Es princesa, la menor de los tres hermanos Grimaldi -Carolina, Alberto y Estefanía- y a sus 45 años confiesa que le han dolido las críticas que le han llovido, aunque eso la han convertido en más fuerte. Ha sido en la revista alemana Bunte en la que Estefanía de Mónaco se pregunta: "¿Qué he hecho yo que no hayan hecho otras chicas de mi edad".
Décadas después de sus años rebeldes en los que incluso intentó convertirse en estrella de la música, Estefanía agradece que hoy en día nadie se sorprende de encontrarla empujando el carrito de la compra por el supermercado en compañía de sus tres hijos entre doce y 17 años. "Doy mucha importancia a que cada noche cenemos los cuatro juntos", comenta. "Son lo más bonito que he creado", asegura para añadir que quiere dar a sus hijos todo lo que ella ha echado de menos en su infancia.
"Mi madre era mi persona de referencia", dice. Pero Gracia de Mónaco falleció muy joven, en un accidente de automóvil en 1982 "de forma brutal" y con Estefanía sentada en el mismo coche. "Yo he criado a mis hijos sola, he tenido que aprender todo por mi misma", reconoce en la revista.
Estefanía, que ha pasado por relaciones muy tormentosas, está especialmente orgullosa de su segunda hija, Paulina Ducret, hija del guardaespaldas Daniel Ducret que la "traicionó" de forma especialmente vil. La joven se está convirtiendo en toda una estrella de la natación profesional, muy en la línea de la futura esposa de su tío Alberto, la ex nadadora sudafricana Charlene Wittstock.
Pero Estefanía también se deshace en elogios hacia sus hijos Luis (Ducret) y Camille Gottlieb además de sentirse orgullosa de su último proyecto solidario, la inauguración de "La casa de la vida", un centro de acogida para enfermos de Sida. La hermana pequeña de Alberto y Carolina de Mónaco lucha por educar a sus hijos desde la cercanía y no como le pasó a ella, con unos padres que viajaban mucho y con los que el tiempo se le pasó "demasiado rápido" mientras que para ella "mis hijos siempre serán mis bebés".