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Hace unas pocas semanas, Telefónica decidió unificar sus marcas con Movistar y dejar el nombre oficial sólo para cuestiones institucionales. Fue una decisión arriesgada, como siempre que se tocan las marcas consolidadas, y sin embargo, nada hace pensar que haya sido un error.
Detrás de esta decisión, y de otras más importantes está desde hace diez años César Alierta, presidente ejecutivo de la compañía. Los números no engañan. En estos diez años, Telefónica ha pasado de 68 millones de clientes en 11 países a 273 millones en 25 países. Los beneficios de este periodo han pasado de 2.505 millones de euros a 7.776, dejando al inversor una rentabilidad del 62 por ciento.
Objetivo: Brasil
En los trece años que Alierta lleva en la compañía -tres como miembro del consejo y diez como presidente-, la compañía ha tomado decisiones cruciales que han terminado por situarla en el cuarto lugar de las operadoras del mundo, superada sólo por China Mobile, AT&T y Vodafone, en capitalización bursátil.
En número de clientes, Telefónica sólo es superada por las operadoras chinas y por Vodafone, con quien comparte el liderazgo en Europa junto a Deutsche Telecom y Orange. Y de hacerse con el control de la compañía brasileña Vivo, como ya informó Hechos de Hoy, estos números pueden quedarse pequeños.
Más éxitos que fracasos
En el camino de estos diez años Telefónica y César Alierta han protagonizado tres importantes movimientos. Primero, el abandono de las carísimas licencias de telefonía UMTS obtenidas en Europa, que no ofrecían seguridad alguna de rentabilidad y sí un lastre monumental. Segundo, continuar la política de expansión internacional que habían comenzado sus predecesores -Cándido Velázquez y Juan Villalonga. Y en tercer lugar, abandonar el negocio de medios con el portal de Internet Terra a la cabeza.
Aunque no todo en este tiempo han sido aciertos. Al menos en dos ocasiones la compañía ha visto frustradas sus expectativas de negocio. Primero con la compañía holandesa KPN, que finalmente no se pudo adquirir y después con la brasileña GVT en 2009, otra compra frustrada. No obstante, el interés por Brasil sigue intacto, así como el deseo de estar en el mercado chino, aunque sea con una pequeña participación.
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