembre pasado”.
3. “El 28 de febrero, nuestro rector informará a la Asamblea Universitaria sobre su visita al Vaticano y respecto a la carta del cardenal Bertone”.
Y concluye afirmando que “el Rectorado mantendrá informadas a la comunidad universitaria y a la opinión pública sobre este tema a través de sus canales oficiales”.
Sobre esa actitud, el columnista Cesar Campos afirma en Generación.com que “creí que la visita del cardenal Peter Erdö, enviado del papa Benedicto XVI con el fin de armonizar las posiciones en pugna, serviría de base a una actitud menos enconada de Marcial y los suyos para defender su punto de vista. La respuesta fue otra: marchas, declaraciones altisonantes, las consabidas puyas a Cipriani acusándolo de “fujimontesinista”, vigilias, plantones, llantos, cánticos. Me recordaron las arengas de la izquierda comunista de los 70”
De no atender a las exigencias jurídicas planteadas al rector Marcial Rubio Correa podría resultar la pérdida del carácter de pontifica y católica de esa universidad y como daño colateral la pérdida del control de un importante patrimonio, legado testamentario de José de la Riva Agüero a la universidad, ya que según Fernán Altuve, experto en derecho canónico, “ante la eventual pérdida de los títulos, de Pontifica y Católica, los bienes de José de la Riva Agüero -que permitieron la fundación de la PUCP- dejan de pertenecer a la casa de estudios y “revierten al Arzobispado de Lima”. “Ello porque se empieza a dar un uso al bien diferente al fin para el cual que fueron donados.”. “Si usted no es una universidad católica -prosigue Altuve- y no tiene el reconocimiento del Vaticano no puede usar eso para fines de educación católica. Entonces, usted tiene que devolver esos bienes (…) El tema es si la universidad da educación católica y es el Vaticano el que lo determina”.