Leonardo da Vinci pintó la Gioconda en su taller, rodeado de otras tantas pinturas y artilugios creados por el florentino, logrando dibujar una de las sonrisas más reconocidas del mundo del Arte. A su lado, un joven aprendiz perfiló una gemela que llegó envuelta bajo un halo de misterio al Museo del Prado de Madrid.
Se sospecha que Andrea Salai o Francesco Melzi pudieron ser los autores de la obra, que ya restaurada ha logrado ver la luz en la galería del Museo del Prado. Un misterio que permanece expuesto en la sala 49 después de un largo proceso en el que se han sacado a la luz los colores originales de la pintura.
Almudena Sánchez, restauradora del Museo del Prado, señaló que los colores azules girsáceos del fondo rocoso recuerdan en gran medida a los que se exhiben en la versión original de la Gioconda. Los estudios realizados sobre la obra desvelan que se trata de la copia más antigua y relevante que se conoce sobre el retrato de Leonardo Da Vinci.
Lisa Gherardini aparece reflejada en plenitud para iluminar la muestra que tendrá lugar en el Museo del Louvre entre el 29 de marzo y el 25 de junio sobre la Santa Ana de Leonardo. Pero, de momento, la copia permanece en los pasillos del Museo del Prado para que los amantes de la cultura y del arte puedan apreciar en plenitud los trazos que, casi con toda seguridad, dibujó Andrea Salai bajo la dirección de su maestro y también amante, Leonardo.
El principal misterio que rodea a esta copia, además de la autoría de la misma, está en el paisaje de fondo que se puede apreciar. Cuando la obra llegó al
Museo del Prado procedente de las colecciones reales españolas, tan sólo brillaba un fondo negro sin ninguna profundidad, además de una
Lisa Gherardini apagada y sin brillo. Sin embargo,
tras el proceso de restauración se ha conseguido eliminar una densa capa negra de materiales que desvela el gran estado de conservación de la obra, con un profundo colorido en su paisaje y en el mismo rostro de la protagonista -como anticipó
Hechos de Hoy-.