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“Hace años que vengo pegándole al coco por una solución”, “ha sido un día muy duro”, “tiene una lengua afilada”, “esa chiquilla es un huracán”, “el tipo anda con pajaritos en la cabeza”, “es el fruto de nuestro amor”, “tiene esa trompa muy suelta”, “me lanzó dardos con la mirada”…
El lenguaje rebosa con metáforas. Es una forma de vida explicar las cosas con palabras distintas que representan un sentimiento, una forma de describir mucho mejor un pensamiento, una emoción, una expresión. No sólo la literatura, la academia y la prensa se valen de las metáforas para articular elegantemente, para enseñar, para divertir y entretener, sino que la cotidianidad navega en sus mares también, entregándose al símil, a las alegorías, la simbología y demás para dejar dicho en pocas palabras lo que sentimos.
De hecho, nuevos experimentos en neurología indican que cuando escuchamos “la vida está dura”, áreas en el cerebro que se encargan de procesar estímulos sensoriales se encienden como un estadio listo para el gran juego. ¡Vaya metáfora!
Este tipo de lenguaje realmente refleja otro procesamiento cerebral. Nos reta a comprender algo a través de otros pensamientos; por ello, lingüistas y psicólogos han debatido por mucho tiempo si existen áreas en el cerebro pertenecientes a funciones sensoriales que trabajan cuando escuchan o leen una metáfora. Ahora, nuevas investigaciones de imágenes en el cerebro indican que regiones importantes, como el opérculo parietal que reacciona a las texturas, se activan al escuchar una metáfora como “sus palabras ásperas me arañaban el alma”.
Lo primero era descubrir qué regiones se movilizan con algunos sentimientos. En este estudio, los investigadores se concentraron en la investigación anterior llevada a cabo por el departamento de neurología en la Universidad de Emory que elaboró un mapa neuronal de las estructuras involucradas en el procesamiento de las texturas, ya sea mediante el tacto o la vista.
“La investigación anterior nos permitió establecer con confianza el enlace dentro del cerebro entre las metáforas que tienen que ver con el tejido de algo y la experiencia sensorial que ofrece la textura misma. Interesantemente, las regiones visuales corticales no fueron activadas por las metáforas de texturas, lo que confirma otras evidencias que indican la primacía del tacto en la percepción de la contextura”, explica Krish Sathian, del centro de neurología, medicina de rehabilitación y psicología en Emory. “El resultado ilustra cómo extraemos entendimiento del lenguaje metafórico utilizando las experiencias de las sensaciones”.
Siete voluntarios, estudiantes universitarios, participaron en el experimento. Ellos tenían que escuchar oraciones que contenían metáforas basadas en texturas, también escuchaban oraciones creadas a través de significado y estructura, nada de metáforas; luego debían apretar un botón cuando pensaban haber entendido el significado. Todo ello era producido bajo de máquinas de resonancia que rastreaban el flujo de sangre por el cerebro. Las estructuras que son más activadas por la sangre y la electricidad son las que están en uso.
Toman unos microsegundos más
Pues bien, las metáforas tardan unos microsegundos más para ser comprendidas. Las oraciones regulares sin adornos lingüísticos tardaron 0.63 segundos en ser comprendidas, las metafóricas 0.84. De hecho, la neurología ha estudiado casos clínicos de individuos con problemas en regiones cerebrales que no pueden entender metáforas. Aunque no se descubrió ninguna actividad extra en regiones conocidas por procesar lenguaje, como Broca o Wernicke, eso no descarta que tomen parte en ello.
“No creo que haya sólo un área responsable del procesamiento de las metáforas. Las investigaciones más recientes nos dicen que los conceptos abstractos son distribuidos por todo el cerebro para su comprensión completa”, dice Sathian. “Estamos hablando de redes neuronales más que de un área sola en el cerebro. Puede que el cerebro esté conduciendo una simulación interna, como una forma de comprender mejor la metáfora, y por eso es que las regiones relacionadas con el tacto están involucradas. Los resultados nos demuestran cómo los procesos complejos que involucran símbolos, como apreciar una pintura o entender una metáfora, no sólo dependen de partes nuevas que han evolucionado en el cerebro, sino también de adaptaciones de secciones más viejas”.
Sathia y su equipo, nos dicen, están llevando a cabo ahora un nuevo estudio donde indagarán si la estimulación magnética en regiones asociadas con la experiencia sensorial puede interferir con el entendimiento de las metáforas.
- Glenys Álvarez, psicóloga y periodista científica, reside en República Dominicana y publica más temas interesantes de ciencia en Editora Neutrina.
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las metáforas tardan unos microsegundos más para ser comprendidas. (Imagen: EurekAlert) |
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