Una copa de vino en la comida o en la cena es una de las recomendaciones habituales que los médicos aconsejan a sus pacientes. Sin embargo, las propiedades del vino van mucho más allá de las conocidas hasta ahora, o al menos eso es lo que revela un estudio elaborado por el Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn).
El equipo de investigadores determinó que tanto el etanol como los polifenoles que forman parte de la composición del vino tinto resultan favorables para la salud al tener efectos positivos sobre las moléculas inflamatorias causantes de algunas enfermedades del sistema circulatorio y cardiovascular.
La importancia de este estudio, publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition, radica en la demostración de que el etanol -alcohol- que forma parte del vino resulta beneficioso para el sistema cardiovascular. Hasta el momento, se conocía que los polifenoles atuaban de forma positiva, pero estos nuevos datos ayudan a comprender que sus efectos se ven respaldados con la presencia del etanol.
El doctor Ramón Estruch, uno de los líderes de la investigación, señaló que el vino tinto posee propiedades antiinflamatorias que sirven para reducir el riesgo de padeer enfermedades cardiovasculares como la ateroesclerosis, caracterizada por la acumulación de grasas en las paredes de las arterias.
El estudio estuvo basado en la observación de 73 pacientes con un gran riesgo cardiovascular y con edades comprendidas entre los 55 y los 75 años. Los resultados obtenidos, después diferenciar a aquellos que consumían entre 1 y 3 copas de vino al día frente a los que no, animaron a los investigadores a asegurar estos efectos positivos del caldo, siempre y cuando sea tinto.